Cultura

La perversión que se vendió como ideal

Allí donde se está completando la fase hacia el socialismo, la influencia de los intelectuales y artistas más activos es insistente.

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En una veintena de días, las declaraciones de Joaquín Sabina y la muerte de Pablo Milanés, me llamaron a escribir sobre el canto de sirenas que es el comunismo y las historias que deja el desencanto.

No es sorpresa que quienes más sufren las políticas intervencionistas sean los pueblos, casualmente no nos llegan las noticias de quienes escapan de los “infiernos capitalistas” sino más bien de los mal llamados “paraísos socialistas”. Lo que sí es sorpresa es que el desvanecimiento en los apoyos a regímenes o al sistema por parte de artistas e intelectuales siempre demore en aparecer. Algunos se contentan con el “mejor tarde que nunca”, nosotros trataremos de desentrañar qué los vincula.

LAS VENAS 

Ya enraizada conceptualmente en Gramsci, la izquierda, y sobre todo la latinoamericana, supo que en la educación y en la cultura está todo lo que necesita para lograr sus objetivos por añadidura.

Convirtiendo las bases de antiguos y olorosos eslóganes en nuevos, el relato acomodaticio sirvió para abrazar todo lo que se encuentra disperso y autopercibidamente explotado. Tal es el caso de Galeano y Las Venas Abiertas, un libro que sirvió a la izquierda latina para diferenciarse de la europea y mostrar así su propio camino de explotación y receta para alcanzar el ideal. Enarbolado por todo caudillo y enseñado en universidades y escuelas, fijaron un relato de lo que sucedía en nuestra región y por qué estábamos como estábamos.

Si hacemos un punteo de quienes han influenciado por medio de estas ideas, sólo llegaremos a la conclusión de que se trata de una ingeniería social en “defensa de explotados” que no fueron invitados a la mesa programática, más bien, han sido persuadidos para que tomen ese programa como propio.

Sin embargo, el libro que influyó en los líderes de los regímenes que aún se sostienen y otros tantos, fue rechazado por su propio autor. Eduardo Galeano reconoció que cuando escribió Las Venas Abiertas “no sabía tanto de economía ni de política”, y uno le reconocerá en mayor o menor medida cierta honestidad intelectual tardía, pero, ¿quién paga los costos de un error intelectual?

DE LA VOZ DE LA REVOLUCIÓN A CRÍTICO DEL RÉGIMEN

Pablo Milanés, fundador de la Nueva Trova, dedicó parte de su repertorio a las ideas de la revolución liderada por Fidel Castro, sin embargo con el paso de los años, su apoyo se fue desvaneciendo.

Milanés en 1966 fue uno de los tantos jóvenes enviados a campos de concentración cubanos destinados a homosexuales, religiosos, artistas e intelectuales díscolos. Renegando por los malos tratos y de haber sido reducido a la condición de servidumbre, sostuvo que nunca recibió disculpas por parte del régimen. Con una perspectiva más “libertaria” y centrada en los derechos del individuo, el cantautor, se fue distanciando de lo acontecido en la isla.

En 1990, luego de la caída de la URSS y de haber sido Diputado de la Asamblea Nacional del Poder Popular (Parlamento), Milanés comenzó a expresar en voz alta sus diferencias con el régimen: “Soy un abanderado de la revolución, no del Gobierno”. Ya en 1992, explicó su cambio respecto de la revolución, el sistema cubano había fracasado y lo denunció: “Estaba defraudado como revolucionario porque insistieron en seguir con un tema que no funcionaba y que no funciona hasta ahora».

TENGO OJOS Y OÍDOS PARA VER LO QUE ESTÁ PASANDO

En los pasados días, Joaquín Sabina, reconoció en la presentación de su documental “Sintiéndolo mucho”, el fracaso feroz del comunismo y que la deriva que sufre la ideología en América Latina le “rompieron el corazón”. Mencionando a las Revoluciones del Siglo XX, alega que todas fracasaron estrepitosamente, aunque tiene su esperanza en la feminista, a la que le asigna el carácter revolucionario para este siglo. Sabina, que en el pasado se encontraba enraizado profundamente con la izquierda, no oculta su descontento con el acontecer de la misma, ya no es tan de izquierda porque “tengo ojos y oídos, y cabeza para ver lo que está pasando, y es muy triste lo que está pasando”.

LAS INFLUENCIAS

Tal como menciona Friedrich Hayek en “Los Intelectuales y el Socialismo”, el socialismo nunca fue un movimiento pensado por los obreros, sino más bien por teóricos en pleno conocimiento de las ideas que le deseaban imprimir a la sociedad. Si hacemos un punteo de quienes han influenciado por medio de estas ideas, sólo llegaremos a la conclusión de que se trata de una ingeniería social en “defensa de explotados” que no fueron invitados a la mesa programática, más bien, han sido persuadidos para que tomen ese programa como propio.

Lo que une a los personajes previamente mencionados y este canto de sirenas que representa el socialismo como modus, no es sólo la historia del desencanto a la que se ven enfrentados por la realidad, sino también a cómo son utilizados con previa autorización para diseminar ideas vacías de profundización al principio, y para convalidar políticas nocivas, al final.

Los intelectuales (en sentido hayekiano) y los artistas, como distribuidores de ideas de segunda mano, no son pensadores originales, ni eruditos ni especialistas. Su rol, de intermediarios en la difusión de ideas, genera una relación simbiótica con los dirigentes. Allí donde se está completando la fase hacia el socialismo, la influencia de los intelectuales y artistas más activos es insistente. Parecido sucede cuando el socialismo está instaurado, las relaciones carnales y el querer pertenecer a la “élite” del otro (intelectual y gobernante) los encuentra sosteniendo lo conquistado.

Lo que une a los personajes previamente mencionados y este canto de sirenas que representa el socialismo como modus, no es sólo la historia del desencanto a la que se ven enfrentados por la realidad, sino también a cómo son utilizados con previa autorización para diseminar ideas vacías de profundización al principio, y para convalidar políticas nocivas, al final. Muchas veces quienes se prestan para ser los intermediarios no tienen intereses propios ni malas intenciones, sino convicciones honestas y buenas intenciones hacia una cercana posición de culto que promete una sociedad distinta y un hombre nuevo. Finalmente, y tarde, el sentido de pertenencia concluye cuando la realidad golpea a la puerta.  

Nadie más que el pueblo paga políticas que ocasionan los intervencionismos. Nadie se hace cargo de los costos resultantes por las difundidas ideas de segunda mano. Sólo la batalla de ideas y la contraposición fáctica pueden frenar la influencia de quienes intentan vender una perversión como ideal.   

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