Política

Turquía, el actor impensado

Estamos frente a una nación que lejos está de mirar exclusivamente su seguridad y problemas internos sino que trae al presente lo que parecieran ser las brasas ardientes de un pan-otomanismo que muchos creían desaparecido.

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Al momento de escribirse este artículo Ankara es, sin dudas, un actor clave en la guerra europea. Quizás después de China es el que más se ha “beneficiado” con la tragedia en curso. Echemos una mirada a esto:

Se ha convertido en un hub gasífero para las exportaciones que saca Rusia y posiblemente se canalizan a algunos países que prefieren no aparecer comprando directamente el fluido a Moscú. Es además el “garante” que permite que los granos ucranianos salgan del Mar Negro en dirección al Bósforo y con ello “alimentar” al norte africano. Mantiene su apoyo militar y político a Arzeibaiyán en su atávica disputa con Armenia y al mismo tiempo lo hace junto a Israel, obturando de alguna forma a Irán que apoya a los armenios, quizás más por su proximidad que por comunión de miradas.

Turquía también ha logrado casi carte blanche en Siria, no solamente para establecer una buffer zone amplísima en ese país, sino para combatir a los kurdos sirios y constituirse sin dudas en “alguien” a quien escuchar el día que la guerra civil siria finalice. Mantiene su presión sobre otro socio de la OTAN, Grecia al tiempo que la buena voluntad de Ankara ha sido cortejada por Bruselas a fin de lograr que Suecia y Finlandia ingresen a la alianza.

Mantiene una relación tirante y, aunque parezca un oxímoron, ambigua con EEUU, a raíz del apoyo que, según Ankara, Washington presta a los kurdos, y Turquía en los hechos asocia a todos los kurdos con los terroristas que operan en territorio turco.

Todo lo mencionado Turquía lo consigue con una inflación altísima, superando críticas políticas de orden interno a Erdogan y mostrando capacidades crecientes de su industria de defensa y una fuerza militar que opera en las multi-dimensiones de la guerra allí donde ellas son desplegadas. ¡Y esto sin que Turquía aspire, en el corto plazo, al menos a ser una potencia nuclear!!

Hoy Turquía ya no mira tanto a Europa, sino a la vastedad de ese imperio que supo tener en Medio Oriente y el norte de África.

El solo hecho de enumerar los aspectos antes señalados nos indica que estamos frente a una nación que lejos está de mirar exclusivamente su seguridad y problemas internos sino que, bien puede decirse, trae al presente lo que parecieran ser las brasas ardientes de un pan-otomanismo que muchos creían desaparecido con el colapso del último Sultán a comienzos del Siglo XX.

Esta Turquía no parece en modo alguno tener relación con aquella que pocas décadas atrás bregaba incansablemente por ser admitida como un miembro de pleno derecho de la Unión Europea. Uno que ya coadyuvaba con el mayor contingente de tropas a la OTAN. Pero que chocaba una y otra vez con la negativa europea. Los turcos eran bien recibidos si había que derramar sangre por Europa, pero no para ser parte de la misma. Ese pequeño temita favoreció la llegada de Erdogan al poder y la ruptura “moderada” si se quiere, aunque parece definitiva con aquella construcción fundamental de Mustapha Kemmal: Una Turquía laica y occidentalizada.

Hoy Turquía ya no mira tanto a Europa, sino a la vastedad de ese imperio que supo tener en Medio Oriente y el norte de África. Seguramente en la convicción que no puede regenerarlo, pero sí quizás constituirse en una referencia para el mundo musulmán como una potencia regional capaz de influenciar entre potencias globales y mantener lazos diversos y hasta puentes entre intereses contrapuestos.

Hoy Turquía no luce amenazante frente al peligro cierto que un Irán con armas nucleares significaría. Pero cuidado, alguna vez los ayatolas serán derrotados y quizás ese viejo país recupere un camino más próximo a la civilización y alejado de la barbarie, aunque en el interregno una guerra civil pueda azotarlo por mucho tiempo. Será allí cuando Turquía asomará en el horizonte disputando quizás con vehemencia “un lugar bajo el sol” en los asuntos del Medio Oriente y del Norte de África. No será un camino fácil para Ankara. Ya está Israel en una posición dominante en Medio Oriente y también lo está la Casa Saudí; mientras que en el África Egipto no olvida que la “hermandad musulmana” ha sido cobijada por Turquía.

Ankara muestra una capacidad de manejar difíciles asuntos estratégicos de manera simultánea con habilidad y con aptitud para “aparecer” mediando en situaciones donde otros, lisa y llanamente, han desaparecido. Hoy son como un malabarista chino manteniendo múltiples platos girando apoyados en palillos y no hay ningún viso de que el equilibrio de uno de ellos peligre.

Ankara muestra una capacidad de manejar difíciles asuntos estratégicos de manera simultánea con habilidad y con aptitud para “aparecer” mediando en situaciones donde otros, lisa y llanamente, han desaparecido. Hoy son como un malabarista chino manteniendo múltiples platos girando apoyados en palillos y no hay ningún viso de que el equilibrio de uno de ellos peligre. Eso habla de sofisticación y profesionalismo. Muy diferente de la chapucería y violencia con la que los ayatolas se manejan en Irán. En esta sofisticación radica a el factor predominante que hace mirar a Ankara con mucha atención. Erdogan no parece liderar una mirada turca propia sino representar a una elite turca que se ha hartado de promesas vanas y quiere desarrollar su propio camino. ¿Será posible dicho adjetivo sin adquirir capacidades nucleares? ¿Observará Jerusalén a Ankara con el mismo recelo con que lo hace hacia Teherán? ¿La, no menos sofisticada, política israelí apostará a un nuevo florecer de su tradicional buena relación con Turquía y sea Ankara un nuevo socio estratégico como hoy Delhi lo es?

Son muchas preguntas, y realmente no tengo respuestas para ellas. Solamente poseo la certeza de que allá, en el Mediterráneo Oriental con un pequeño pie en Europa y otro gigantesco en Asia, Turquía ha decidido volver a jugar fuerte. No será quizás “la Gran Puerta” de siglos pasados, pero no parece que estén dispuestos a jugar en líneas menores nunca más.

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