Política

La Unión Europea toma la vía socialista

La UE actual, no conforme con su nefasta política exterior y su desastrosa política monetaria, se está convirtiendo en un agente promotor de la agenda socialista.

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La Unión Europea (originalmente la Comunidad Europea del Carbón y del Acero) se creó para que no hubiera más guerras entre Francia y Alemania. La misma nació como un espacio de libertad y a las instituciones europeas se les presume un rol de “guardián” de esas libertades. Por eso se promovieron las “cuatro libertades”: libre circulación de personas, mercancías, capitales y servicios dentro la Unión. Por eso, por ejemplo, los países del Este, una vez liberados del yugo comunista, quisieron ser miembros: para que perdure su libertad.

Poco a poco, el espíritu fundacional de un grupo de países independientes que cooperan en distintas materias fue dando paso a la idea de hacer una “unión cada vez más perfecta”: los “Estados Unidos de Europa”. De ahí las ideas para “armonizar”, por caso, la legislación laboral y ciertos impuestos, además de poner en marcha impuestos “europeos” y una política fiscal ejecutada por un Tesoro “europeo” (véase, entre otros, el “Informe de los cinco presidentes”, de 2015).

Esa pulsión centralizadora y unificadora va tomando un creciente carácter socialista. Por ejemplo, pocos meses atrás se alcanzó un acuerdo político entre el Parlamento Europeo y el Consejo para una directiva sobre salarios mínimos. Toda su concepción es socialista y su argumentación, falsa.

Para peor, esa nueva pulsión centralizadora y unificadora va tomando un creciente carácter socialista. Por ejemplo, pocos meses atrás se alcanzó un acuerdo político entre el Parlamento Europeo y el Consejo para una directiva sobre salarios mínimos. Toda su concepción es socialista y su argumentación, falsa. Con esta directiva se pretende que los países informen anualmente a la Comisión, entre otros puntos, sobre la cobertura, forma de establecimiento y proceso negociador del salario mínimo. Busca reforzar el rol de los sindicatos y limitar las excepciones al salario mínimo. Los tres argumentos principales que da la Comisión son que eso ayudaría a una competencia “más justa”, a mejorar la productividad y a reducir la “brecha salarial” (brecha que no existe ni puede existir: de ser cierto que los salarios de las mujeres son un 25% menores, aumentaría la demanda de empleados mujeres y caería la de varones; así, la “brecha”, de haber existido alguna vez, desaparecería).

La guerra en Ucrania desnudó todos los errores que viene cometiendo la euroburocracia. Una política energética ultraecologista, cerrando centrales nucleares y de carbón, que en la práctica supuso ponerse en manos de Rusia. Decisiones que fueron acompañadas por una torpe política exterior, que no previó mecanismos para disuadir a Rusia de agredir a sus vecinos. Al mismo tiempo, la emisión monetaria desbocada del Banco Central Europeo (BCE) es la causa última del estallido inflacionario que asola al continente.

La Comisión Europea, lejos de enmendar sus errores, pretende resolver todos los problemas con nuevas dosis de intervención y mayores impuestos: una intervención masiva en el mercado de la energía, que ya es de los más regulados; impuestos a los beneficios “extraordinarios” (“contribución solidaria”) para financiar subsidios a consumidores; ahorro compulsivo de energía.

La Comisión Europea, lejos de enmendar sus errores, pretende resolver todos los problemas con nuevas dosis de intervención y mayores impuestos.

Mientras, el BCE se muestra perezoso para corregir el estropicio monetario que ha creado: su balance (el tamaño de su activo), de € 8,7 billones, es similar al de la Reserva Federal de EE.UU., cuando la economía norteamericana es un 60% mayor que la de la Eurozona. Mientras la Reserva Federal lo reduce (no reinvierte los bonos en cartera que van venciendo), el BCE sigue reinvirtiendo los títulos que se amortizan; lo hace con un toque intervencionista adicional: compra en mayor medida bonos italianos y españoles porque también quiere limitar las variaciones de las primas de riesgo.

La UE actual, no conforme con su nefasta política exterior y su desastrosa política monetaria, se está convirtiendo en un agente promotor de la agenda socialista, algo opuesto a su espíritu fundacional. A una sociedad aún no recuperada del todo de las consecuencias de la pandemia, se le pide que aguante estóicamente el rebrote inflacionario y, además, que pase algo de frío y apague la TV. Todo para compensar los errores de los euroburócratas eco-friendly. No se me ocurre una forma más eficaz para poner en riesgo la continuidad del gran proyecto de libertad y prosperidad ideado por Konrad Adenauer, Jean Monnet y Robert Schuman.

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