Política

El rechazo del votante norteamericano a la dictadura de la burocracia

Ese empobrecimiento universal es la base anhelada para lograr el objetivo de una sociedad única global, igual, con un partido único, amenazada, con miedo, y sin oportunidades, sueños ni alternativas, salvo el Estado feudal y avasallante.

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La agenda 2030 se posterga un par de años porque los estadounidenses se plantaron contra la estafa de la inflación

Hay algunos síntomas que se empiezan a advertir, en la construcción neomarxista, que mueven a pensar que el Gran Reseteo o la Agenda 2030 ha sufrido algún parate, una demora o al menos un “pido” tras el avance imparable hacia el empobrecimiento universal desatado por el financiamiento del encierro pandémico, estimulado por la ONU y sus apéndices con siglas diversas, piloteados por mediocres burócratas, más el empuje ultrakeynesiano a abandonar toda prudencia presupuestaria y monetaria que ejercieron el FMI, la OMS (¿será un fonema-acrónimo de ominosa?) lo que condujo hasta las puertas de una depresión que fulminará a un sistema de capitales y financiamiento empresario que ya, de por sí, arrastraba un diagnóstico muy complicado. Ello fulminará la creación de empleo y la inversión. Ese empobrecimiento universal es la base anhelada para lograr el objetivo de una sociedad única global, igual, con un partido único, amenazada, con miedo, y sin oportunidades, sueños ni alternativas, salvo el Estado feudal y avasallante. La aspiración de la igualdad de Gini gramsciana, sólo posible en la miseria, y el sueño de algunas religiones, sólo posible también en la miseria.

La Unión Europea, en manos de dictadores, o de dictadoras, para no ofender el género de quienes la conducen, eligió, vaya a saber si coordinadamente o no, copiar simultáneamente todos los criterios e ideologías que llevan a ese mundo gris, y también hacerlo con un formato de desprecio hacia las democracias de cada país, de sus sociedades, de los propios estatutos y tratados, de la independencia de cada Nación y su gente. Es decir, que eligió coartar todo acto de defensa de la libertad y autarquía que supuestamente eran de cuerda soberana de sus socios. Para ello utilizó una sola arma: la dependencia de todos sus miembros del Banco Central Europeo, que ahora se ha adjudicado la misión de proceder al salvamento común mediante su endeudamiento y su emisión. Para resumir, primero, la Unión Europea permitió que cada uno de sus socios infringiera las reglas no solamente de la alianza, sino de la sana economía, y además del tratado de Maastritch, que tenía límites de deuda, déficit y crecimiento, establecidos con precisión alemana, que jamás fueron cumplidos, incumplimientos que, como todas las reglas de la economía seria, acarrean ineludibles costos. Y ahora se hace cargo de esos costos cuando sus socios están de rodillas. También una forma feudal de avasallamiento y sumisión.

Europa eligió la idea de salvar al mundo del calentamiento global, del cambio climático o de cualquier otro invento catastrófico, también una construcción neomarxista, para eliminar la rentabilidad y demonizar la ganancia.

A esa línea, que se llama Estado de Bienestar: una promesa de felicidad digna de alguna historia de H.G.Wells, que siempre termina en dictadura, también siempre termina en pobreza y en esclavitud, Europa eligió agregarle desde hace un par de décadas, la idea de salvar al mundo del calentamiento global, del cambio climático o de cualquier otro invento catastrófico, también una construcción neomarxista para eliminar la rentabilidad y demonizar la ganancia. Esta idea, además de ser muy rentable para quienes la impulsan, tiende a demostrar que los negocios capitalistas son siempre sucios y fatales para la humanidad. Eso hizo que muchos miembros de la monopólica Unión se plegaran a los mandatos de Greenpeace, una organización sin fines de lucro. (la organización, no los dirigentes). Para cumplir con el credo de ese grupo, se desmanteló o se dejó morir por obsolescencia la generación nuclear de energía. Eso no sólo hizo a Europa occidental más dependiente de Rusia en su provisión de gas y de petróleo, sino que retrocedió en la calidad de la energía, que se volvió más sucia que antes. También se cayó en una suerte de infantilismo al abrazar la premisa de que “no se polucionaba” ya que el gas y el petróleo se extraían en otros países. Algo parecido a lo que hizo California, que cerró todas sus usinas de cualquier tipo y decidió comprarle a sus vecinos, hasta que sus vecinos le informaron que no podían venderle más por necesidades propias, lo que la sumió en un par de crisis gravísimas desde 2000.

El proceso de “limpieza energética” continuó cuando se prestó atención, como si se tratase de la palabra de algún experto iluminado, a la indignación planificada de Greta Thunberg que arrojó un berrinche propio de los adolescentes y de su sintomatología sobre los políticos, a quienes desde estrados que no se han otorgado ni a grandes investigadores ni políticos ni filósofos, ni economistas ni expertos a lo largo de la historia, apostrofó a las clases gobernantes por no actuar urgente e inmediatamente para producir energía verde, un concepto abstracto que nadie sabe con precisión qué significa, pero que gatilló la creación de impuestos y restricciones que el viejo (u obsoleto) continente trasladó a un acuerdo mundial, que pretende eliminar, sin aportar ningún sustituto – que se deja librado a la creatividad –  todos los modos conocidos de producción de energía continuada y con potencia fabril suficiente, sin aportar ningún reemplazo, salvo la idea parcial del auto eléctrico, cuyos efectos polucionantes aún no han sido estudiados ni resueltos, fuera de las vagas promesas de algunos fabricantes, que aseguran que encontrarán métodos de reciclados de sus colosales baterías, algo que no se ha logrado hasta hoy ni con las modestas pilas eléctricas. Greta acaba de decir que se equivocó, y que la energía atómica es la más limpia que existe, dejando como ignorantes a quienes condenaron a sus sociedades a la tortura energética. Con justicia.

Dentro del mismo paquete del miedo al cambio climático, que misteriosamente ha reemplazado al anterior miedo al calentamiento global cuando se demostró que no existía, también están los efectos emisores del ganado de cuatro estómagos y hasta de los fitosanitarios, que han permitido producir mejores y más alimentos para una población cuyo crecimiento ya era insostenible cuando Malthus predijo una catástrofe universal alimenticia por simple proyección de ambos factores, que felizmente pudo evitarse gracias a los fitosanitarios, que ahora se intentan eliminar primero conceptualmente al denominarlos peyorativa y deliberadamente agroquímicos, y luego con recargos, impuestos y prohibiciones.

Europa otra vez atacará a su propia población, con aumentos de precios y escasez, además del daño a la sociedad mundial. Deliberadamente ignora que volver a la teoría malthusiana significa también decretar la reducción de la población del planeta, como un nuevo mengelismo.

Europa ha avanzado no solamente en la aplicación de impuestos sobre el consumo de energía de su población, a la que matará (sic) de frío este invierno, sino que ha encarecido todos (sí, todos) los productos manufacturados con su política. También, recientemente, ha decidido sancionar (un término antes sólo reservado a EEUU) a todos los países que no adopten sus prácticas agrícolas y ganaderas, que tampoco son ciertas, pero que permite aumentar el monopolio y su oposición a países como Argentina o Uruguay, que pueden darle lecciones sobre eficiencia, calidad y sanidad en ese tipo de commodities. Otra vez atacará a su propia población, con aumentos de precios y escasez, además del daño a la sociedad mundial. Deliberadamente ignora que volver a la teoría malthusiana significa también decretar la reducción de la población del planeta, como un nuevo mengelismo.

Por supuesto que todo este despropósito sin soporte científico serio, (del otro sobra) choca contra los efectos de la guerra de Rusia y la, fácil de predecir, crisis de energía y alimentos que se produce como consecuencia de la invasión, de la acción rusa y de las sanciones occidentales, un tiro en el pie de toda la humanidad. Al mismo tiempo, paradójicamente, sirve como excusa eficaz para explicarle a los europeos por qué atravesarán varios años de frío y tal vez hambre, al culpar a Rusia por las insensateces a las que se han subordinado por culpa de la acción de la fatal y arrogante burocracia que dijo “Don’t look up” a las consecuencias de lo que estaban haciendo. Eso también ha llevado a situaciones ridículas, dignas de las películas que ridiculizan a los dictadores, como cuando se decidió declarar que el gas es verde hasta el 2025, o a volver a utilizar carbón, que retrotrae a los peores momentos y consecuencias del mundo dickensoniano, en todos los sentidos. O a que se intente subsidiar a los consumidores mediante mecanismos diversos, lo que es un contrasentido económico de primer orden, ya que el mensaje que se manda es que es barato usar energía, con lo que todo el propósito del impuesto, prohibición, tratado y sanciones se esfuma en un segundo.

Como se dijo en otra nota, se ha criticado duramente la idea británica de subsidiar a los consumidores directamente. Pero aún peor es la idea de Von der Leyen de poner un tope a las tarifas que ella misma empuja a la suba haciendo que el costo lo paguen las empresas privadas, lo que no sólo tiene el defecto anterior, de no trasmitir ningún mensaje de ahorro en el consumo, sino el agravante de que intenta sancionar a las energéticas privadas, un doble misilazo sobre el capitalismo.

Al mismo tiempo, Europa acaba de comunicar que impondrá a sus mal llamados socios comerciales todas las restricciones y sanciones que tiene a mano para evitar la producción, utilización, financiamiento o inversiones en cualquier país que no cumpla sus estándares y tratados en todas las commodities, incluyendo no sólo las agrícolas sino las industriales. Un ataque a la humanidad.

No es casual que los medios europeos y Bloomberg, que siempre obedece a estas tendencias, estén insistiendo en la grave pérdida que soportarán los bancos mundiales cuando se apliquen seriamente las restricciones al financiamiento de cualquier empresa que no obedezca a los lineamientos del tratado climático, lo que presagia quiebras masivas, tanto en productoras como en bancos y entidades financieras, situación difícil de no atribuir a un plan deliberado que se cumple cuando nada más se cumple. Inducción planeada.

Una mezcla de ignorancia, oportunismo e irresponsabilidad, que sin embargo resume el caótico estado de Europa, con una suerte de dictadura de opereta que ha perdido todo control y toda sensatez, pero cuyos efectos exporta al mundo.

El domingo el presidente francés anunció que continuará emitiendo para compensar por la inflación a los trabajadores, una decisión suicida para su país, porque refogoneará la inflación, la miseria y destruirá el ya vapuleado concepto del trabajo, aumentando el déficit y la deuda, además de no resolver el problema de la superemisión anterior, como si se diese de tomar agua a un ahogado. Una mezcla de ignorancia, oportunismo e irresponsabilidad, que sin embargo resume el caótico estado de Europa, con una suerte de dictadura de opereta que ha perdido todo control y toda sensatez, pero cuyos efectos exporta al mundo.

La super simplificación hace creer que la reacción negativa de la bolsa en el Reino Unido se debe al mal formulado plan de la Primera Ministra, que ciertamente debió partir de un fuerte recorte de gastos antes de proponer una reducción de impuestos, lo que tampoco habría contado con la anuencia europea, como aquí se dijo, primero porque sería opuesto a lo que la UE está haciendo alegremente, y segundo porque la UE no podría tolerar que el reino tuviese éxito en una política económica sensata. Si de buscar razones se trata, habrá que tener en cuenta que los inversores en la bolsa de Gran Bretaña, sus fondos, sus acciones, sus valores y papeles, enfrentan un grave peligro: el Bank of England ha dicho que a fin de mes da por terminado el “Quantative Easing”, o sea, deja de comprar GILTS con emisión. Los GILTS, o Government Issued Long Term Securities, son más o menos equivalentes a las Treasury Bills americanas. O sea, que el BoE asegura que deja de emitir. Un paso previo a empezar a retirar la emisión excesiva. Otro atisbo de seriedad que la bolsa no puede soportar. Necesita el jubileo de lo que es un auténtico subsidio a inversores y empresas para que siga el jolgorio financiero. Esa, mucho más que el “plan” frustrado de Truss, es la razón de la caída de la bolsa y de la Libra. No muy diferente a la reversión masiva hacia el Bear Market estadounidense, acostumbrado al facilismo financiero de apostar a los índices de empresas y países empachados de inflación previa de deuda. Por supuesto que la interpretación mediática es otra, y el ataque europeo se basa en que UK no quiere convalidar ni naturalizar la suba de impuestos por razones que enseguida se analizarán. En esencia, los inversores también han sido coimeados por el mecanismo emisor estatal de la ganancia fácil. Ya no deben preocuparse por la calidad de los proyectos donde invierten, ni pagar los costos de equivocarse. (La tasa cero perfeccionó la coima). La emisión a pedido les evita esos riesgos, esa tarea y la necesidad de estudiar y arriesgar. También ellos han colaborado a romper el concepto capitalista. Y también corrompiéndose.

Quienquiera se separe de la política energética suicida de la Unión Europea, como pasa ahora con Meloni y su política de independencia gasífera en Italia, será denostado, atacado, ridiculizado, defenestrado, por esa demostración de sensatez. Mientras, China, cuya visión es siempre más larga, ha dicho que “no se apresurará en alcanzar las metas de transición a energía verde”. Seguramente, porque su proverbial milenaria visión le permite notar que aún no existe tal cosa seriamente.

Esa disconformidad popular hizo cambiar de un plumazo la política monetaria. Basta repasar las noticias de los últimos meses para notar el “volantazo”. De la mentira inicial de Yellen sobre la temporalidad de la inflación, y de la tolerancia y pasividad de la FED, se pasó a una acción sostenida y contundente que aumenta la tasa de interés con firmeza y continuidad, una ortodoxia insospechada. Esa línea se mantuvo y se mantiene con empeño, pese a la crítica periodística, siempre parcial, y pese a la destrucción de riqueza que  produjo, merecida destrucción luego de tanta mano suelta de varios años que colaboró a fabricar muchos billonarios que no tomaron riesgo alguno ni debieron hacer grandes esfuerzos mentales para apostar al subsidio estatal que implicaba la emisión y la descontada tolerancia estatal, (el famoso Moral Hazard en su apogeo) y que culminó con la destrucción monetaria masiva de la emisión pandémica.

Pero falta en el análisis el accionar de Estados Unidos, que pasó de la posición de Trump, de despreciar el tratado climático-energético, a utilizarlo como otra arma de proteccionismo. Sus políticas y planes, desde la llegada de Biden y sus hypolitas, se han ido acercando a las europeas, con todas las consecuencias inherentes. La campaña pro-emisión keynesiana-marxista global fue encabezada por su secretaria del Tesoro, Janet Yellen, por la FED y por los organismos donde el aporte americano es mayoritario, como el FMI. También las sanciones contra Rusia pegaron duramente en su costo de vida. La inflación, que originalmente se dijo que duraría un instante, se ha empezado a tornar sistémica, algo de lo que no hay razón para sorprenderse a poco que se lea un manual elemental de economía. Pero cuando parecía que la primera potencia del mundo se plegaría a la política de licuación y destrucción del capitalismo y la reducción de la población mundial que preconizan Gates & Friends y que la UE sigue al pie de la letra, los gobernadores, los legisladores y las estructuras del partido demócrata de los distintos estados norteamericanos le han expresado al agobiado presidente Biden su profunda preocupación por el castigo popular que sufrirán en las próximas elecciones de medio término.

Cuando parecía que la primera potencia del mundo se plegaría a la política de licuación y destrucción del capitalismo y la reducción de la población mundial, las estructuras del partido demócrata de los distintos estados norteamericanos le han expresado al agobiado presidente Biden su profunda preocupación por el castigo popular que sufrirán en las próximas elecciones de medio término

Sintomáticamente, las críticas que mereció en los artículos de Bloomberg y otras publicaciones demócratas el apretón de la FED, son similares a las que se escuchan sobre UK e Italia. El votante americano no quiere inflación, se le desarma su vida con la inflación, sus planes de retiro, como ocurre ahora en Nueva Zelanda, su futuro. Entonces, como la FED no es independiente, se la instruye para que luche contra la inflación. Habrá que ver si se mantiene en esa línea si aumenta el índice de desempleo (hoy ridículamente bajo para los estándares de eficiencia norteamericanos) lo que pondría en evidencia el contrasentido del doble mandato de mantener el empleo y el valor del dólar que tiene por estatuto y decisión del Congreso la FED, que la ortodoxia económica dice que son variables opuestas, salvo que se aplique la mentirosa y desprestigiada curva de Philips, que usa el keynesianismo, la FED y el Partido Demócrata para justificar lo imposible. Cualquier texto tanto de la escuela Austríaca como la de Chicago explicará ese contrasentido. También habrá que ver si se mantiene el plan de “tampering” o programa de retiro del mercado del dinero emitido de más, mediante la reventa de las Treasury Bills que se emitieron para permitir esa emisión. O se acelera, como debería ser el próximo paso.

Pero por ahora, Estados Unidos se está despegando de Europa. No es casual que el FMI y la propia FED, ahora hayan empezado a sostener en sus comunicados que no tiene sentido aflojar la política fiscal mientras se endurece la política monetaria. Un mensaje que no se decodifica ni se difunde en Argentina, demasiado atareada en su fracaso. Esta posición del FMI quiere decir que los países deberán parar su emisión y antes su gasto. Y algo más. El impuesto, que para muchas de las hypolitas demócratas norteamericana como para Ursula von der Leyen, era no sólo posible sino obligatorio, no es el mecanismo para bajar el déficit, sino la baja del gasto. Basta leer las comunicaciones recientes para encontrar el claro mensaje.

No es casual que el FMI y la propia FED, ahora hayan empezado a sostener en sus comunicados que no tiene sentido aflojar la política fiscal mientras se endurece la política monetaria. Un mensaje que no se decodifica ni se difunde en Argentina, demasiado atareada en su fracaso.

Y aquí cabe una reflexión. Normalmente se predica no aumentar los impuestos ni crear nuevos por el evidente efecto de desestímulo a la inversión y al emprendimiento que eso conlleva. Por eso el socialismo con sus mil cabezas viró hacía impuestos que supuestamente gravan la riqueza ociosa. (Cuando el socialismo habla de algo ocioso, de inmediato sigue la confiscación. Ver el caso de las propiedades en la Capital Federal) Eso implica gabelas sobre el patrimonio, la herencia, y otros peces fáciles en la gran pecera impositiva donde pesca la burocracia. Además de que ese razonamiento es falso doblemente, e inconstitucional muchas veces, en el caso de la inflación que se ha generalizado y que se agrava con la emisión pandémica y con las sanciones bélicas que caen sobre las propias cabezas como bombas-boomerang, intentar compensar los efectos inflacionarios con más impuestos produce un mayor efecto inflacionario. Por un lado, porque desestimula la inversión, lo que justamente impide aumentar la producción, lo que aliviaría el impacto de la emisión. Y si se aplicasen impuestos sobre patrimonios o ahorros, se estaría creando el mismo efecto inflacionario que con la emisión, ya que no se estaría reemplazando un gasto por otro, sino directamente agregando circulante al mercado. (En otra nota se explicará el efecto sustitutivo negativo de cualquier impuesto a la clase media que se redistribuye a la clase baja por decreto)

Eso está colaborando a restaurar una cuota de sensatez en el mundo de influencia norteamericana, que ha vuelto a darle importancia al equilibrio fiscal por el lado del gasto o al menos a la intención de lograrlo. Además, repartir subsidios por no trabajar no parece ser la solución para la crisis de empleo mundial, que ha pasado de ser originada por una reducción de la demanda a ser creada por una reducción de la oferta, peligrosa de fomentar pagando por no hacer nada.

Repartir subsidios por no trabajar no parece ser la solución para la crisis de empleo mundial, que ha pasado de ser originada por una reducción de la demanda a ser creada por una reducción de la oferta, peligrosa de fomentar pagando por no hacer nada.

Acaso por eso, la pérdida de trillones de dólares en la Bolsa estadounidense, la terrible crítica catastrófica y amenazante de los medios financieros partidistas o pautados, no ha hecho temblar la mano de la FED.  Al menos hasta ahora. De modo que mal harían quienes apostaran livianamente a un jubileo mundial que implique un barajar y dar de nuevo. No habrá qué dar. Si Europa sigue en esa línea, terminará inexorablemente en la miseria. Aplicará nuevos impuestos, al patrimonio, a la herencia, a las familias llamadas ricas, a la famosa riqueza ociosa, a la ganancia extraordinaria, a la ganancia bélica, a cualquiera y a cualquier cosa que asome la cabeza. Además de los efectos negativos sobre los que advierte la economía clásica y el sentido común, se agotarán rápidamente los peces de la pecera, se acabará lo que hay para repartir y quedará sólo la miseria, y los discursos altivos de Ursula Von der Leyen, la monarca sin corona de Europa. No parece que eso se pueda revertir, de modo que si le queda algún museo por visitar hágalo ya, antes de que el activismo de sopa de tomates lo destruya, o los cuadros se vendan a algún millonario ruso o chino, o algún político coleccionista, sin ánimo de aludir a ningún sindicalista nacional y popular.

En cuanto a Estados Unidos y su área de influencia, por ahora parece haberse postergado preventivamente el Gran Reseteo un par de años. Una suerte de agenda 2032 si se le quiere llamar de algún modo.

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