Política

Bullmarket Imaginario vs Preferencias Temporales Puras

Los consumidores argentinos actúan como aquellos cazadores de la sabana africana de hace decenas de miles de años: viven el presente, porque saben que el futuro es absolutamente incierto.

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Miles de años antes de la era cristiana, una banda de cazadores agazapados entre el pastizal de la sabana africana, observa a una manada de antílopes. Cuando uno de los animales se acerca, se abalanzan sobre él, lo matan, carnean y comienzan a devorarlo ahí mismo.

Esos cazadores no evaluaron la posibilidad de esperar a que se acerque otro antílope más grande, no consideraron que quizás podrían esperar unas horas más, apostarse cerca de una aguada y matar a varios de esos animales todos juntos, comer a algunos ahí y luego llevar otros para conservarlos y/o compartirlos con el resto del grupo que estaba esperando en su zona de acampe. Los cazadores solo buscaban sobrevivir; vivir el momento. El incierto mañana no les incitaba a planificar sus acciones sobre un horizonte temporal definido. Todo era presente.

Hoy, en 2022, cualquier fin de semana, restaurantes y bares están rebosantes de gente. Los artistas internacionales que hacen paradas en Buenos Aires en sus giras, agotan las entradas para sus conciertos en pocas horas. Durante los fines de semanas largos, la capacidad hotelera en los centros turísticos está colmada. Al recorrerse las tiendas en cualquier calle comercial o en los centros de compras, se observa que su mayoría están llenas de clientes.

“Todas las experiencias enseñan que un disfrute presente o en un futuro próximo suele parecer más importante a los hombres que uno de igual intensidad en un momento más remoto del futuro”

Estos consumidores de servicios gastronómicos, turísticos o artísticos, esos compradores de todo tipo de bienes de uso, todos ellos actúan, a su modo, como aquellos cazadores de la sabana africana de hace decenas de miles de años: viven el presente, porque saben que el futuro es absolutamente incierto.

La preferencia temporal por el presente tiene un motivo evolutivo: los hombres prehistóricos no tenían que pensar en el futuro lejano, puesto que las amenazas eran muchas y la esperanza de vida baja; por ende, cazaban y comían sin más, sin sopesar otras posibilidades (esperar una pieza de mayor tamaño, conservar la carne, etc.). El cerebro humano se desarrolló, a lo largo de miles de generaciones, con el objetivo temporal de maximización de la tasa de recompensa inmediata. El ahora por sobre el mañana.

Fisiológicamente, la recompensa inmediata activa el sistema límbico, que es el que capta y genera respuestas emocionales e instintivas (“Ah, viene Coldplay; voy a comprar una entrada”; “Me dijeron que tal parrilla es buena, vamos el sábado próximo; después vemos cómo pagamos la ortodoncia del nene”). El sistema límbico se ubica, precisamente, en las partes más antiguas del cerebro. En contrapartida, cuando el hombre toma una decisión que involucra algún tipo de planificación a largo plazo, se activan los lóbulos frontales, desarrollando un pensamiento racional, el cual se desenvuelve en los lóbulos frontales del cerebro, correspondientes a la parte del mismo más modernamente desarrollada.

Toda toma de decisión humana activa el sistema límbico o los lóbulos frontales, y en general, predomina el primero por sobre el segundo. Es decir: predomina la preferencia temporal por el presente. De ahí que, como caracterizó Loewenstein, gran parte de las decisiones que toma el hombre día a día tengan “motivaciones viscerales”.

Esa noción de “motivaciones viscerales” remite a lo que Carl Menger sostenía en relación a la preferencia temporal por el presente: si la vida del hombre depende de la satisfacción de determinadas necesidades, la garantía de satisfacción de las más urgentes se sobrepone a la de conseguir la satisfacción de las menos urgentes. Y agregaba: “Todas las experiencias enseñan que un disfrute presente o en un futuro próximo suele parecer más importante a los hombres que uno de igual intensidad en un momento más remoto del futuro”.

Las preferencias temporales (expresión intercambiable con las nociones de descuento inter-temporal y de descuento hiperbólico) condicionan cada decisión y cada aspecto de la vida humana. Básicamente, es la tendencia (sesgo de comportamiento) a elegir recompensas inmediatas (aunque sean pequeñas) antes que tardías (aunque sean mayores). Es la preferencia del ahora sobre el futuro.

El descuento hiperbólico afecta a las decisiones económicas que toma el hombre, pero también a otra multitud de decisiones de la vida cotidiana, sean laborales, de salud, de relacionamiento, de formación intelectual, etc. De hecho, la preeminencia de este sesgo de comportamiento es ampliamente analizado en estudios centrados en adicciones. Es un sesgo omnipresente en el hombre (dado su origen, tal como se señaló), que tiene la capacidad de moldear comportamientos en los que se da preeminencia al presente por sobre el futuro.

La noción de descuento inter-temporal nace de la observación de la toma de decisiones a lo largo de un horizonte temporal dado, cuando los costos y los beneficios ocurren en diferentes puntos de esa línea de tiempo. Se relaciona al valor que asignamos a un evento (resultado) futuro para “traerlo” al análisis en el presente. Es decir, cuando analizamos aquel evento futuro desde la perspectiva del presente.

El por qué y el cómo el hombre genera determinadas preferencias temporales es objeto de análisis económico desde hace décadas. La modelización realizada por Samuelson en la década de 1930 fue la que predominó (y aún lo hace en muchos ámbitos), sosteniendo que la mayoría de las personas está dispuesta a sacrificar mayores beneficios futuros con tal de conseguir beneficios inmediatos.

El modelo de Samuelson se basa en el supuesto de que el hombre toma decisiones considerando todas las opciones posibles en cada momento, a la par que tales decisiones son independientes de sus cursos de acción pasados o de los que seguirá en el futuro, siendo su tasa de descuento constante. Sin embargo, a partir de la década de 1970, y con mayor énfasis en las dos siguientes, esos supuestos fueron puestos en cuestión, dándose paso a una visión que se denominó genéricamente “teoría de las perspectivas”, desarrollada a partir de los trabajos de Kahneman y Tversky. En ella se sostiene que las decisiones de consumo presente dependerán del valor subjetivo que se otorgue a ese consumo (o resultado esperado), y también dependerá del punto de referencia ligado a la decisión: cuanto más lejos esté en el tiempo ese resultado, más abstracta será su interpretación (valoración). Y la aplicación del análisis derivado de esa teoría es categórico: el paso del tiempo provoca que se desprecie el valor de la recompensa.

En el descuento hiperbólico, la tasa de descuento disminuye a medida que el evento/recompensa se aleja en el tiempo: es decir, las cosas más cercanas en el tiempo se descuentan a una tasa mayor que las más alejadas en el tiempo. En otras palabras: el hombre da más valor a un resultado (ganancia o pérdida) cercano en el tiempo, y un menor valor si se diera más alejado en el tiempo.

Y no sólo eso, sino que la perspectiva temporal genera un alejamiento de la decisión óptima desde la objetividad analítica; tal como demostraron decenas de experimentos de Kahneman, Thaler y otros investigadores, más gente preferiría recibir hoy $ 100, antes que $ 110 mañana, a la par que menos gente preferiría recibir $ 100 dentro de 30 días respecto de la que aceptaría recibir $ 110 dentro de 31 días. Como se observa, se genera un “efecto reversión”, que es el conflicto entre lo que es óptimo desde una perspectiva del presente y lo que es óptimo desde una perspectiva del futuro.

El descuento inter-temporal de la función de valor implica una estimación de riesgos: mientras más distante en el tiempo esté una recompensa, mayor probabilidad de ocurra algo que impida obtenerla, o suceda algo que disminuya el valor intrínseco de ella. Por lo tanto, esa estimación de riesgos conduce a una preferencia por el presente. Un claro ejemplo de ello es la consideración de decisiones de gastos en contextos inflacionarios: ¿gastar ahora, en el presente, o ahorrar para un futuro, bajo el riesgo de que el valor real de la moneda se deteriore por el proceso inflacionario? Esa evaluación conduce a acelerar el gasto (a confirmar el sesgo hacia el presente), lo cual lleva a algunos analistas a confundir velocidad de circulación del dinero con dinamismo económico sostenible. Dicha velocidad de circulación (gastar ahora para que no se desvalorice el dinero en el futuro) es incompatible con dos pilares del crecimiento económico: la inversión y el ahorro, estrechamente relacionados entre sí. Sin inversión y sin ahorro no hay bases sostenibles para el crecimiento, sino sólo gasto alocado.

Más de tres décadas de investigaciones vienen demostrando que las personas que viven en situación de pobreza desarrollan descuentos temporales mayores, lo cual inhibe la toma de decisiones de ahorro o incluso de inversión de mediano y largo plazo, perpetuándose así el círculo vicioso de la pobreza.

Frente a unas perspectivas de muy difícil acceso a una vivienda en propiedad a través del ahorro mensual, o casi imposible acceso al crédito hipotecario (por carencia de oferta o por los riesgos asociados a las variaciones en el valor de sus cuotas mensuales), la población que promedia las cuatro décadas de vida se pregunta y responde: “ahorrando de mi sueldo, podré comprar una vivienda? No. ¿Ese eventual ahorro que pudiera hacer mensualmente, me alcanzaría para pagar la cuota mensual de un automóvil 0 km? Sí.” Y como resultado de esas preguntas plenamente válidas, son miles las familias sin vivienda propia, pero con automóviles último modelo.

Asímismo, frente a las perspectivas de un sistema jubilatorio que es saqueado desde hace décadas, y con cuyos recursos se pagan subsidios y dádivas de distinto tipo, dando lugar a que los haberes pagaderos a los beneficiarios por derecho de dicho sistema sean paupérrimos, el individuo analiza, en el contexto de un sistema de aportes coercitivo, como el nacional: “ahorro para mi vejez, cuando cobraré una jubilación paupérrima, o gasto y disfruto el momento?” Claramente, opta por lo segundo. Tal como lo muestra el clásico estudio de Pennings y Garcia, cuando no hay maximización posible en el largo plazo, la preferencia temporal por el presente es inevitable.

Las preferencias inter-temporales de los individuos, por efecto de agregación, afectan a la economía en sentido general. Más de tres décadas de investigaciones vienen demostrando que las personas que viven en situación de pobreza desarrollan descuentos temporales mayores, lo cual inhibe la toma de decisiones de ahorro o incluso de inversión de mediano y largo plazo, perpetuándose así el círculo vicioso de la pobreza.

El objetivo último del accionar humano es maximizar la tasa de recompensa, por lo cual se da más peso al presente que al futuro, de ahí el descuento hiperbólico mencionado. El hombre entiende perfectamente las consecuencias de su razonamiento y de sus acciones, y por ello actúa de manera óptima dentro de las restricciones impuestas y que anticipa por su función de descuento.

Es un sesgo omnipresente en el hombre (dado su origen, tal como se señaló), que tiene la capacidad de moldear comportamientos en los que se da preeminencia al presente por sobre el futuro.

En la perspectiva tradicional de la decisión racional, los agentes actúan de modo tal de maximizar sus utilidades, en el contexto de un conjunto estable de preferencias, tal como modelizó Samuelson, según se indicó. Esa racionalidad no implica ni una función de utilidad específica ni un conjunto de preferencias también específicas; sólo indica que las preferencias son sistemáticamente establecidas a partir de una función de utilidad idiosincrásica. Siendo así, ¿qué hace irracional a un individuo que guía sus decisiones de acuerdo a su función de descuento hiperbólico? Nada.

Ese individuo, en definitiva, está fijando un conjunto de preferencias (consumir/gastar/obtener un resultado hoy) de acuerdo con una función de utilidad, y tomando decisiones que, evaluadas a la luz de dicha función, maximizan sus utilidades.

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