Política

La vigencia de las oligarquías reinantes

Una lucha descarnada contra el paternalismo y el intervencionismo, sin miedo a meterse con las vacas sagradas del imaginario socialdemócrata y sin sacarle el cuerpo a los temas más ríspidos, incluyendo a la bioética.

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Casi un cuarto de siglo atrás Alberto Benegas Lynch (h) escribía “Las oligarquías reinantes. Discurso sobre el doble discurso” (Atlántida, Buenos Aires, 1999), un libro que presagiaba lo que hoy llamamos: La batalla cultural. El libro es un paciente recorrido por el pensamiento liberal repleto de fundamentos, hojas de ruta y análisis basados en la libertad como criterio moral y práctico, con una vigencia y anticipación, en el planteo de cada problemática, que habla tanto bien del autor como mal de la sociedad actual. El recorrido de sus capítulos es también una alarma permanente por los lugares comunes desde donde la libertad es atacada. Dueño de una pluma filosa y una incorrección política que data de muchas batallas, BL no duda en sentenciar: “Y cuando usemos nuestros escasísimos conocimientos para poner un grano de arena en la esperanza de que se comprenda mejor el significado y la enorme trascendencia del respeto irrestricto a los proyectos de vida de cada persona, no caigamos en la trampa de presentar medidas que coarten libertades desde otros ángulos”

El gran Jean-François Revel prologa la obra levantando el guante de la provocación que comete Benegas Lynch al nombrar a las “oligarquías” en el título del libro. Dice Revel: “la imbricación de poder económico y de poder político es la principal fuente de corrupción en el mundo. Es por eso que la separación de la economía y el Estado es incluso más importante todavía que la separación entre la Iglesia y el Estado. Lo privado sin el mercado es tan catastrófico como la economía socialista”. Todos los capítulos son didácticos, con anécdotas de vida, ejemplos y citas acerca de las razones del pensamiento liberal. Benegas Lynch sostiene la necesidad de fundamentar los principios éticos y los valores que lo llevan a consolidar su máxima, esa que Javier Milei convirtió en rezo laico: “El liberalismo es el respeto irrestricto del proyecto de vida del prójimo bajo el principio de no agresión y defendiendo el derecho a la vida, a la libertad y a la propiedad”. 

Su trabajo muestra también una lucha descarnada contra el paternalismo y el intervencionismo, sin miedo a meterse con las vacas sagradas del imaginario socialdemócrata y sin sacarle el cuerpo a los temas más ríspidos, incluyendo a la bioética. Por eso no considera a ningúna “oligarquía”, beneficiaria de ese sistema social, inocente: se mete con empresarios, con políticos, con sacerdotes, con militares y con intelectuales.

Del cinismo de los empresaurios

Benegas Lynch hace un especial hincapié en lo inútil, además de inmoral, del proteccionismo. Debate de impactante actualidad, el autor desmenuza el despropósito de los aranceles y el contubernio entre empresarios y políticos:

“Todo arancel siempre se traduce en menor actividad económica local, menor cantidad de bienes disponibles y, por ende, un nivel de vida inferior debido a la mala asignación de los escasos recursos productivos. Tengamos en cuenta que el factor determinante del nivel de ingresos y salarios reales es la estructura de capital. Eso es lo que explica que en algunos países los salarios resulten mayores que en otros. No es el resultado de decretos voluntaristas ni de acciones sindicales más o menos violentas lo que hace a la gente más rica, sino la inversión per cápita”

El drama de la drogadicción enfrentado sin atajos

Benegas Lynch ofrece más de una docena de razones con las que defiende la necesidad de liberar el consumo de las drogas, mostrando incluso su propio cambio de postura respecto de este tema. Su guía es la responsabilidad individual como herramienta fundamental del ideario liberal. Para BL las consecuencias de la “prohibición” son evidentes: mercado negro, desprotección de menores, marginalidad, prohibiciones que invaden el ámbito privado, corrupción, costo de la “guerra” contra la droga, lavado de dinero.

“Ludwig von Mises en su tratado de economía de 1949 dice con razón que «El opio y la morfina son ciertamente drogas nocivas que generan hábitos viciosos. Ahora bien, una vez admitido el principio de que compete al gobernante proteger al individuo contra su propia necedad, no cabe oponer ya objeciones serias a ninguna intervención estatal ulterior». En este sentido no sólo se refiere al alcohol y al cigarrillo sino que dice que ya que resultan más peligrosos los daños que el hombre se inflige a su mente que a su cuerpo, en esta línea argumental el estado debería ocuparse de impedirle que lea «libros perniciosos y que presencie detestables representaciones teatrales, que contemple pinturas y esculturas reñidas con la estética y que oiga música horrible». Mises resume su posición enfatizando el hecho de que esta visión de las cosas conduce a que el aparato de la fuerza se oponga a que se tenga acceso a ideas nocivas «sin duda, mucho más perniciosas, tanto para el individuo como para la colectividad, que todas las que pudieran derivarse del uso de drogas y narcóticos»”

¿Por qué lo que tenemos hoy es des-educación?

El autor ataca directamente el problema de los programas de estudio estatales: un sistema estatal de educación implica derroche, desplazamiento arbitrario de ahorros, merma de la competencia, burocracia, aplanamiento de las ambiciones, y es un atentado a la libertad que el Estado fije los criterios, programas y modalidades de la educación.

“Ya hemos dicho en otras oportunidades que no es excusa suficiente el alegar «igualdad de oportunidades» para la intervención gubernamental en la educación, puesto que ésta no sólo no se logra sino que se terminan disminuyendo las oportunidades de los más carenciados. No se logra porque necesariamente se debe conculcar el principio de la igualdad de derechos (a veces denominado igualdad ante la ley) y al proceder de esta manera se disminuye el nivel de vida debido a que estas arbitrariedades consumen capital. Igualdad de oportunidades e igualdad ante la ley son dos conceptos mutuamente excluyentes. Si se enfrenta un lisiado con un atleta en un partido de tenis, para otorgarles igualdad de oportunidades habrá que maniatar al atleta con lo cual se habrá conculcado su derecho. En una sociedad libre de lo que se trata es de que la gente tenga más oportunidades pero no iguales. La igualdad entonces es ante la ley, no mediante ella”

La tragedia del buenismo distribucionista 

La impronta del Papa Francismo en la narrativa global socialistoide no existía cuando BL escribió el libro, sin embargo la problemática del discurso pobrista e intervencionista ya estaba haciendo estragos. Con notable anticipación BL expone temas económicos básicos que hoy parecen olvidados:

La propiedad común no genera incentivos.

El valor imprescindible de los precios de mercado 

Los precios máximos generan desabastecimiento

La reforma agraria siempre ha fracasado

La especulación es inherente a toda acción humana

El futuro es siempre incierto.

La caridad sólo puede asociarse a la libertad y si es compulsiva entonces ya no es caridad.

El redistribucionismo desincentiva 

La eficiencia en el ahorro mejora las condiciones de vida para todos.

La competencia siempre es buena

“Afirmar que la pobreza es una virtud conduce a dos conclusiones. La primera es que resulta contradictorio cuando simultáneamente se hacen llamamientos a la caridad puesto que, de llevarse a cabo, se estaría condenando a los pobres ya que con ese procedimiento se los sacaría de tal situación. Más bien, para ser consistentes, habría que hacer la apología de las hambrunas, las pestes y la miseria. En segundo lugar si «la Iglesia es de los pobres» sus representantes debieran dedicarse exclusivamente a los ricos ya que los primeros estarían salvados”

¿Militar o delincuente?

Capítulo especialmente polémico de Benegas Lynch, en obvia referencia a la última dictadura. Critica con vehemencia los procedimientos ilegales explicando que lo que constituyó una victoria militar culminó en una derrota brutal en el aspecto moral.

Enfrentando a la fiscalidad ruinosa

El pernicioso entramado de gasto público, desequilibrios fiscales, presión tributaria y endeudamiento público son un drama que ocupa a BL. La necesidad de cubrir gastos conspira contra la acumulación de capital y la inversión y este diagnóstico de casi un cuarto de siglo es el drama que hoy mismo hunde a la Argentina:

“En cuanto a las eternas debacles fiscales, éstas se deben a la prepotencia de gobernantes con marcadas vocaciones autocráticas. Piensan que las haciendas de los gobernados les pertenecen. Consideran que son sus súbditos. Tratan a los que viven en su jurisdicción como si formaran parte de un inmenso limonero que hay que exprimir al máximo, sin matar la planta para que siga dando jugo. No hay necesidad de ser muy perspicaz para darse cuenta que este trato está a años-luz de lo que significa el respeto más elemental”

La parodia del siglo: pobreza y ayuda internacional

En este capítulo BL avanza contra las instituciones destinadas a financiar aventuras económicas de los países como el nuestro, financiación que sólo ha resultado en mayores niveles de pobreza, clientelismo y corrupción. Para BL la ayuda internacional permite el despilfarro y no genera condiciones de crecimiento. Sobre su opinión del accionar del FMI se puede ver este video que realizamos juntos. Para BL las oligarquías reinantes se sostienen gracias a las famosas ayudas internacionales que terminan endeudando a las naciones.

La corporación sindical al desnudo

Benegas Lynch distingue al poder sindical de los sindicatos como asociaciones libres, ya que estos últimos pueden resultar sumamente útiles a sus afiliados mediante mecanismos de ayuda mutua o asistencia médica. Pero denuncia a la corporación sindical, a la afiliación obligatoria y el aporte coercitivo. La evolución del corporativismo sindical en Argentina en los últimos años confirma la percepción del autor al citarlo como una de las oligarquías dueñas del poder fáctico.

En defensa de la justicia independiente

Desvela al autor la necesidad de una justicia independiente como custodia de las libertades individuales. Esta cuestión demanda el reconocimiento de una ley por encima de la positiva y que los órganos de la justicia actúen con completa independencia del resto de los poderes:

“La politización de la justicia equivale a su destrucción. Someter al poder judicial a los avatares cotidianos de la política le resta la necesaria independencia”

Hablando de libros y de Alberto Benegas Lynch (h), hace pocos meses participé de un libro en su homenaje que se llamó: “Al Maestro”. Mi capítulo en particular se llamó: “ESPEJO DE PRÍNCIPES” y hacía alusión al género que utilizaban los eruditos, intelectuales y educadores, siglos atrás, para instruir a los futuros soberanos en las diversas artes de gobierno. Considero, y el libro “Las oligarquías reinantes. Discurso sobre el doble discurso” lo confirma, que el trabajo de Alberto de todos estos años es un extenso y meticuloso Espejo de Príncipes destinado a dar esa batalla cultural como espada de la libertad. Un trabajo pertinaz por llevar el liberalismo a quienes, soberanos de su propia libertad, demanden de argumentación y reflexión para su defensa frente a los ataques cotidianos. Las oligarquías reinantes es un libro, hoy, aún más necesario que cuando se escribió, porque como decía Revel:

“La obra se despliega en un plano triple. En primer término, la descripción de la creciente confiscación que realiza el poder y, paradójicamente, en nombre de la democracia, por profesionales de la política. Es luego la puesta en evidencia del lenguaje engañoso o «doble discurso», inventado por una minoría dominante para disimular su malversación del poder en beneficio propio y para hacer creer que es fiel a su misión teórica de representación de los ciudadanos. Es, por último, un libro que satiriza cuyo brío literario llenará de gozo al lector”

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