Sociedad

Cuando la libertad mata a LA LIBERTAD

Todos esos fallos y otros tratan de algo mucho más importante: la LIBERTAD. Y no como refugio sino como manifestación íntima y vocacional de los seres humanos, un deseo largamente desarrollado y esforzadamente construido

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El doctor Samuel Johnson decía que el patriotismo era una conducta nutrida por el amor a la Patria. Pero, siendo un hombre perspicaz e inteligente, supo reconocer que esa conducta podía ejecutarse falsamente bajo otras motivaciones, por lo que sentenció que “El patriotismo es el último refugio de los canallas”. Johnson era un hombre del Siglo XVIII y no podía vislumbrar que su sentencia se extendería a otros “refugios” siempre llenos de canallas.

Recordé a este famoso escritor al leer sobre la sentencia de la Corte Suprema de Justicia de los EEUU que derogó el fallo Roe vs. Wade que otorgaba protección constitucional a la mujer embarazada que deseaba abortar. Sin que nadie pudiera sorprenderse, aparecieron “refugiados” de toda laya en pro y contra de la resolución. Refugios como el Conservadurismo, el Liberalismo, la Religión y hasta le etnia afroamericana del juez fueron base de apoyo para que canallas se atacasen mutuamente sobre si se “puede o no abortar”. Sin embargo, sin importar lo que cada uno opine sobre el aborto, no está allí el centro de la cuestión. Pero veamos un poco más el fallo y lo dicho por los jueces fuera de él.

La LIBERTAD verdadera actúa en coherencia con la sociedad en la que se desarrolla. No alcanza con otorgar una Libertad si no se la acompaña con el aparato social, político y legal que la pueda sostener, y cuyo principal ingrediente será la aceptación y tolerancia que pueda sostener la convivencia social.

La sentencia gira alrededor de la XIV Enmienda Constitucional de 1866 que trata sobre la protección igualitaria ante la ley a todas las personas, lo que implica el libre ejercicio de sus derechos dentro de la ley. El voto mayoritario resolvió que esa protección no alcanzaba a la decisión de una persona a abortar, contrariamente a los sostenido por el fallo Roe de 1973. Ese fallo decía que la mayoría de las leyes contra el aborto en los Estados Unidos violaban el derecho constitucional a la privacidad bajo la cláusula del debido proceso de la XIV enmienda. El fallo actual Dobbs vs. Jackson sostiene que la Constitución no hace ninguna referencia al aborto y ninguno de sus artículos protege implícitamente este derecho.

La puesta en duda de la amplitud de la XIV liberó la pluma de los jueces, algunos por prudencia y otro por verborragia excesiva. Los jueces Samuel A. Alito Jr.  y Brett M. Kavanaugh, a favor del fallo, se apresuraron a explicar que la decisión que pone fin al derecho constitucional al aborto no pone en peligro otros derechos no enumerados que la corte ha reconocido. Alito señaló que tal supuesto parece “diseñado para avivar el temor infundado de que nuestra decisión pondrá en peligro esos otros derechos”. Pero el voto del juez Clarence Thomas desmiente estas prevenciones.

Thomas dice que el aborto es un caso impar y que “ninguna de las partes nos ha pedido que decidamos si toda nuestra jurisprudencia de la Decimocuarta Enmienda debe ser preservada o revisada”. Por lo que afirmó que no debe entenderse que la sentencia pone en duda los precedentes que no se refieren al aborto. Sí, pero, siempre hay un “pero”.  Agrega que “…Por esa razón, en casos futuros, debemos reconsiderar todos los precedentes sustantivos del debido proceso de este Tribunal…Debido a que cualquier decisión sustantiva del debido proceso es ‘demostrablemente errónea’ (sic), tenemos el deber de ‘corregir el error’ establecido en esos precedentes”. Thomas insinúa explícitamente que le gustaría revisar para anular esos precedentes. “Después de anular estas decisiones manifiestamente erróneas, quedaría la pregunta de si otras disposiciones constitucionales garantizan la miríada de derechos que han generado nuestros casos sustantivos de debido proceso”, escribe.

Los fallos que pretende anular Thomas son: Griswold, sobre el derecho de las personas casadas a adquirir métodos de anticoncepción;  Lawrence, también conocido como relaciones íntimas entre personas del mismo sexo y que invalidó las leyes contra la sodomía; y Obergefell, sobre el matrimonio homosexual. Aunque hábilmente evadió mencionar el fallo Loving v. Virginia que si cito uno de sus colegas; claro ese fallo invalidó las leyes que prohibían el matrimonio interracial.

Más allá de los contenidos de los fallos, ¿de qué tratan? Los casos específicos son inmarcesibles. Desde los hechos la gente decidirá abortar o no, evitar la concepción o no, casarse con personas de su mismo sexo o no, realizar los actos sexuales que pueda concertar con otro sin restricciones o enamorarse de personas de etnias, razas, clases sociales o religiones diferentes a las propias, mucho más allá de lo que la ley diga, permita o prohíba.

Concretamente el fallo no va a hacer desaparecer el aborto, conducta que la humanidad repite tristemente desde sus comienzos como mecanismo de control de natalidad. Y si halla otro mecanismo para ello –la “píldora”- nada la detendrá. Ni desaparecerán las relaciones sexuales porque las pretendan controlar, ni se esfumarán los homosexuales por arte de una ley que los inhiba.

Todos esos fallos y otros tratan de algo mucho más importante: la LIBERTAD. Y no como refugio sino como manifestación íntima y vocacional de los seres humanos, un deseo largamente desarrollado y esforzadamente construido.

La LIBERTAD verdadera actúa en coherencia con la sociedad en la que se desarrolla. No alcanza con otorgar una Libertad si no se la acompaña con el aparato social, político y legal que la pueda sostener, y cuyo principal ingrediente será la aceptación y tolerancia que pueda sostener la convivencia social.

La LIBERTAD verdadera actúa en coherencia con la sociedad en la que se desarrolla. No alcanza con otorgar una Libertad sino se la acompaña con el aparato social, político y legal que la pueda sostener, y cuyo principal ingrediente será la aceptación y tolerancia que pueda sostener la convivencia social. Pero ninguno de esos contextos y elementos puede ser partisano, reducido a unos pocos o impuesto por sectarismos pues, de ser así, la libertad se convierte en un “refugio de canallas”; y no sólo la libertad, también lo serán la ideología, la religión, la conveniencia económica y demás.

Mucho más canallesco será si lo que se busca es restringir la LIBERTAD de algunos que en sí misma no tiene una contraprestación, disminución o peaje cobrado a la LIBERTAD de otros. Aunque no quiero centrarme en los casos mencionados los usaré para facilitar la explicación. Ninguna sociedad será unánime en ninguno de esos casos, ni a favor ni en contra. Pero no pueden negarse que son conductas humanas repetidas por siglos y cuyo ejercicio no perjudica a otros. Su efecto es esencialmente inocuo a terceros y si hubiere un daño recae en quien ejerce esa LIBERTAD.

No estoy de acuerdo con el aborto, pero que alguien lo realice no me afecta en mis LIBERTADES y derechos. Podrá provocarme un dolor emocional, una pena religiosa, un choque intelectual con mis principios; pero todo ello no puede llevarme a prohibirlo como si la magia existiera. Si tanto me preocupa deberé realizar campañas de concientización, exponer mis ideas y compartirlas, promover mi fe, es decir tratar de convencer a la gente de lo que yo creo que es mejor. Y si estuviese de acuerdo con el aborto debería hacer lo mismo en sentido contrario. Prohibir el aborto no lo elimina, legalizarlo no lo promueve. Si queremos un cambio cambiemos nosotros como personas y, sobre todo, aprendamos a comprender al otro. Y lo mismo con las otras cuestiones.

En nuestros tiempos esto es muy difícil. La LIBERTAD ha muerto a manos de las libertades de intereses mezquinos y parciales que sólo buscan el poder de imponer sus caprichos sobre los otros. Lo grave es que las aceptamos como verdades reveladas para imponerlas o para combatirlas, sin límite, sin entendimiento y sin piedad.

El feminismo fue un gigantesco movimiento que sin descanso promovió mejoras en las relaciones de género en las sociedades; con mujeres mártires y victoriosas. Los avances promovían cambios contra duros preconceptos sociales que resultaron en nuevas situaciones equilibradas, el sufragio femenino por ejemplo, los derechos de las mujeres trabajadoras como tales. Faltan cosas sí, pero siempre faltarán.

Y que hace el feminismo hoy. Escándalos y razonamientos irracionales. Ningún avance sostenible logrado por razonabilidad; no, mejor la imposición. Por caso el cupo femenino que supone que el género es garantía central de la capacidad laboral o política; no ya el estudio, la preparación o el entrenamiento, y mucho menos el mérito. Un avance magro que por su inestabilidad social puede caer tan pronto como apareció.

Otro tanto ocurre con los movimientos homosexuales que también por siglos fueron marginados, pero que hace veinte años habían logado al menos la tolerancia social en camino a la integración. Ahora todo ello está en caída libre. Los groseros y ostentosos movimientos LGTB están destrozando todo lo obtenido en busca de una absurda sobreexposición de sus más grotescos ejemplos en miras también de imponer cupos y demás fantasías.

Estas libertades pequeñas y ruidosas que han nacido como el moho de grandes robles amenazan hoy con matar sus raíces. Y en todo sucede. El cambio climático, un problema atendible y grave es liderado por una pequeña ignorante que no terminó la secundaria, pero que los medios de comunicación atienden con mayor interés que a los verdaderos especialistas del tema.

El fallo que originó este artículo es una de esas pequeñas libertades asesinas de la LIBERTAD.

La LIBERTAD ha muerto a manos de las libertades de intereses mezquinos y parciales que sólo buscan el poder de imponer sus caprichos sobre los otros. Lo grave es que las aceptamos como verdades reveladas para imponerlas o para combatirlas, sin límite, sin entendimiento y sin piedad.

Si yo digo que en algunos lugares de África se practica la ablación del clítoris en niñas todos nos horrorizamos y con razón. Pero si tomo el razonamiento del fallo “la Constitución no hace ninguna referencia al aborto” que comete un error de pedirle a la ley ultra especificidad (ningún habitante de la Nación será obligado a hacer lo que no manda la ley, ni privado de lo que ella no prohíbe), y lo aplico a la clitoridectomía no la puedo prohibir, la Constitución no la nombra.  Pero si la prohibiera también podría prohibir la circuncisión. Sí, no son lo mismo, pero en el mundo de las mágicas libertades fraccionarias e impuestas todo es posible. Y ese es el problema, el mundo moderno ve todo desde su ciclópea óptica monocular que sólo incluye lo que se prefiere o lo que la mezquindad indica.

Nos hemos vuelto brutos. En la edad media se acuñó una frase “caminamos sobre hombros de gigantes” para exponer que nuestro conocimiento actual se construía con los legados intelectuales anteriores. Hoy estamos pegoteados en el chicle de la suela de enanos; claro enanos bien pagados y venerados por nuestra dogmática ignorancia. Así matamos la LIBERTAD lograda por nuestros ancestros con grandes esfuerzos, atendiendo nuestra pequeña libertad de adorar las cadenas que nos esclavizan. No debe sorprendernos que nuestra bovina aceptación nos someta a regímenes dictatoriales.

Si alguien pregunta por la LIBERTAD deberemos admitir que ha muerto. Que los canallas protegidos en banales y venales refugios ideológicos, religiosos, patrióticos y demás la cercaron y hostigaron. Pero cuando nos pregunten quien la mató deberemos recurrir a las palabras de Lope de Vega:

«-¿Quién mató al Comendador?

-Fuenteovejuna, Señor.

-¿Quién es Fuenteovejuna?

-Todo el pueblo, a una.»

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