Política

Cristina quiere un 2001

Ahora, arrinconada, intenta prender fuego el país con la intención de que en el revoleo se atomice JxC, crezca la antipolítica y se dé un 2003 donde todos tenían chances.

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En Robin and the seven hoods (perdón por el viejazo) Dean Martin le dice a Sinatra que cuando el oponente tiene todos los ases y vos no tenés nada en las manos, sólo te queda una cosa que hacer, “patear la mesa”. Sinatra lo señala sosteniendo un cigarrillo con la punta de los dedos índice y medio como señal de aprobación y parten a destrozar por completo el garito de su competidor Peter Falk. A diferencia del personaje de Sinatra, estas conversaciones Cristina las tiene ella sola, consigo misma, pero sus razonamientos son igual de básicos y sencillos.

Cristina sabía en 2019 que no tenía chances de ganar y se escondió detrás de Alberto Fernández, lo que además le evitaba tener que debatir, actividad para la cual es absolutamente incapaz.

Lejos de ser una gran estratega es una mujer bastante lineal y limitada que tiende a repetirse en sus jugadas y que sólo la increíble liviandad de Juntos por el Cambio (JxC) le permite seguir teniendo influencia a nivel nacional. Del lado del peronismo su liderazgo se explica por su historia misma. La tradición justicialista tiene como mandato destrozar a todo posible sucesor cuando se llega a la cima. Lo que ocurrió es que, después de la limpieza de figuras que se mandaron tanto Menem como el kirchnerismo, no quedó nada como lo demuestra la plantilla de funcionarios o cualquier lista de diputados.

Así las cosas, Cristina sabía en 2019 que no tenía chances de ganar y se escondió detrás de Alberto Fernández lo que además le evitaba tener que debatir, actividad para la cual es absolutamente incapaz y, si tienen dudas, les recomiendo ver el baile que le pegaron unos chicos sub veinte en Harvard. Por suerte para Cris y por desgracia para nosotros, la campaña de JxC la manejaba San Marcos Peña, santo protector del kircherismo, que después de mantener fuera de prisión a la susodicha para usarla de cuco y fidelizar a su electorado, (cuando finalmente se presenta, pero escondida tras Alberto), en lugar de subirla al ring y antagonizar con ella convalidó la farsa del entonces candidato y ahora presidente testimonial. 

Hoy Cristina, al igual que Sinatra, sabe que no tiene chance alguna para 2023. Ni Artemio López, que daba ganador a Scioli en primera vuelta y a Cristina 20 puntos arriba de Esteban Bullrich, le da posibilidades de triunfo ni a ella ni a ningún candidato peronista. Así, perdida desde la derrota en 2021, se dedicó otra vez con la complacencia de JxC que se lo permite, a lavarse las manos de esa derrota y de su propio gobierno y pararse como oposición a sí misma.

Este es su gobierno y no necesita hacer un golpe de Estado para echar a su empleado de Balcarce 50. Jamás hubo ni habrá un Albertismo que siquiera discuta un menú de la cena. Ahora, arrinconada, intenta prender fuego el país con la intención de que en el revoleo se atomice JxC, crezca la antipolítica y se dé un 2003 donde todos tenían chances.

Empecemos por el principio: este es su gobierno y no necesita hacer un golpe de Estado para echar a su empleado de Balcarce 50. Jamás hubo ni habrá un Albertismo que siquiera discuta un menú de la cena. Ella lo puso para esconderse y para hacerlo responsable de su mala gestión. Todas las medidas, incluso el acuerdo con el FMI, tuvieron su aprobación y, si la candidez de JxC no le hubiera dado los votos, la habrían aprobado ellos. Ahora, arrinconada, intenta prender fuego el país con la intención de que en el revoleo se atomice JxC, crezca la antipolítica y se dé un 2003 donde todos tenían chances.

En 2003 se terminó llevando la presidencia Néstor Kirchner, como mejor segundo de un Menem que ganaba en primera vuelta o perdía hasta con Zamora (para los millenials, un Del Caño de esa época). Hoy Cristina sabe que hasta su histórico 25% de fanáticos está en duda, pero seguramente conserve más de un 20 y con 22 se llevó todo el compañero centro cultural. La carta por Facebook, la renuncia en masa de los ministros y todo el acting de pelea con su adlátere apuntan a eso. Guzmán tenía su acuerdo para ser racional (su idea de racional) mientras había esperanzas de triunfo por el centro con Alberto de Chirolita, como también lo hubiera sido el falso campeón de motonáutica. Cuando las esperanzas se diluyeron comenzó el plan 2001 y ahí le apuesta todas las fichas.

Nota al margen. Desde la renuncia de Guzmán, Alberto sólo apareció al borde del desmayo para tomarle juramento a Batakis y corrió raudo a esconderse debajo de la cama y, a una semana del tweet de renuncia ministerial, todavía no se supo nada de él. Debe ser una cama grande porque ahí debajo también está escondida la oposición.

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