Economía

Un acuerdo que nació muerto

Venderle cualquier escenario como posible al staff del FMI no es ningún problema. El problema está en volver al país y realmente elaborar un plan pensando en que sí vas a cumplir esas condiciones.

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La tendencia de Argentina a repetirse es patológica y en nuestra dirigencia política es aún peor. Estamos empecinados en ver qué cosas no funcionaron en el pasado para repetirlas una y otra vez esperando a que esta vez funcione. “Esta vez es en serio. Esta vez va a funcionar” es el mantra. Sucede, por ejemplo, con los controles de precios, que desde hace 7 décadas que se vienen implementando en Argentina y siempre se obtiene el mismo resultado: fracaso e inflación. Con el Fondo Monetario Internacional no es muy distinto. Argentina gasta más de lo que recauda, se endeuda, después no le quieren renovar los vencimientos y debe recurrir al Fondo. Con tal de llegar a algún acuerdo, los funcionarios dicen que sí hasta a las condiciones más absurdas y que saben que son incumplibles. Venderle cualquier escenario como posible al staff del FMI no es ningún problema. El problema está en volver al país y realmente elaborar un plan pensando en que sí vas a cumplir esas condiciones. Esto fue, por ejemplo, lo que le pasó a Juntos por el Cambio. Era ridículo pensar que Argentina iba a pagar en 2 años gran parte del Stand By Agreement, y cómo terminó es historia conocida. Lo que es aún más ridículo y lo que vuelve patológica la tendencia de Argentina a siempre cometer los mismos errores, es que cuatro años después, funcionarios del gobierno se dirigen al Fondo y aceptan otro tipo de objetivos que son también muy difíciles de cumplir.

El FMI exige una tasa de devaluación cercana a la tasa de inflación, pero reconoce a su vez que la suba del tipo de cambio repercute en la inflación y en las expectativas.

Lo llamativo de este acuerdo no es sólo que las metas son de dudoso cumplimiento, sino que algunas de las proyecciones, faltando 7 meses para que termine el año, también son difíciles de cumplir. Por ejemplo, la inflación, proyectada en un rango del 38% al 48% para 2022, ya se encuentra en un 70% en las estimaciones más conservadoras. Como vemos, este acuerdo nació para incumplirse.

De la inflación se desprenden dos cuestiones muy importantes y que se relacionan entre sí. El primero es el tipo de cambio. El acuerdo con el FMI establece que deberá existir una tasa de devaluación que garantice “un tipo de cambio real competitivo que apoye los continuos superávits comerciales y el objetivo de acumulación de reservas del programa de 15.000 millones de dólares hasta 2024”. Sin embargo, el propio organismo reconoce que la inflación en Argentina está estrechamente ligada a la evolución del tipo de cambio oficial y de los salarios. “El tipo de cambio sirve como ancla nominal de facto”, afirma el FMI. Es que con una depreciación del peso, hay un canal de transmisión directa de los precios de las importaciones, con un efecto también en las expectativas de inflación. En otras palabras, el FMI exige una tasa de devaluación cercana a la tasa de inflación, pero reconoce a su vez que la suba del tipo de cambio repercute en la inflación y en las expectativas.

La segunda cuestión tiene que ver con las tarifas, que está altamente asociada a la inflación, dado que la inflación impacta en el Coeficiente de Variación de Salarios (CVS) que a su vez es lo que se utiliza para calcular parte de los aumentos de tarifas. Simplificando, al 10% más rico se les eliminarán todos los subsidios; a los usuarios domésticos se les aplicará una suba correspondiente al 80% del incremento de la variación de salarios, salvo a los usuarios de tarifa social, cuyo porcentaje será del 40% de la variación de salarios; y a los grandes usuarios comerciales se les aumentará de manera que se cubran los costos de generación. Ahora bien, también está asociada al tipo de cambio, dado que una suba del mismo incrementa los costos dolarizados de la generación e importación de energía, sumada al aumento de los precios de la energía a nivel mundial.

Resumiendo, el tipo de cambio crecerá en ritmo con la inflación (cuyo ritmo de crecimiento viene dado por la emisión monetaria y Argentina emitió 11 puntos del PBI en 2 años) y a su vez los salarios se mueven en un tenor parecido, lo que, al mismo tiempo, tracciona la suba de tarifas, lo cual indefectiblemente tiene repercusión en el aumento de precios. Pero, por otro lado, el tipo de cambio debe acompañar la inflación y la devaluación impacta en los precios y los costos de la energía, haciendo crecer la inflación, los subsidios (en marzo, +234% i.a.) y las tarifas. ¿En qué baile se metió Argentina?

Otro punto para tener en cuenta sobre el acuerdo con el FMI tiene que ver con los adelantos transitorios. Por lo que duró el acuerdo que el gobierno de Macri había firmado con el organismo, directamente se cortaron los adelantos transitorios por 8 meses. En este caso, se le ha puesto un límite al financiamiento que el BCRA puede hacerle al Tesoro, establecido en 1% del PBI. Cabe mencionar que, 3 meses antes del acuerdo, el gobierno había querido aprobar un presupuesto que establecía 3,4% del PBI. ¿De dónde iban a salir esos casi 900 mil millones de pesos? Parece que pocos se lo preguntaron. Con un adicional que se relaciona con el nivel de PBI. El 1% fijado por el FMI, responde al potencial PBI de 2022 y no del 2021. Esto significa que, si Argentina no creciera lo que se proyectó, se corre el riesgo de incumplimiento.

Con los ingresos tributarios creciendo al 65% interanual y los gastos creciendo al 84%, sólo cabe preguntarse cuánto más tolerará el FMI estos artilugios contables y qué tan sostenible es el nivel de gasto, sobre todo si añadimos el nuevo IFE, que no estaba en escena al momento de la firma del acuerdo. 

Los puntos anteriores se conectan con otro objetivo que el gobierno ha fijado: el déficit fiscal. La meta para el 2022 es 2,5% del PBI y por lo visto anteriormente, habrá más margen para gastar, dependiendo de si la economía crece por encima de lo proyectado por el FMI. Sin embargo, hay trampas contables. En marzo, por ejemplo, se puede observar que existe un ítem llamado “Ingresos de Capital”, que crece 41 mil por ciento y otro llamado “Rentas de la Propiedad”, que crece más de mil por ciento interanual (representando el 0,22% y el 14,7% del total de ingresos, respectivamente). “Rentas de la propiedad”, por ejemplo, representa una diferencia en el valor de los bonos colocados por el gobierno, sobre todo los atados por inflación. No representa un ingreso real del gobierno. Es un aspecto para tener en cuenta dado que, sin estos componentes, el déficit habría sido de más de 300 mil millones, impidiendo que la meta se cumpla. ¿Contribuye esto a las finanzas públicas transparentes que pide el organismo? Con los ingresos tributarios creciendo al 65% interanual y los gastos creciendo al 84%, sólo cabe preguntarse cuánto más tolerará el FMI estos artilugios contables y qué tan sostenible es el nivel de gasto, sobre todo si añadimos el nuevo IFE, que no estaba en escena al momento de la firma del acuerdo. 

Finalmente, el objetivo fijado con el Fondo Monetario Internacional en materia de reservas netas del BCRA, establece que Argentina deberá acumular, sobre el final de 2021, 1200 millones a marzo, 4100 millones a junio y 4400 millones a septiembre, para finalizar el año evidenciando una acumulación de reservas de 5.800 millones de dólares.

Este objetivo también tiene altos riesgos de ser incumplido. La liquidación de divisas por parte del sector agroindustrial es clave para una política de acumulación de reservas. Por fortuna para el gobierno, el agro viene liquidando, en los primeros cuatro meses del año casi 11.1 mil millones de dólares. Este número es, por ejemplo, 13% superior a lo liquidado en el mismo período del 2021 y 81% superior al de 2019. Sin embargo, el BCRA sólo evidencia Compra Netas de Divisas en el primer cuatrimestre del año por 113 millones de dólares, 32 veces menor al monto del mismo período del 2021 o 9 veces menor al monto del 2019. Como agravante cabe mencionar que, a pesar de que la variación de reservas del primer cuatrimestre del 2022 totalizó un alza de 2.344 millones de dólares y cumple con las metas del Fondo, aislando el desembolso del FMI efectuado en marzo, el cuatrimestre cierra con una pérdida de reservas de más de 4.500 millones. Sumado a esto, se puede observar que las proyecciones de exportaciones e importaciones tampoco se están cumpliendo al pie de la letra. El saldo de la Balanza Comercial está casi 40% debajo de lo proyectado por el FMI para el primer trimestre.

Sin un plan económico consistente y un equipo económico y político creíble, es imposible estabilizar la economía argentina. Es altamente probablemente que, tarde o temprano, Argentina incumpla el acuerdo, como ya lo ha hecho tantas otras veces en su historia. Después de todo ¿qué cambió esta vez? Sólo un demente espera resultados distintos haciendo siempre lo mismo.

Es decir, nos encontramos en un escenario donde, a pesar de tener cosecha récord y no tener una fuerte salida de turistas argentinos al exterior, el BCRA sólo pudo acumular las divisas necesarias por el desembolso que efectuó el Fondo Monetario Internacional. Cabe preguntarse qué sucederá cuando la liquidación de granos merme, teniendo en cuenta que el mandato del organismo también abarca un plan para que, de forma paulatina, se eliminen los controles de cambio.

El acuerdo con el FMI se realizó para para garantizar la estabilidad macroeconómica y atajar la elevada inflación, pero la realidad es que, sin un plan económico consistente y un equipo económico y político creíble, es imposible estabilizar la economía argentina. Todo el acuerdo, salvo la restricción de Adelantos Transitorios, juega al alza en los precios, dado que gran parte del acuerdo está indexado. Se han cumplido las metas del primer trimestre, pero es altamente probablemente que, tarde o temprano, Argentina incumpla el acuerdo, como ya lo ha hecho tantas otras veces en su historia. Después de todo ¿qué cambió esta vez? Sólo un demente espera resultados distintos haciendo siempre lo mismo.

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