Política

La Liturgia Rusa

El nuevo dogma promueve la defensa y expansión del Russkiy Mir, “El Mundo Ruso”.

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El régimen liderado por Vladimir Putin ha revivido, promulgado y sancionado la idea de que es necesaria una reconstrucción de la Rusia Imperial grande y poderosa para el bien de su pueblo. Lo notorio es que no sólo es él quien impulsa la idea sino que sus colaboradores políticos, el clero ortodoxo ruso, sus simpatizantes y buena parte del pueblo que no lo sigue ciegamente, la han aceptado. Lo aterrador es que la propuesta tiene forma de dogma ortodoxo, nacionalista, con rasgos de teoría conspirativa y estalinismo del estado de seguridad; y por supuesto totalmente antioccidental. Aunque la guerra contra Ucrania parezca el epítome del concepto, hay datos y actos más permanentes que la impulsan.

Primero la Fe

En Kubinka, a 70 km al oeste de Moscú se puede ver en la consagrada Catedral Principal de las Fuerzas Armadas Rusas. La construcción de la catedral se terminó el 9 de mayo, Día de la Victoria, fue inaugurada el 22 de junio -el día en que Hitler lanzó su invasión- en 2020 -el 75 aniversario del fin de la guerra- con Putin y Kirill (cabeza de la iglesia ortodoxsa rusa) presentes. Fechas simbólicas cuidadosamente seleccionadas.

El sacrificio y las victorias del pueblo ruso en la gran guerra patriótica, que vio tanto la pérdida de 20 millones de ciudadanos soviéticos como la creación de un imperio mayor que cualquiera de los zares; son datos fundamentales para la nueva ideología de Putin del Mundo Ruso.

La catedral es una exuberancia bizantina, su piso está hecho de partes de tanques alemanes fundidos. Pero no está dedicado únicamente a las guerras del siglo anterior; hay un mosaico conmemora la invasión de Georgia en 2008, otro de la anexión de Crimea en 2014 y un tercero en conmemoración del papel del país en la guerra civil de Siria. Los ángeles sonríen a los soldados que realizan su sagrado trabajo.

Consistente con esta actitud, Kirill ha declarado que la guerra actual es un asunto piadoso y elogió el papel que desempeñará para mantener a Rusia a salvo de los horrores de las marchas del orgullo gay –resulta mucho una guerra para eso-. Los eclesiásticos más celosos y con ambición de ascenso han ido más allá. Elizbar Orlov, un sacerdote de Rostov, una ciudad muy cercana a la frontera con Ucrania, dijo que el ejército ruso “estaba limpiando el mundo de una infección diabólica”.

Como muestra la catedral, el sacrificio y las victorias del pueblo ruso en la gran guerra patriótica, que vio tanto la pérdida de 20 millones de ciudadanos soviéticos como la creación de un imperio mayor en extensión que cualquiera de los zares; son datos fundamentales para la nueva ideología de Putin del Mundo Ruso. Hoy, sin embargo, los enemigos y aliados entonces han sido alterados, permitiendo que la guerra se replantee como parte de una defensa ante un asalto a la civilización de Rusia, en el que Occidente ha estado involucrado durante siglos. Los principales culpables de esta agresión son Gran Bretaña y Estados Unidos, que ya no se recuerdan como aliados en la lucha contra los nazis, sino como patrocinadores de los nazis supuestos de los que se debe salvar a Ucrania. Este movimiento ideológico revanchista, la presenta como a una guerra de liberación.

La Seguridad ante todo

Si los sacerdotes ortodoxos son oficiantes del culto, los FSB son los monjes de clausura de la congregación.

Los Silóvik, fuerzas de seguridad en cuyas filas militó el propio Putin, son otro factor de fuerza. Los oficiales del FSB, sucesor de KGB, forman parte del núcleo de la política rusa desde hace más de 20 años. Si los sacerdotes ortodoxos son oficiantes del culto, los FSB son los monjes de clausura de la congregación. Como muchos nativos de organizaciones cerradas, muy unidas y poderosas, suelen verse a sí mismos como miembros de una orden secreta poseedora de las verdades reveladas, negadas a la gente común. El anti occidentalismo y la mentalidad de asedio son fundamentales para sus creencias. Putin confía en los informes que le proporcionan, siempre contenidos en carpetas rojas distintivas, para su información sobre el mundo. Cabe preguntarse cuán veraces y cuán tendenciosos deben ser esos informes.

En este ámbito poseedor de arcanos secretos y filtros de encantos, la ideología que ahora se promulga vio la luz en 2005, cuando una camarilla dentro del FSB engendró un libro anónimo llamado “Proyecto Rusia”. Fue entregado por servicios de mensajería a varios ministerios que se ocupan de la seguridad. Trataba sobre la relación de Rusia con el mundo, advirtiendo que la democracia era una amenaza y Occidente el enemigo.

La Política

La ascensión de Putin a la presidencia en 2000 se vio beneficiada por su energía en hacer la guerra en Chechenia. Pero su mandato principal era estabilizar la economía que todavía sufría por la crisis de la deuda de 1998 y consolidar las reservas y producidos económicos, que favorecieron a los oligarcas de la primera década soviética. Su acuerdo con la ciudadanía rusa no se apoyaba en la religión o la ideología, sino en la mejora de los ingresos generales de la población. Pero en ese marco estrecho y delicado algunos supieron ver la nueva ideología del aislacionismo que aparecía en los rincones más oscuros de la estructura de poder.

Pero la revelación no se hizo esperar, de manera lenta pero continuada se la podía ver con más claridad. En octubre de 2002 se produjo la toma de rehenes del teatro de Moscú. El desenlace resultó en la muerte de 130 rehenes durante la operación de rescate de las fuerzas especiales. La prensa rusa e internacional vaticinó que esto dañaría gravemente la popularidad del presidente Putin. Sin embargo, poco después, disfrutó de índices récord de aprobación pública, el 83% de los rusos se declararon satisfechos con Putin y su manejo de la crisis. Ya los rusos interpretaban los hechos a través de otra luz.

En una conferencia de prensa en Moscú determinó que las armas nucleares y el cristianismo ortodoxo eran los dos pilares de la sociedad rusa, uno garantizaba la seguridad exterior del país y el otro su salud moral. Kirill presente.

En un discurso de 2005, Putin definió el colapso de la Unión Soviética como «la mayor catástrofe geopolítica del siglo XX»….»Además, la epidemia de desintegración infectó a la propia Rusia».​ Denunció que la red de seguridad social había desaparecido y la esperanza de vida cayó en el período anterior a su gobierno. ​En ese mismo año, se lanzaron los proyectos para mejorar la atención médica, la educación, la vivienda y la agricultura. Ideología pero con propuestas materiales directas.

Poco después rechazó formalmente la idea de la integración de Rusia en Occidente; y en una conferencia de prensa en Moscú determinó que las armas nucleares y el cristianismo ortodoxo eran los dos pilares de la sociedad rusa, uno garantizaba la seguridad exterior del país y el otro su salud moral. Kirill presente.

Rusos de clase media marcharan por Moscú y San Petersburgo en 2011-12 exigiendo una “Rusia sin Putin”. En respuesta los burócratas de la seguridad y clérigos comenzaron a expandir su dogma a la vida diaria. Un régimen que se sustentaba en redes de corrupción, extracción de rentas y extorsión requería de una religión y una ideología de grandeza nacional para restaurar la legitimidad perdida durante el saqueo.

El Dogma

El nuevo dogma promueve la defensa y expansión del Russkiy Mir, “El Mundo Ruso”. La primera vez que se empleó el término corresponde al Príncipe Iziaslav I de Kiev quien se dirigió al Papa Clemente I: «con gratitud de ese fiel esclavo que aumentó el talento de su amo – no sólo en Roma, sino en todas partes: tanto en Jerson y en el mundo ruso». Esto fue en 1075 cuando, con ayuda papal, pudo sofocar el levantamiento en su contra y se convirtió en el primer Rey del Rus. Notoriamente todo sucedió en Ucrania. Cuando Rusia en el siglo XVI establece su autonomía, ese Mundo Ruso absorbe influencias extranjeras hasta que en el siglo XVIII el zar Pedro el Grande decide europeizarlo. Durante el Imperio Ruso, el mundo ruso concentraba la idea de un nacionalismo conservador. El Mundo Ruso absorbe la etnia, cultura, religión e historia rusa compartidas, proyecta una reunión de la diáspora rusa y hasta una Pax Rusa.

Ese Mundo Ruso se apoya también en una tambaleante literatura. En los años posteriores a las guerras napoleónicas, un misterioso manuscrito comenzó a circular entre la élite noble insatisfecha del Imperio Ruso. Titulado “La historia de la Rus”, se convirtió en uno de los más influyentes textos históricos de la era moderna. Atribuido a un arzobispo ortodoxo del siglo XVIII, describe las heroicas luchas de los cosacos ucranianos. Para Alexander Pushkin el libro es una manifestación del espíritu nacional ruso, pero Taras Shevchenko lo interpretó como una búsqueda de la liberación nacional de Ucrania, que inspiraría a miles de ucranianos a luchar por la libertad de su patria. Así que parece que la nueva liturgia rusa choca con las creencias ucranianas. Para unos el libro fue un manifiesto consciente de la unidad ruso-ucraniana y para otros del creciente nacionalismo ucraniano.

Durante el Imperio Ruso, el mundo ruso concentraba la idea de un nacionalismo conservador. El Mundo Ruso absorbe la etnia, cultura, religión e historia rusa compartidas, proyecta una reunión de la diáspora rusa y hasta una Pax Rusa.

Pero vivimos en la era de la “Post Verdad” y esta idea rusa prospera sobre la base de reconocer como más importante su naturaleza sagrada, que su calidad sustantiva como mito. Esto así proyectado por el Estado pone su legitimidad no en términos concretos de producción de bien público, sino que lo sustenta en un nivel de culto místico.

La gran ceremonia propiciatoria de este culto pudo verse en el estadio Luzhniki. Putin hizo allí su primera aparición pública desde la invasión a Ucrania. Con gestos de orgullo 95.000 personas ondeaban banderas, en su mayoría jóvenes, algunos en llegaron en vehículos colectivos, otros individualmente, pero todos en apariencia estaban allí por su propia voluntad. Una estructura central abierta a todas las tribunas estaba instalada en el centro del estadio a modo de tabernáculo. En el centro, presidiendo el oficio Putin elogió al ejército ruso citando las palabras del evangelio de San Juan 15:13, «Nadie tiene mayor amor que este, que poder dar su vida por sus amigos».

Hizo repetidas referencias al almirante Fyodor Ushakov, un hombre profundamente religioso que, en el siglo XVIII, ayudó a recuperar Crimea de manos de los otomanos. Fue canonizado por la iglesia ortodoxa en 2001; más tarde fue elegido como el santo patrón de los bombarderos de larga distancia portadores de armas nucleares. Putin erizó a la multitud diciendo: “Él dijo una vez que las tormentas de la guerra glorificarían a Rusia…Así fue en su tiempo; ¡así es hoy y así será siempre!”

Con amplias apelaciones a la religión, y el enfoque específico en el santo Ushakov, Putin copiaba la actitud de Stalin. Cuando la Unión Soviética fue atacada por Alemania en 1941, el antiguo seminarista convertido en dictador rehabilitó y cooptó a la iglesia ortodoxa, que previamente había perseguido, como una forma de unir a la población. Stalin también creó una medalla por servicio distinguido de oficiales navales llamada orden de Ushakov y dispuso que sus restos fueran enterrados de nuevo con el ceremonial adecuado.

Todo esto no es accidental; hay un hilo histórico que lleva directamente desde aquél entonces al presente. Los vínculos entre la iglesia y las fuerzas armadas y de seguridad, fomentados por primera vez por Stalin, se hicieron más fuertes después de la caída del comunismo. Mientras que varias iglesias de Europa occidental obraron con arrepentimiento y reflexión después de haber apoyado a Hitler, el Patriarcado de Moscú nunca se ha arrepentido de su connivencia con Stalin en asuntos como la represión de los católicos ucranianos después de 1945.

La lealtad de sus líderes al menos, y casi todo su clero, ahora ha sido transferida a Putin. Kirill, el Patriarca de la iglesia ortodoxa rusa, ha aclamado su presidencia como “un milagro de Dios”; el Patriarca y otros se han convertido en partidarios voluntarios de la liturgia de la guerra. Un detalle de valor para esta misa laica se movilizó en 2005, cuando las cintas anaranjadas y negras de la Orden de San Jorge, el gran santo militar venerado por la iglesia ortodoxa, recibieron una mayor preeminencia en las evocaciones de la lucha de 1941-45 contra Alemania. Conocida en Rusia como la “Gran Guerra Patriótica”.

La lealtad de sus líderes al menos, y casi todo su clero, ahora ha sido transferida a Putin. Kirill, el Patriarca de la iglesia ortodoxa rusa, ha aclamado su presidencia como “un milagro de Dios”; el Patriarca y otros se han convertido en partidarios voluntarios de la liturgia de la guerra.

Ciertamente nadie lo vio venir y nadie lo pudo evitar. Desde el inicio de la pandemia de covid-19 se ha producido un aumento y una exacerbación de las ideologías veteranas y novísimas. Putin logró en julio de 2020 que se eliminaran todos los límites a su mandato, extendiéndolo hasta el 2032. De paso, el nuevo dogma prohibió el matrimonio homosexual, consagró el ruso como el idioma de las personas que forman el Estado y se le otorgó a Dios un lugar oficial en la herencia de la nación.

Los períodos de aislamiento de Putin parecen emplearse en reafirmar la transformación. Se comenta que su interés por la actualidad es menor al que tiene por la historia, prestando especial atención a figuras como Konstantin Leontyev, un visionario ultrarreaccionario del siglo XIX que admiraba la jerarquía y la monarquía, se avergonzaba de la uniformidad democrática, creía en la cristalización de las instituciones y propugnaba la expansión de Rusia al Tibet, la India y China. Una de las pocas personas con las que parece haber pasado tiempo es Yuri Kovalchuk, un amigo cercano, que es su banquero personal y controla un vasto grupo de medios. Fuentes periodísticas aseguran que discutió con él la misión para restaurar la unidad entre Rusia y Ucrania.

Esta liturgia política rusa tan pegada a la religión, la guerra, y el disciplinamiento ideológico resulta repugnante a las ideas de libertad sostenidas tradicionalmente en occidente. Pero ese rechazo no nos pueden llevar a pensar que por odiosas van a fracasar; ya por no prestarles atención crecieron solas en la oscuridad.

Por lo tanto, una guerra contra Ucrania, es también una guerra contra la facción occidentalizadora de Rusia y por el futuro de Rusia, o al menos el futuro de una Rusia como la imaginada durante los últimos 400 años. Tanto en Rusia como en Ucrania, la guerra pretende acabar con la posibilidad de cualquier futuro que mire hacia Europa y alguna forma de modernidad liberadora, proponiendo un mundo que parece reaccionario e introspectivo.

Esta liturgia política rusa tan pegada a la religión, la guerra, y el disciplinamiento ideológico resulta repugnante a las ideas de libertad sostenidas tradicionalmente en occidente. Pero ese rechazo no nos pueden llevar a pensar que por odiosas van a fracasar; ya por no prestarles atención crecieron solas en la oscuridad. Sería mejor pensar que, si hay que convivir con ella será mejor revisar los rincones ocultos de casa. Disciplina política, religión exacerbada, moral rigurosa, mitologías de pasados perfectos, promesas de futuros diáfanos e impolutos, cuántas veces hemos escuchado y sufrido en occidente regímenes con estas falsas publicidades. Más peligroso que el régimen del Mundo Ruso es su expansión estructural que puede contagiar a las repúblicas liberales.

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