Cultura

La Celebración de la Libertad

Podemos decir que Pesaj es una celebración antiimperialista y también un hito de la lucha contra el totalitarismo.

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En mi querida sinagoga Ajiezer del Centro Hebreo Ioná de la Calle Acevedo, uno de los ancianos que vivieron lo suficiente (en tiempo y experiencias) para ser bastante sabio, solía decir que la historia del pueblo judío se resume en lo siguiente: Nos establecimos en un lugar (los judíos), crecimos, hicimos nuestro aporte al crecimiento de la sociedad, nos empezaron a perseguir, nos esclavizaron, quisieron exterminarnos, no pudieron… recordémoslo comiendo.

Curiosa historia la del pueblo judío que se jacta de haber sido esclavo en Egipto, y que enfrenta con decisión y convicción cada año y en cada generación emprender el camino de la liberación en una celebración que se llama Pesaj, y lo hacemos entre otras formas en una cena ritual llamada Seder (orden).

Cuenta el Tanaj (Biblia) que por una serie de eventos desafortunados y por la hambruna los israelitas emigran de su tierra y recalan en Egipto, donde se establecen y viven inicialmente en paz gracias a los buenos oficios de Iosef, un judío devenido en primer ministro con atributos para interpretar los sueños y también para administrar un reino, luego retratado en las películas como “El Príncipe de Egipto”.

Los hebreos son esclavizados por una nueva dinastía faraónica que considera que ellos se han quedado con las riquezas de los egipcios y eso debe ser reparado. Cualquier similitud con los prejuicios judeofóbicos modernos no son pura coincidencia.

Pero esa tranquilidad aparente se desvanece con el tiempo y los hebreos son esclavizados por una nueva dinastía faraónica que considera que ellos se han quedado con las riquezas de los egipcios y eso debe ser reparado. Cualquier similitud con los prejuicios judeofóbicos modernos no son pura coincidencia.

En este marco aparece Moisés, un joven nacido en una familia hebrea humilde pero criado, con apenas horas de vida, en el palacio del faraón a manos de la nobleza, que un día se reconecta con sus orígenes y encabeza la difícil tarea de liderar la liberación de los judíos y emprender el éxodo de Egipto a la tierra de la leche y la miel, la tierra prometida.

Es precisamente esto lo que celebramos cada año en nuestro seder familiar, la cena ritual que mencionamos anteriormente: atravesamos nosotros mismos las circunstancias por las cuales nuestros antepasados tuvieron que transitar para ser libres. En esta parábola, al recordar que fuimos esclavos, establecemos que ahora somos libres luego de atravesar un duro camino por el desierto que incluyó de modo relevante la entrega del libro de los libros al líder de este proceso de liberación del pueblo judío, Moisés, que empero, nunca pudo ingresar a la tierra prometida luego de 40 años vagando. Nos referimos a la entrega de la Torah, el Antiguo Testamento.

La libertad se constituye en este punto como el eje central de la vivencia pascual, y de lo que el éxodo significó no sólo para el pueblo judío sino para la humanidad en su conjunto, porque a no dudar que la humanidad en su gran mayoría ha adoptado la libertad como el más preciado de los objetivos, aún por encima de la paz y de otros valores relevantes.

Podemos decir que Pesaj es una celebración antiimperialista y también un hito de la lucha contra el totalitarismo. Recordamos que Egipto simbolizaba ambas cosas, el poderío de un imperio que también esclaviza.

La libertad se constituye como el eje central de la vivencia pascual, y de lo que el éxodo significó no sólo para el pueblo judío sino para la humanidad en su conjunto, porque la humanidad en su gran mayoría ha adoptado la libertad como el más preciado de los objetivos, aún por encima de la paz y de otros valores relevantes

El tránsito mismo de la civilización judía está signado por estos conceptos que me atrevo a llamar anti imperialistas: la nación hebrea debió enfrentarse a los más grandes imperios de la historia, y también del presente: desde los asirios, los babilonios, los griegos y los romanos hasta los otomanos, el Imperio Ruso, los ingleses en épocas del mandato sobre Palestina, la Alemania del nazismo y los islamistas comandados por Irán en nuestros días. Por supuesto el paradigma de la libertad y de esta lucha es la festividad que nos convoca hoy: la liberación de los judíos del imperio Egipcio luego de 400 años de esclavitud, aunque estas cuatro centurias no deben entenderse en forma literal en relación a la permanencia bajo dominio de los faraones, sino al proceso mismo de esclavización de los judíos desde los tiempos del profeta Itzjak.    

Tampoco debe resultarnos indiferente que cada año somos convocados a liberarnos de nuestros propios faraones, los que nos atormentan como sociedad, pero aún más a liberarnos de nuestros propios faraones personales, aquéllos que condicionan nuestras emociones y nuestro devenir cotidiano, terminar con el pequeño faraón que nosotros mismos encarnamos en la interrelación familiar, con colaboradores, con alumnos o con cualquier individuo con el que nos interrelacionamos.

Es que el enano fascista puede anidar en nosotros, y Pesaj no sólo nos recuerda que debemos ser libres, también nos convoca a no ser faraones de nuestro prójimo, a entender que nuestra libertad tiene como límite el derecho a la libertad del otro y que sólo siendo libres y respetando la libertad del otro podemos construir sociedades justas.

Este recuerdo perenne de la esclavitud y la exaltación del ser libres nos remite a cuestiones fundamentales vigentes a través de los milenios: sólo individuos libres son capaces de desarrollar sus máximos potenciales y con ese impulso llevar a sus sociedades en el camino del progreso.

Pesaj no sólo nos recuerda que debemos ser libres, también nos convoca a no ser faraones de nuestro prójimo, a entender que nuestra libertad tiene como límite el derecho a la libertad del otro y que sólo siendo libres y respetando la libertad del otro podemos construir sociedades justas.

Los judíos en este devenir de la historia hemos demostrado ser capaces de plasmar estos conceptos de la libertad hasta nuestros días, con el significado que adquiere el Estado de Israel en el desarrollo de grandes avances para la humanidad y liderazgo en la lucha contra el terrorismo totalitario que expresa otra forma más del sometimiento, el sometimiento de los propios a través de la misoginia, la persecución al disidente o la ejecución de homosexuales, y también el sometimiento de los destinatarios finales de su terror, que no son otros que la sociedad occidental y en especial y particular a los judíos.

Incluso el creador del sionismo político, Theodoro Herzl, al imaginar el Estado judío moderno cincuenta años antes de la creación de Israel, estableció que todos los conocimientos y potencialidades que fuéramos capaces de desarrollar no sólo serían en beneficio propio, sino en beneficio de toda la humanidad.

Claro que debieron pasar poco más de cuatro décadas desde esa declamación y la realización del ideal sionista con la creación del Estado de Israel en 1948, cuatro décadas de enfrentar a los otomanos primero y a los ingreses luego. De nuevo la búsqueda de la libertad frente a los imperios.      

Definitivamente el Éxodo se ha convertido a través de tres milenios en la más importante exaltación de la libertad de todos los tiempos con influencias en grandes obras literarias, en la música  y también sucesos políticos de relevancia mundial: por ejemplo los EEUU a la hora de la creación de su escudo analizaron entre otras opciones textos bíblicos sobre la liberación de los judíos de Egipto ya que veían en la gesta del Myflower, el buque que llevó a los perseguidos religiosos de Europa a América en 1620, una similitud clara con el cruce de los judíos por el Mar Rojo liberándose del faraón.

También podemos establecer a partir de Pesaj que la libertad siempre triunfa, y que no existe corazón más duro ni tiranía más despótica que pueda con eso: el relato bíblico cuenta que el faraón negó a Moisés diez veces el derecho a que los judíos se vayan de Egipto y diez veces las plagas asolaron el Imperio hasta que finalmente los dejó partir.

Sin embargo, y con todo el significado que Pesaj adquiere para la humanidad, esta festividad ofrece a los judíos el principal de esos significados: la conversión de una idea en una ley escrita que no es otra que la Toráh (Biblia) en el monte Sinai. Con la aceptación el pueblo hebreo se compromete a preservar esa ley escrita a través de los tiempos.

También podemos establecer a partir de Pesaj que la libertad siempre triunfa, y que no existe corazón más duro ni tiranía más despótica que pueda con eso.

La Torah es sin dudas un faro moral que entre otras cosas estableció las primeras leyes para la guerra, el establecimiento del descanso semanal (shabat), definiciones sobre la alimentación (cashrut) y el yobel (jubileo)  un año sabático donde entre otros sucesos, los esclavos recuperaban su libertad.

En este contexto los judíos portamos la Torah, la misma que nos fue entregada en el monte Sinai de manos de Moisés luego de salir de Egipto y liberarnos del faraón, celebrando la libertad de nuevo en nuestros días y en forma ininterrumpida como hace casi cuatro milenios.

Como dicen los viejos sabios de mi sinagoga, nos esclavizaron, quisieron exterminarnos, no pudieron con nosotros, comamos entonces.

Jag a Pesaj Sameaj, que tengamos una fiesta de la libertad con alegría y bendiciones, y muy felices pascuas para la humanidad toda.  

Leshaná habá Birushalaim, el año próximo en Jerusalén.

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