Política

Guía para la derecha radical: Preparando la inminente circulación de las elites

La política sin teoría es ciega, las teorías sin grandes nombres que las pongan en práctica son impotentes.

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Parte 2: Pareto

La política es el arte de lo posible, y la teoría de las elites es perfectamente compatible dentro de un marco estructuralista. Las condiciones estructurales del momento político exacto en el que se da una circulación de elites son aquellas en las que es posible una transformación del orden político y hay que aprovechar ese momento. En 1905 no era el momento bolchevique, pero 1917 sí. Lenin reconoció que ese era el único momento en el que la revolución podía triunfar. Hoy se están presentando muchas oportunidades que la derecha radical podría aprovechar si estuviera mejor organizada, si formara una elite.

El elemento estructural clave para una revolución es que una sociedad se compone de una coalición de elementos dispares con intereses particulares; cuando se extienden las diferencias entre las élites gobernantes y las masas dominadas, explota la revolución. La razón por la que el régimen actual persiste es precisamente porque cumple sus promesas y obligaciones con suficientes partes de la elite gobernante coalicionada con la elite no gobernante, como para que una mayoría no pueda rebelarse. Una revolución requiere una elite dividida y rota, con intereses dispares, y que sea incapaz dentro del régimen de cumplir sus obligaciones con los participantes de su coalición. Y por supuesto, requiere una elite que la reemplace.

Wilfredo Pareto y su circulación de las elites nos ayuda a explicar las formas posibles para que la derecha radical logre reemplazar a las actuales elites.

Una revolución requiere una elite dividida y rota, con intereses dispares, y que sea incapaz dentro del régimen de cumplir sus obligaciones con los participantes de su coalición. Y por supuesto, requiere una elite que la reemplace.

La elite es siempre una pequeña minoría y está estratificada en: una «elite gobernante» (Joe Biden) y una «elite no gobernante» (Bill Gates, Jeff Bezos, Soros). Pareto afirma que: «La historia es el cementerio de las aristocracias«. Siempre, en toda sociedad hay una elite. El carácter de una sociedad es sobre todo el carácter de su elite; sus logros son los logros de su elite; su historia se entiende propiamente como la historia de su elite; las predicciones acertadas sobre su futuro se basan en las pruebas extraídas del estudio de la composición y la estructura de su elite. Así, llega a la misma conclusión que Mosca (ver https://faroargentino.com/2022/03/guia-para-la-derecha-radical/)

La elite de cualquier sociedad nunca es estática. Su estructura, su composición y la forma en que se relacionan con el resto de la sociedad cambian. Lo más evidente es que la elite cambia por la muerte de sus miembros individuales y su sustitución por otros individuos. Sin embargo, esto no tiene importancia en sí mismo. Si cada individuo muerto fuera sustituido por otro del mismo tipo, la elite como agrupación histórica permanecería inalterada. Lo que influye en el desarrollo social no es el mero cambio de individuos, sino el cambio en los tipos de individuos y en las relaciones de los distintos tipos entre sí y con el resto de la sociedad.

Siempre hay obstáculos que interfieren con la libre circulación de los individuos hacia arriba y hacia abajo en la escala social. Los principios especiales de selección, diferentes en las distintas sociedades, afectan a la composición de la elite, de modo que ésta ya no incluye a todas las personas más aptas para el gobierno. Las debilidades se instalan; y, al no ser compensadas por una circulación gradual, si van lo suficientemente lejos se corrigen bruscamente por medio de la revolución social; es decir, por la repentina intrusión en la elite de un gran número de individuos hasta ahora impedidos por los obstáculos de encontrar su nivel social natural. Ejemplos son todas las revoluciones sociales ocurridas en la historia.

Dado que nunca se encuentra una circulación perfectamente libre en función de la capacidad, no se asegura una sociedad sana y fuerte simplemente manteniendo la elite más o menos abierta. Las elites no conforman grupos completamente cerrados ni completamente abiertos. La conservación del poder requiere de la movilidad social pues esta es el medio más idóneo para contrarrestar, evitar y prevenir el surgimiento de todo tipo de revueltas sociales.

En tanto ocurre una permanente circulación de las elites, se mantiene con mayor robustez la concordia del sistema social porque esa circulación garantiza la movilidad ascendente de los mejores espíritus.

En tanto ocurre una permanente circulación de las elites, se mantiene con mayor robustez la concordia del sistema social porque esa circulación garantiza la movilidad ascendente de los mejores espíritus. La circulación de elites interviene, a la vez, en los cambios sociales porque lleva consigo, también, la circulación de las ideas. Queda el problema adicional del tipo de individuos admitidos o excluidos de la elite.

Según Pareto, los individuos se agrupan en clase I y II según sus sentimientos imperturbables, que terminan definiendo sus personalidades. En la circulación de las elites influyen estas dos clases.

Las elites de Clase I tienen una personalidad que podemos llamar “progresista”, son los «Zorros» de Maquiavelo. Viven de su ingenio y confían en el fraude, el engaño y la astucia. No tienen un fuerte apego a la familia, la Iglesia, la nación y las tradiciones (aunque pueden explotar estos apegos en otros). Viven en el presente, pensando poco en el futuro, y siempre están dispuestos al cambio, a la novedad y a la aventura. En los asuntos económicos, se inclinan por la especulación, la promoción y la innovación. No son adeptos, por regla general, al uso de la fuerza. Son inventivos y arriesgados.

Las elites de la Clase II tienen una personalidad “conservadora”, son los «Leones» de Maquiavelo. Son capaces y están dispuestos a utilizar la fuerza, confiando en ella más que en el cerebro para resolver sus problemas. Son patrióticos, leales a la tradición y están sólidamente ligados a grupos supraindividuales como la familia, la Iglesia o la nación. Se preocupan por la posteridad y el futuro. En materia económica son prudentes, ahorradores y ortodoxos. Desconfían de lo nuevo y alaban el «carácter» y el «deber» más que el ingenio.

La combinación social que es más fuerte contra los enemigos externos, y que al mismo tiempo es capaz de lograr un nivel interno de cultura y prosperidad material, es aquella en la que: (1) las masas (la no-elite) son conservadoras o de Clase II; (2) la elite tiene un porcentaje balanceado de progresistas o Clase I y conservadores o Clase II; (3) la elite es relativamente abierta, de modo que al menos puede ocurrir una circulación de la misma. El significado de esta combinación óptima es: (i) Las masas tienen fe en un mito o ideología integradora, un fuerte sentido de la solidaridad de grupo, una voluntad de soportar las dificultades físicas y el sacrificio. (ii) Los mejores y más activos cerebros de la comunidad se concentran en la elite, y están dispuestos a aprovechar cualquier oportunidad que la situación histórica les presente. Al mismo tiempo, la elite no es cínica, y no depende exclusivamente de su ingenio, sino que es capaz de ser firme, de utilizar la fuerza, si la condición interna o externa lo requiere. (iii) La elite se ve impedida de degenerar groseramente gracias a la capacidad de los nuevos elementos de ascender a sus filas. Sin embargo, una combinación de este tipo no suele durar mucho.

El patrón típico de desarrollo de las sociedades es: la elite se llena de Clase I, progresistas o zorros, pierde su fe, su auto identificación con el grupo; piensa que todas las cosas pueden resolverse mediante la astucia, el engaño, las combinaciones; ya no está dispuesta ni son capaces de utilizar la fuerza; y terminan alienando a las masas conservadoras. Hay dos finales posibles: puede ocurrir que la sociedad termine siendo conquistada por otra sociedad con elites Clase II dispuestas a usar la violencia; o se puede dar la situación que desde las masas conservadoras logra surgir una contra-elite (integrada por Clase II y facciones “desilusionadas” de la Clase I que se unen a ella) que la dirija para reemplazar a los progresistas, una revolución.

Los disidentes debemos aprender a no tratar de ganarles en su propio juego, en arenas en donde ellos son los que ponen las reglas.

Hoy estamos gobernados por élites de Clase I. No les importa nuestras tradiciones, nuestra religión, ni nuestro carácter étnico como Estado-nación. No están dispuestos a usar la violencia (sancionan a Rusia, pero no mandan tropas a Ucrania). La violencia es el arma cuando tienen clara ventaja, como en 1999 cuando la OTAN bombardeo indiscriminadamente a Serbia. Y están en clara oposición con sus gobernados, contra nosotros.

Los disidentes debemos aprender a no tratar de ganarles en su propio juego, en arenas en donde ellos son los que ponen las reglas (ver https://faroargentino.com/2022/02/consideraciones-tacticas-para-la-derecha-radical/). Tenemos suficientes gobernados, no-élite, descontentos, pero que no pueden hacer nada por su cuenta porque necesitan una elite. Nuevamente al igual que Mosca, Pareto nos dice lo que necesitamos hacer: tenemos que formar una contra-élite que lidere a las no-elites y desplace a la elite actual, la cual no sólo incluye a la gobernante sino muchos miembros de la no-gobernante que cooperan con ellos. Esta contra-elite tiene que ser en su mayoría de Clase II, conservadora, o para usar una terminología actual, de derecha radical, nosotros. Pero tiene que ser liderada por un gran nombre de Clase I.

Es también importante reconocer las realidades estructurales de la modernidad. Hay que desarrollar una teoría estructural del orden social que pueda explicar la realidad para formar a la contra-élite. La crueldad y la capacidad de organización son, por supuesto, una condición absolutamente necesaria para ser un operador político, pero no son condiciones suficientes para hacerse con el poder. La política sin teoría es ciega, las teorías sin grandes nombres que las pongan en práctica son impotentes. Por eso estoy escribiendo esta serie de artículos sobre la Teoría de las Elites para la derecha radical. El próximo artículo será Robert Michels y la ley de hierro de las oligarquías.

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