Cultura

Masacre en el comedor

Autor: Ceferino Reato. Editorial Sudamericana, 320 páginas

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Masacre en el comedor es el último libro de Ceferino Reato en el que relata pormenorizadamente el atentado que Montoneros realizó en el comedor de la Superintendencia de Seguridad de la Policía Federal el 2 de julio de 1976 y que dejó 23 muertos y 110 heridos. Se trata del mayor atentado perpetrado por la guerrilla de los 70, y el más letal ocurrido en Argentina hasta el ataque a la AMIA en 1994.

El arma elegida fue una “bomba vietnamita” que tenía, para ampliar el daño, caños rellenos con piezas de acero, y estaba diseñada para mutilar, clavar, cortar cuerpos, además de matar. Los jerarcas de Montoneros usaron esta bomba para destruir el comedor de la calle Moreno 1417 a una cuadra del Departamento Central de Policía, seis del Congreso y diez de la Casa Rosada, un viernes al mediodía. De los veintitrés muertos sólo dos eran oficiales y de baja graduación. Además murieron el encargado del comedor, el cajero, un mozo, un enfermero, un bombero, un suboficial retirado que trabajaba de repartidor de pan y una empleada de YPF. El propósito original era derribar todo el edificio, pero el terrorista infiltrado no logró sentarse en la mesa indicada. Es, además, el mayor atentado contra una dependencia policial en todo el mundo.

Una de las cuestiones clave que subyacen en el libro es cómo, teniendo el atentado todos estos condimentos y particularidades, se trata de un hecho olvidado por los medios, por los documentalistas, los historiadores y por la justicia.

Reato describe puntillosamente el diseño de la bomba pensada para matar a las personas del barrio, que acudían al comedor por ser sus precios populares y accesibles al bolsillo del trabajador. La eficiencia del plan terrorista obedece a la planificación del servicio de Inteligencia e Informaciones de Montoneros que se había convertido el año anterior, en 1975, en la guerrilla urbana más poderosa en toda la historia de América Latina.

Una de las cuestiones clave que subyacen en el libro es cómo, teniendo el atentado todos estos condimentos y particularidades, se trata de un hecho olvidado por los medios, por los documentalistas, los historiadores y por la justicia; ya que primero en 2006 y luego la Corte Suprema en 2012 rechazaron la denuncia y todas las instancias judiciales coincidieron en que el ataque no debía ser ni siquiera investigado. Reato ensaya varias explicaciones para entender el manto de silencio sobre la masacre, parte de las cuales se relacionan con el poder que tiene el relato oficial sobre los 70, que enaltece a los guerrilleros, transformándolos en defensores de los derechos humanos. 

El análisis del atentado denota una paradoja que contradice el discurso setentista: los guerrilleros que participaron en el ataque venían de familias más adineradas que sus víctimas. El autor material del ataque fue José María Salgado, alias “Pepe”, un joven de clase media alta del norte del Gran Buenos Aires, estudiante de Ingeniería Electrónica, que había pedido, a través de las gestiones de un comisario amigo de su padre, ser agente regular de la fuerza mientras respondía a las directivas de Walsh. El de Salgado es un caso entre muchos de su tipo. Criado en una familia de clase alta y educado en una sólida fe católica, se convirtió en un peronista de izquierda fanático de la violencia política, alguien que decide matar a sangre fría a personas indefensas, a muchas de las cuales conocía por cercania o laboralmente.

Salgado era un activo del servicio de Inteligencia e Informaciones a cargo de Rodolfo Walsh. Y es que Walsh tenía, entre sus misiones, la de cooptar y gerenciar a los infiltrados que Montoneros tenía en las fuerzas armadas y de seguridad. Buscaba jóvenes que eran hijos de generales, de comisarios, de personal superior de la Fuerza Aérea, de la Marina, entre ellos, Salgado. 

Acierta Reato al considerar a Walsh como la mente más lúcida y prolífica de la guerrilla argentina ya que le adjudica ese magistral giro narrativo que abrazan las organizaciones terroristas: la consigna de los derechos humanos.

El libro se detiene en el rol de Walsh dentro del servicio de Inteligencia e Informaciones de Montoneros. Reato avanza sobre un tema tabú del periodismo desde 1983 en adelante: la descripción de Walsh como un activo terrorista y no como un escritor comprometido y soñador. El autor muestra la importancia de Walsh, alias Esteban, en tareas de espionaje, reclutamiento, análisis de información, y diseño de campañas. Sería el ideólogo, tiempo después, de la adopción estratégica de la bandera de los Derechos Humanos.

Acierta Reato al considerar a Walsh como la mente más lúcida y prolífica de la guerrilla argentina ya que le adjudica, justamente, ese magistral giro narrativo que abrazan las organizaciones terroristas: la consigna de los derechos humanos que enarbolaron con visión táctica, y que fue la que permitió la reescritura de la historia y convirtió a un terrorista despiadado como Walsh, en un inofensivo escritor al que le han dedicado cátedras, premios, centros de salud, escuelas, calles, plazoletas y monumentos.

El ataque al comedor alejó todo atisbo de moderación en las FFAA. El libro invita a pensar en esta escalada, producto de la destreza maligna de Walsh, como el hecho que desquició a las Fuerzas Armadas y de Seguridad, un golpe demoledor al ego de la Policía. 

Masacre en el comedor tiene dos fuertes atractivos, uno es el detalle pormenorizado de un atentado invisibilizado y negado que sin embargo explica la escalada del combate que lo sucedió. El otro es describir la complejidad de uno de los personajes clave del accionar de la guerrilla que, curiosamente, logró reinventarse y pasar a ser admirado por la intelectualidad y el arco político argentino. Arco político tan dado a la superficialidad y a la mascarada hipócrita que hasta lo homenajeó con una estación de subte a pocas cuadras del lugar donde masacró a 23 personas. La “Estación de subte Rodolfo Walsh- Entre Ríos”, fue aprobada por la Legislatura porteña en forma unánime, siendo mayoría el PRO. Posiblemente esta muestra de ignorancia y cinismo explique la ruina y la decadencia argentinas.

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