Política

Guía para la derecha radical

El crecimiento de nuevas fuerzas sociales y el declive de las viejas fuerzas está en general correlacionado con el constante proceso de cambio y dislocación de la clase gobernante. Este es el período en el que nos encontramos. Las elites gobernantes han demostrado que están en contra de nosotros, los gobernados.

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Formando una nueva clase gobernanate. Teoría de las Elites, Parte 1: Mosca

¿Es posible que la derecha radical se imponga a la élite globalista? Este es un tema que preocupa a algunas de las mejores mentes independientes de nuestro tiempo. Hemos visto varios intentos prometedores de movimientos populares de derecha contra las elites globalistas. Algunos han terminado en derrota (Brexit y Trump), otros están inseguros (“1776 Project Pac”, la organización de padres contra el adoctrinamiento escolar en Estados Unidos), otros han ido cambiando de posición (Boris Johnson). Hay una tensión creciente en muchas sociedades, pero esto en sí mismo no aumenta las posibilidades de victoria. Incluso algunos pueden pensar que las elites actuales están fortaleciendo su control sobre el poder.

Donde hay tanta incertidumbre, el espacio se llena rápidamente de rumores, fantasías y hasta conspiraciones; esto impide el crecimiento de la resistencia y, paradójicamente, refuerza la errónea idea que las elites actuales son omnipotentes. No lo son.

La cuestión de las élites es uno de los temas políticos más importantes de nuestro tiempo; quizás la pregunta más importante de todas. Desde el punto de vista de la Teoría de las Elites, una sociedad es producto de su clase gobernante. La fuerza o la debilidad de una nación, su cultura, su capacidad de resistencia, su prosperidad, su decadencia, dependen en primer lugar de la naturaleza de su clase gobernante. En particular, la manera de estudiar una nación, para comprenderla, para predecir lo que le sucederá, requiere en primer lugar y principalmente un análisis de su elite gobernante. La historia política y la ciencia política son, por tanto, predominantemente la historia y la ciencia de las elites, su origen, desarrollo, composición, estructura y cambios. Por eso no resulta extraño – para los que leímos a Mosca, Pareto y Michell – que nuestras sociedad actuales implementen medidas insanas y anormales como el aborto o la sexualización infantil. Nos debemos el conocimiento exhaustivo de la Teoría de las Elites para la derecha radical.

Sin embargo, sabemos poco acerca de las élites actuales. Tenemos muchos datos estadísticos sobre cuánta riqueza se concentra en el estrato más alto y cuánto pertenece al 1% o 3% más rico, sabemos nombres de gobernantes, empresarios, financistas, organizaciones, pero no tenemos una imagen muy realista de ¿Cómo funciona una elite?

Donde hay tanta incertidumbre, el espacio se llena rápidamente de rumores, fantasías y hasta conspiraciones; esto impide el crecimiento de la resistencia populista y, paradójicamente, refuerza la errónea idea que las elites actuales son omnipotentes. No lo son.

No estamos completamente ciegos. La teoría política tiene muchas ideas, no sólo sobre el funcionamiento de las elites, sino también sobre cómo han evolucionado con el tiempo hasta su forma actual. Gaetano Mosca publicó su brillante análisis “La clase política” en 1896, y fue el primer científico social que desarrolló una teoría moderna de las «elites» o de la «clase política». Por eso es completamente lógico comenzar esta serie de artículos sobre Teoría de las Elites con él, para dar herramientas teóricas a la derecha radical.

Sin una elite organizada, una masa de personas por más genuinos que sean sus reclamos, solo son un motín. Es lo que le ocurrió a los manifestantes que ingresaron al Capitolio el 6 de enero de 2021 para reclamar por la validez de las fraudulentas elecciones presidenciales estadounidenses del 2020.

Mosca fue un jurista y político italiano, conocido por su concepto innovador de la clase politica, a la que formula como clase dirigente. Sostiene la tesis de que la existencia de una clase gobernante minoritaria es una característica universal de cualquier sociedad, independientemente que sea feudal, capitalista, esclavista, colectivista, monárquica, oligárquica o democrática, sean cuales sean las constituciones y las leyes, sean cuales sean las profesiones y las creencias.

Hay dos errores comunes en la creencia popular y en las ciencias sociales. Primero, que la sociedad puede ser gobernada por un solo individuo. “Pero —observa Mosca— el hombre que está a la cabeza del Estado no podría ciertamente gobernar sin el apoyo de una clase numerosa que imponga el respeto a sus órdenes y las haga cumplir; y concediendo que pueda hacer sentir el peso de su poder a un individuo, o incluso a muchos individuos, de la clase dirigente, no puede ciertamente estar en desacuerdo con la clase en su conjunto ni suprimirla. Incluso si eso fuera posible, se vería obligado a crear de inmediato otra clase, sin cuyo apoyo la acción por su parte quedaría completamente paralizada.”

El otro error, típico de la teoría democrática, es que las masas, la mayoría, pueden gobernarse a sí mismas. “… [E]l dominio de una minoría organizada, que obedece a un impulso único, sobre la mayoría no organizada es inevitable. El poder de cualquier minoría es irresistible frente a cada individuo de la mayoría, que se encuentra solo ante la totalidad de la minoría organizada. Al mismo tiempo, la minoría está organizada por la misma razón de ser una minoría. Cien hombres que actúen uniformemente de forma concertada, con un entendimiento común, triunfarán sobre mil hombres que no están de acuerdo y que, por tanto, pueden ser tratados uno por uno. Mientras tanto, será más fácil para los primeros actuar de forma concertada y tener un entendimiento mutuo simplemente porque son cien y no mil. De ello se desprende que cuanto más grande sea la comunidad política, menor será la proporción de la minoría gobernante con respecto a la mayoría gobernada, y más difícil será para la mayoría organizarse para reaccionar contra la minoría.”

Sin una elite organizada, una masa de personas por más genuinos que sean sus reclamos, solo son un motín. Es lo que le ocurrió a los manifestantes que ingresaron al Capitolio el 6 de enero de 2021 para reclamar por la validez de las fraudulentas elecciones presidenciales estadounidenses del 2020.

La inevitabilidad de la existencia de una elite también ocurre y a la perfección en el sistema representativo. Dice Mosca: “Cuando decimos que los votantes ´eligen´ a su representante, estamos utilizando un lenguaje muy inexacto. La verdad es que el representante se ha hecho elegir por los votantes, y, si esa frase pareciera demasiado inflexible y demasiado dura para ajustarse a algunos casos, podríamos matizarla diciendo que sus amigos lo han hecho elegir. En las elecciones, como en todas las demás manifestaciones de la vida social, los que tienen la voluntad y, sobre todo, los medios morales, intelectuales y materiales para imponer su voluntad a los demás, toman la delantera a los otros y los mandan.” Así que incluso para los más fervientes creyentes en el electoralismo, como para el republicanismo, la formación de una elite es perfectamente inevitable.

“Cuando se trata de muchas voluntades, la elección está determinada por los más diversos criterios, casi todos ellos subjetivos, y si esas voluntades no estuvieran coordinadas y organizadas sería prácticamente imposible que coincidieran en la elección espontánea de un individuo. Por lo tanto, para que su voto tenga alguna eficacia, cada votante se ve obligado a limitar su elección a un campo muy estrecho, es decir, a una elección entre las dos o tres personas que tienen alguna posibilidad de triunfar; y los únicos que tienen alguna posibilidad de triunfar son aquellos cuyas candidaturas son defendidas por grupos, por comités, por minorías organizadas.” Organización ES oligarquía (este punto retomaré en las siguientes entregas cuando trate Robert Michels).

¿Cómo se compone la elite?

Dentro de la clase dirigente, suele ser posible distinguir aproximadamente dos estratos: un grupo muy reducido de «líderes principales», que ocupan entre ellos las posiciones más altas y claves de la sociedad; y un grupo mucho más amplio de figuras secundarias -una «clase media», como podría llamarse adecuadamente- que, aunque no son tan prominentes ni están tan en el centro de atención, constituyen los directores activos del día a día de la vida comunitaria. Así como Mosca cree que el líder supremo individual no es importante para el destino de una sociedad, comparado con la clase dirigente, también cree que este nivel secundario de la clase dirigente es, al menos a largo plazo, más decisivo que el superior.

La gran masa de la humanidad no deja constancia de sí misma, salvo en la medida en que se expresa o es dirigida por personas destacadas y notables. Incluso si la teoría decidiera que, en última instancia, los movimientos de las masas son la causa de lo que ocurre en la historia, estos movimientos sólo alcanzan importancia histórica cuando alteran las principales instituciones y dan lugar a cambios en el carácter y la composición de la clase gobernante. ¿Por qué fracasó Trump? Porque no cambió el carácter ni la composición de la elite, no “drenó el pantano” dicho en sus propios términos; que es básicamente lo que dice Mosca que se debe hacer.

¿Cuáles son las cualidades de la clase gobernante?

Las cualidades como: la capacidad de trabajo duro, la ambición (la virtù de Maquiavelo), cierta insensibilidad, suerte en el nacimiento y las circunstancias, son las que ayudan a la pertenencia a cualquier clase gobernante en cualquier momento de la historia. Sin embargo, “… Si se quiere gobernar a los hombres, más útil que el sentido de la justicia —y mucho más útil que el altruismo, o incluso que la extensión de conocimientos o la amplitud de miradas— son la perspicacia, la rápida intuición de la psicología individual y de las masas, la fuerza de voluntad y, sobre todo, la confianza en uno mismo. Con razón Maquiavelo puso en boca de Cosimo di Medici la tan citada observación de que los Estados no se gobiernan con libros de rezos”. No obstante lo cual, no es ser inmoral sino astuto. Nuestro objetivo no es simplemente ganar el poder y conservarlo, no es sólo gobernar; nuestro objetivo es reemplazar a la elite actual y al sistema por uno verdaderamente moral.

¿Cuál es el carácter de la elite?

Los distintos sectores de la clase gobernante expresan o representan o controlan o dirigen lo que Mosca llama fuerzas sociales que varían continuamente en número e importancia. Por “fuerzas social” Mosca se refiere a cualquier actividad humana que tenga una influencia social y política significativa. Todas ellas —guerra, religión, tierra, trabajo, dinero, educación ciencia, habilidad tecnológica— pueden funcionar como fuerzas sociales si una sociedad se organiza en términos a ellas.

Una elite gobierna sobre una sociedad determinada precisamente porque es capaz de controlar las principales fuerzas sociales que actúan en esa sociedad. Si una fuerza social -la religión, por ejemplo- disminuye en importancia, entonces la sección de la clase gobernante cuya posición dependía del control de la religión también disminuye en importancia durante un período. Si toda la clase gobernante se hubiera basado principalmente en la religión, entonces toda la elite cambiaría su carácter (si fuera capaz de adaptarse a las nuevas condiciones) o (si no pudiera adaptarse) sería derrocada, y eso sería una revolución.

Del mismo modo, si se desarrolla una nueva fuerza social importante –por ejemplo, la ciencia-, entonces la clase gobernante existente debería demostrar ser lo suficientemente flexible como para ganar el liderazgo sobre esta nueva fuerza (en parte, absorbiendo nuevos miembros en sus filas); o, si no lo hace, el liderazgo de la nueva fuerza crece fuera de la vieja clase, y con el tiempo constituye una amenaza revolucionaria contra la vieja clase gobernante, desafiándola por el poder social y político supremo. Por lo tanto, el crecimiento de nuevas fuerzas sociales y el declive de las viejas fuerzas está en general correlacionado con el constante proceso de cambio y dislocación de la clase gobernante. Este es el período en el que nos encontramos. Las elites gobernantes han demostrado de manera concluyente que están en contra de nosotros, los gobernados. Estamos gobernados por nuestros enemigos que tienen la intención de quitarnos nuestra libertad civil, reemplazar la verdad con su propaganda egoísta, controlarnos, adoctrinarnos y matarnos y herirnos con tratamientos experimentales. Y son intransigentes por lo tanto es el momento de la formación de nuevas fuerzas sociales, de la nueva elite que debe reemplazar a los globalistas.

¿Cuál es la fómula política?

Una clase gobernante expresa su papel y su posición a través de lo que Mosca llama una fórmula política. Esta fórmula racionaliza y justifica su dominio y la estructura de la sociedad sobre la que gobierna, es el mito en el que se basa la legitimidad de la clase gobernante. Actualmente es la creencia en “la voluntad del pueblo” expresada a través de algún tipo de sufragio.

La integridad de la fórmula política es esencial para la supervivencia de la sociedad, para mantenerla unida. Un escepticismo generalizado sobre la fórmula con el tiempo desintegra el orden social. Es por esta razón, que todas las sociedades fuertes y lóngevas han apreciado sus tradiciones (Roma, China, Japón). Todas han sido muy lentas en cambiar las viejas fórmulas, las costumbres, las histórias y los rituales consagrados por el tiempo.

¿Cuáles son las leyes de surgimiento de la clase gobernante?

Mosca distingue dos “principios” y dos “tendencias”. Los “principios” son la forma de selección de los gobernantes; mientras que las “tendencias” son de dónde se eligen los gobernantes.

El principio «autocrático» puede distinguirse del principio «liberal». Estos dos principios regulan, en general, el método de elección de los funcionarios del gobierno y de los líderes sociales. En cualquier forma de organización política, la autoridad se transmite desde arriba hacia abajo en la escala política o social [el principio autocrático], o desde abajo hacia arriba [el principio liberal]. Ninguno de los dos principios viola la ley general de que la sociedad se divide en una minoría que gobierna y una mayoría que es gobernada; el principio liberal no significa, por mucho que se extienda, que las masas gobiernen de hecho, sino que simplemente da una forma particular a la selección del liderazgo. En la mayor parte de los casos los dos principios operan solos adentro de una clase gobernante, con uno u el otro más dominante.

Las actividades autodestructivas de las elites globalistas (la cancelación social y mediática, la represión a la disidencia, las restricciones a las libertades) van a continuar hasta el punto en el que el cambio sea posible. ¿Quién estará entonces mejor preparado para aprovechar la situación? La derecha disidente, si entiende cómo funciona el poder.

La distinción que hace Mosca entre las tendencias «aristocráticas» y «democráticas» es independiente de su distinción entre los principios autocráticos y liberales. Aristocrático y democrático, tal como Mosca utiliza los términos, se refieren a las fuentes de las que proceden los nuevos miembros de la clase gobernante. «El término ‘democrático’ parece más adecuado para la tendencia que pretende reponer la clase gobernante con elementos procedentes de las clases inferiores, y que siempre actúa, de forma abierta o latente y con mayor o menor intensidad, en todos los organismos políticos. ‘Aristocrática’ llamaríamos a la tendencia opuesta, que también es constante y varía en intensidad, y que pretende estabilizar el control social y el poder político en los descendientes de la clase que resulta estar en posesión del mismo en un momento histórico determinado.»

Las actividades autodestructivas de las elites globalistas (la cancelación social y mediática, la represión a la disidencia, las restricciones a las libertades) van a continuar hasta el punto en el que el cambio sea posible. ¿Quién estará entonces mejor preparado para aprovechar la situación? La derecha disidente, si entiende cómo funciona el poder.

Mosca es sólo el principio, siguen Pareto y Michels; para los que quieran prepararse para el tiempo de cambio que se avecina.

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