Política

CAMBIEMOS: 111 votos, impunidad & traición

La supuesta grieta ha sido la estafa política más inteligente del establishment desde 1983 en adelante.

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El elefante en la habitación: propuestas para el estudio de la institución presidencial en la Argentina” es un texto del politólogo argentino Martín Alessandro que solía usar en mis clases de Administración Pública para ilustrar un punto: en un país hiperpresidencialista todos hablamos del poder ejecutivo, pero en la práctica desconocemos como realmente funciona. Sus secretarías y subsecretarías, el manejo de su presupuesto asignado, la nómina genuina de visitas (recordemos los escándalos de Macri y Fernández con este tema), la libertad de designación de funcionarios en la burocracia nacional, etc., se encuentran detrás de una niebla que toleramos quizá como un resabio de la genética monárquica que heredamos tanto de los originarios como de los migrantes que poblaron estas tierras.

Sin embargo, es un error pensar que el resto del ámbito político es menos oscuro. Como en un juego de sombras chinas; como en un recordatorio de la platónica alegoría de la caverna, lo que llega a los medios de prensa y es conocido por la ciudadanía de a pie, son sólo destellos que escapan (o se les permite escapar, mejor dicho) de las salas de reunión en donde verdaderamente se decide el destino de millones.

Lo más probable es que el “bloque opositor” esté enfocando su mensaje hacia un lugar distinto que el de sus votantes. Y aquí la cosa se pone interesante. A esta hipótesis la denominaría: “el traje anticipado”.

Los astrofísicos suelen utilizar aproximaciones para intentar develar la presencia de cuerpos celestes a los que no pueden observar de forma directa. Alguna elíptica extraña o el desvío inexplicable de un haz de luz, facilitan la elaboración de hipótesis que podrían dar cuenta de la existencia de aquello desconocido. Los que hacemos análisis político real (es decir, los que no leemos una gacetilla pre formateada a cambio de un sobre) debemos muchas veces conjugar datos concretos con esa misma técnica de “observación” por aproximaciones para lograr entender y explicar qué es lo que hacen realmente aquellos que nos dirigen y lo que es más importante: por qué lo hacen.

En la mañana del viernes posterior a la aprobación del proyecto de acuerdo con el FMI que dio la Cámara de Diputados de la Nación, recibí el llamado de una persona que me hizo la pregunta que inspira esta nota: ¿Por qué Juntos por el Cambio sobrepasó en cantidad de votos positivos a la propia coalición gobernante? ¿Por qué no hacerlo con lo justo y al menos simular algo más de disidencia? ¿Por qué cargarse sobre los hombros de manera tan contundente un acuerdo que a las claras impactará preferentemente sobre sus votantes?

Los análisis realmente interesantes parten de buenas preguntas y estas lo son.

La famosa “Navaja de Ockham” invita a resolver las intrigas a partir de la hipótesis más sencilla. En este caso podría pensarse que a nadie se le ocurrió extremar una disidencia controlada dentro del propio bloque y permitirle al votante cambiemita indignarse con algunos y gratificarse con otros, logrando que al menos el fiel de la balanza quede empatado y con esa inclinación tan argenta al olvido, en un par de semanas (¿por qué no días?) el amor por “ese lado de la grieta” se reestablezca en los niveles previos a la votación. Llamaría a esta: “la hipótesis de la zoncera”. En lo cierto, hace décadas que dentro del Congreso dejaron de existir operadores de la talla de los Jaroslavsky (millenials: Google) y su reemplazo de facto por copias berretas como la diputada Lospennato, bien podrían explicar la brutalidad con la que la bancada se expresó.

¿a quién le habla Juntos por el Cambio cuando inclina 111 votos (contra 76 del propio gobierno) a favor del acuerdo? ¿por qué parece no preocuparle volver a golpear a sus votantes justamente en la víscera que más duele de forma tan evidente?

También es cierto que un voto en disidencia podría ser leído como una muestra de debilidad. Y si bien hay algo de ganancia en mostrar que no sólo Ricardo López Murphy o los ausentes Iglesias, Maquieyra, Sánchez y Stefani, son capaces de no acompañar este dislate contra la clase media, lo más probable es que el “bloque opositor” esté enfocando su mensaje hacia un lugar distinto que el de sus votantes. Y aquí la cosa se pone interesante. A esta hipótesis la denominaría: “el traje anticipado”.

De esta sub-hipótesis se desprenden entonces otras preguntas: ¿a quién le habla Juntos por el Cambio cuando inclina 111 votos (contra 76 del propio gobierno) a favor del acuerdo? Y de forma concomitante, ¿por qué parece no preocuparle volver a golpear a sus votantes justamente en la víscera que más duele de forma tan evidente?

Fallecido Néstor el 27 de octubre de 2010, gran parte del peronismo nacional y provincial, comenzó a soñar con una transición que dejara al apellido Kirchner en el olvido. Y si bien prácticamente nadie lo asumiría en voz alta, muchas voces de poder de aquél entonces instaron a Daniel Scioli, previo a aquél acto de Huracán de marzo de 2011, a ser el protagonista de la elección que habría de ocurrir en octubre de ese año. Recordemos que en aquel momento el pejotismo (tan afecto a acompañar a sus líderes siempre sólo hasta la puerta del cementerio) venía de la primera histórica pueblada en la que Campo y Ciudad habían logrado ponerse de acuerdo (La memorable 125 del reconvertido Martín Lousteau de 2008) y de la derrota humillante de 2009 en la Provincia de Buenos Aires frente a la alianza de Macri, Solá y De Narváez: tres “carapálidas” como se les dice en el lodazal de la política conurbanense a los que se atreven a desplegar el paracaídas en territorio de los famosos Barones.

Así las cosas, el 2011 no parecía promisorio para nadie y, como dicen en el Círculo Rojo, cualquier cosa es mejor que el llano. El por qué Scioli no aceptó la propuesta y el cómo finalmente Cristina Kirchner logró su memorable 54% que la llevó a pensar en el “Cristina Eterna” son otra historia; del mismo modo que es otra historia descubrir cómo Sergio Massa pasó de ser en 2013 el freno fáctico a esa eternidad soñada por la actual vicepresidenta a rifarse su carrera política siendo parte hoy del peor gobierno desde la vuelta de la democracia.

Desde entonces, sin embargo, la tentación de enterrar el proyecto político nacido con la llegada de los santacruceños en 2003 ha sumado adeptos en prácticamente todos los rellanos de poder real que aun subsisten en este país arrasado en el que vivimos. Por tanto, que en los entretelones de la votación de esta semana se haya colado alguna especie de acuerdo entre los “moderados” de ambos lados de la falsaria grieta resulta más que razonable. Un kirchnerismo acorralado en el rincón del extremismo (como si alguna vez hubiesen sido realmente otra cosa), con segundas líneas que jamás han logrado imponerse como alternativas tentadoras de poder y sin recursos para rifarse en la parafernalia populista, son un bocatto di cardinale que el paladar del establishment no se puede perder.

Que en los entretelones de la votación de esta semana se haya colado alguna especie de acuerdo entre los “moderados” de ambos lados de la falsaria grieta resulta más que razonable.

De ser el caso, la contundencia de los 111 votos no es más que la señal de fuerza que quienes empiezan a probarse el traje de oficialismo para 2023, envían a los factores del poder real que rige este país de espaldas a la Constitución. No debiera sorprender tampoco que, en los próximos meses, si este análisis es correcto, segundas o terceras líneas de la actual oposición comiencen a tomar lugares de poder inexplicablemente cedidos por el albertismo (si es que existe algo como esto último) o que el cruce entre Horacio Rodríguez Larreta y Wado de Pedro por la Coparticipación, se cierre de facto con muchas sonrisas, flashes y un gran apretón de manos en los próximos días.

Empezar a mostrar gobernabilidad dos años antes de asumir puede resultar útil, sobre todo, si se considera que en Argentina los verdaderos gobernantes jamás pasan por las urnas. Cuanto más tiempo tengan los sindicatos, movimientos sociales, empresarios prebendarios y medios de comunicación para acomodarse a un nuevo statu quo, menor será la ridiculez de la pirueta en el aire que deban ejercer cuando toque el turno y, por ende, menor será el costo para los unos y los otros el día después. Si ese fuese el escenario, la contundencia del voto cambiemita estaría plenamente justificado con la intención de mostrarles a todos aquellos que el primer factor de gobernabilidad, ese que estuvo ausente en la fatídica Alianza que llevó a De la Rua de paseo en helicóptero, ya está presente: la unión de los diferentes.

De seguir este planteo lo que queda pendiente sería poder explicar por qué aquellos que traicionan a sus votantes pueden hacerlo tan impunemente. Y aquí no vale el argumento galletital que proviene de afirmar que “el default era peor para todos”, porque eso oculta el hecho de que es posible honrar el compromiso internacional sin al mismo tiempo terminar de destrozar al sector privado con el impuestazo que el proyecto oculta. Por supuesto, esto implicaría enfrentar a esos factores de poder que mencionaba anteriormente. El no haber pedido el cierre definitivo de esa abominación absurda que es Aerolíneas Argentinas es un buen ejemplo para ilustrar este punto. Y, como ya sabemos en estas pampas, eso es algo que el cuerpo político no está dispuesto hacer.

La contundencia del voto cambiemita estaría plenamente justificado con la intención de mostrarles a todos aquellos que el primer factor de gobernabilidad está presente: la unión de los diferentes.

Permítaseme recurrir a una anécdota reciente para explicar esta última consideración. El último 4 de marzo, durante el “día mundial de la obesidad”, la ex gobernadora de la provincia de Buenos Aires, María Eugenia Vidal, lanzó un posteo en redes haciendo alusión a sus “problemas” de peso. Teniendo en cuenta que el 72% de los chicos en la Provincia de Buenos Aires son pobres y que, por ende, su acceso a proteínas de calidad (fundamentales para su desarrollo cognitivo) es sumamente limitado cuando no nulo, me permití criticarla abiertamente por lo que consideré una frivolidad solo orientada a victimizarse y legitimarse frente a propios y ajenos. La reacción fue inmediata: en todas mis redes recibí ataques de cambiemitas que me hablaban de Scioli y de Kicillof; que me preguntaban desde cuando “cobro de los K” y por qué le “obedezco a la jefa Cristina”. Lo paradójico del caso, es que cualquiera de ellos pudo situar en Google mi nombre (siempre firmo lo que publico con mi nombre y apellido real) y notar que tengo no menos de ciento diez notas publicadas en medios nacionales criticando al kirchnerismo, lo mismo que podrían haber scrolleado mínimamente mi propio muro para notar miles de posteos en la misma línea. Sin embargo, nada de eso es suficiente. Y ese es el poder de “la grieta”.

La supuesta grieta ha sido la estafa política más inteligente del establishment desde 1983 en adelante. La tentación de entender la realidad desde categorías dicotómicas se asienta en procesos cognitivo-biológicos esenciales lo cual hace la propuesta no sólo eficiente sino hasta casi adictiva. Como bien saben los neurólogos, el cerebro es una máquina maravillosa, pero al mismo tiempo sumamente dependiente del consumo de energía. De media un humano adulto consume diariamente 2.000 kilocalorías. Una cuarta parte, 500 kilocalorías, se dedican al funcionamiento del cerebro. El modo en que nuestra mente compensa ese consumo elevado (pensemos que un órgano muy pequeño se lleva el 25% de nuestro gasto energético total) es asumiendo rutinas y simplificando al extremo nuestra interfaz diaria con el mundo real. O dicho en criollo: la mayoría de lo que hacemos para vivir siquiera es necesario pensarlo una vez que fue aprendido. La grieta es justamente eso.

Para el votante argentino medio (el que define elecciones) el espectro político se divide en kirchnerismo y antikirchnerismo. E intentar sacarlo de esa ilusión supina es tan violento para él como si quisiéramos que todas las personas fuesen de golpe conscientes de cada movimiento que hacen desde que se levantan hasta que se van a acostar nuevamente. Insoportable.

La casta política (como dicen hoy día) está plenamente consciente de esta fórmula mágica y se esconde en ella al momento de hacer todo aquello que quieren hacer, incluso cuando esto termine por destrozar la vida de sus propios votantes. Por tanto, aquello que explica que el cambiemismo no se haya siquiera escondido un poco al momento de votar este ajuste brutal sobre los privados es el hecho de que saben perfectamente que en 2023 bastará con ofrecer un antikirchnerismo estético para volver a ocupar el sillón de Rivadavia. “¿O querés que vuelvan los K?”, dirán Mabel y Raúl cada vez que alguien los interpele.

Por último, algunas consideraciones sueltas: volviendo a la imagen del cerebro, vale decir que sí hacemos consciente algún proceso diario cuando éste falla o no es suficiente. Algo similar ocurre con el estómago. Órgano del que rara vez tenemos consciencia salvo de que esté vacío o duela. En ese sentido, el único riesgo a la estrategia cambiemita proviene de que el deterioro económico e institucional de los próximos dos años se salga de cause y entonces sí el votante medio comience a interpelarse si no fueron también aquellos de “la oposición” los responsables de su sufrimiento actual. En ese lugar, la carta que se ha guardado el establishment es la supuesta disconformidad con el acuerdo de Mauricio Macri (que días antes dejó filtrar su repentina salida de un zoom en el que se discutía la cuestión).

Mateo 19, 12: “El que quiere entender, que entienda”.

¿Y el kirchnerismo? Si el planteo hipotético desarrollado es el correcto, lo lógico es que todo el establishment aproveche la ocasión para limarlo, pero sin terminar de matarlo jamás. El miedo a su regreso triunfal es tan funcional a todos que perderse semejante herramienta sería un pecado que difícilmente se cometa. ¿Quiere decir eso que no pueden volver?

“No sé, Pibe. A los muertos yo los cuento fríos”, diría un viejo político que entiende algo de todas estas cosas.

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