Política

Horacio Rodríguez Larreta: ¿Mozart o Salieri?

No hacer olas. No pelearse con nadie. No tocar nada, mucho menos los intereses del statu quo kirchnerista.

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Los últimos años pusieron fin a una serie de máximas que esgrimían politólogos y analistas mediáticos con entusiasmo de predicador: “el presidente argentino tiene que ser un líder fuerte y personalista”, “sólo un radical o un peronista pueden ser presidentes”, “El presidente tiene que haber sido gobernador y manejar la provincia de Buenos Aires”.

La llegada a la presidencia de Alberto Fernández terminó con muchas certezas que ya habían empezado a perder sentido en 2015. Hoy sabemos que cualquiera puede ser presidente, que no hace falta vocación, preparación, sentido común, trayectoria ni siquiera caja. Basta con estar en el momento preciso, en el lugar indicado y en la agenda correcta.

Un presidente que no pertenezca al PJ se enfrentará, casi con seguridad, a los embates de la Argentina corporativa profunda y de manera destemplada.

Posiblemente por esto, sólo se realiza un escrutinio intenso sobre aquellos candidatos que no están en el corazón de la corporación política y existen dudas sobre que puedan, o quieran, garantizar la continuidad del circuito de privilegios que sostiene el sistema. En ese marco, no es mucho lo que se analiza públicamente sobre las ideas y estrategias de Horacio Rodríguez Larreta (HRL). Y es que hay pocos candidatos más cercanos y confiables que el Jefe de gobierno porteño para las corporaciones que gobiernan el país.

Pero no todo es tan sencillo como querer ser presidente y luego, simplemente, serlo. También sabemos que una parte importante del votante no peronista es un poco más exigente. Sobre todo, porque un presidente que no pertenezca al PJ se enfrentará, casi con seguridad, a los embates de la Argentina corporativa profunda y de manera destemplada. Por eso, en su programa informal, tiene que mostrar fortaleza, experiencia ante la adversidad y alguna voluntad de cambio probada para enfrentar un escenario, tan probable como el calor del verano.    

Pese a las ambiciones e importancia política de HRL, los medios de comunicación han sido bastante condescendientes con su figura y no se escuchan preguntas que lo saquen del coucheo diario. Entonces ¿qué puede decirnos un análisis más puntual de estos dos años de liderazgo larretista?

Un poco de historia

Desde antes de que el PRO surgiera como partido de gobierno en la GCBA, HRL estuvo a la sombra de Macri. Eso se vio particularmente en las recordadas PASO en las que compitió con Gabriela Michetti. Aquella vez fue el peso del trío Macri-Duran Barba-Peña el que le dio el trabajado triunfo.

Su acceso a la Jefatura de gobierno porteña tampoco fue sencillo y no es exagerado atribuirlo más a la ola macrista de ese año, que al aporte efectivo del candidato. Hay que recordar que derrotó con susto a Martín Lousteau en un balotaje que se definió en los últimos días de campaña.

La primera gestión de HRL continuó la inercia de la precedente y tuvo a su favor una decisiva presencia en obras públicas por el poco disimulado apoyo de Macri y Dietrich desde el gobierno nacional. La reelección se dio en el marco de una coyuntura electoral totalmente nacionalizada en torno a la figura de Macri y, lo cierto es que, hasta 2019, HRL no estuvo expuesto a liderar un proyecto sin nadie más que se hiciera cargo de aciertos y errores.

¿Un estratega electoral?

En 2021 llego la primera prueba de fuego. Sobre los resultados electorales del año pasado se habló mucho. Como todo balance, depende quien lo haga y por dónde se lo mire. Por ejemplo, una visión podría ser que Larreta cumplió sus objetivos al ganar las dos elecciones que le correspondían. Y si bien esto no es errado del todo, también es cierto que Larreta debía mostrar un poco más para dar legitimidad a sus pretensiones presidenciales. El gran arquero paraguayo podría decirle: – Horacio, hasta ahora, tú no has ganado nada.  

La intervención de Larreta terminó con el PRO ardiendo en internas y con López Murphy, Milei y Espert llevándose votos y dirigentes que, en su mayoría, habían apoyado a JXC anteriormente. Allí donde no había obstáculos, la mano de HRL los creó.

Lo cierto es que, antes que HRL definiera el armado de las listas, el PRO mantenía los dos principales distritos electorales del país bastante ordenados. También, tenía candidatos que representaban los reclamos de sus votantes y ninguno de ellos (me refiero a Bullrich o Vidal) parecía una seria amenaza a las ambiciones presidenciales del alcalde.   

La intervención de Larreta terminó con el PRO ardiendo en internas y con López Murphy, Milei y Espert llevándose votos y dirigentes que, en su mayoría, habían apoyado a JXC anteriormente. Además, logró que, tanto Bullrich como los radicales, salieran fortalecidos y pretendiendo disputarle el acceso al sillón de Rivadavia. Allí donde no había obstáculos, la mano de HRL los creó.

Para los exegetas de HRL todo estuvo fríamente calculado. Pero, el desgaste que finalmente pagó Vidal, en términos de credibilidad y en la votación, y algunos objetivos no cumplidos en la elección de la Provincia de Buenos Aires, no pasaron desapercibidos dentro del partido. El “no festejo” del triunfo aquel domingo a la noche, fue muy elocuente en ese sentido.

Un Jefe de gobierno que sigue siendo Jefe de gabinete

Desde 2019, entonces, es que podemos empezar a datar el liderazgo de HRL y estos dos años dieron muchas pistas de lo que piensa y cómo hace. Y son pistas porque nadie sabe efectivamente qué piensa Larreta de temas estructurales, superficiales, globales o locales, excepto los que marcan el coucheo del día basado en la idea que, no decir nada, es decir mucho.

Sabemos en gran medida qué piensan CFK, Macri, Milei, Espert, López Murphy y Patricia Bulllrich sobre muchísimas cosas. Pero ignoramos las ideas que mueven las decisiones de HRL. Y este no es un tema menor para quien pretende ser candidato de un sector que demanda, a veces muy intensamente, cambios en el medio ambiente corporativo.    

HRL cree en la autonomía de la gestión y su independencia de la política y del conflicto. Y esto está presente en la idea que es posible incluir a todos en el aparato estatal. Esto se vio estos últimos días con el triste espectáculo de personajes menores, sin votos ni capacidades probadas, mostrando públicamente sus nuevos cargos en lugares importantes del organigrama del GCBA.

Hay pocos candidatos más cercanos y confiables que el Jefe de gobierno porteño para las corporaciones que gobiernan el país.

Macri, desde la jefatura de Gobierno, mantuvo sólidas relaciones con las diversas corporaciones, pero siempre ofreció algún elemento transgresor como gesto hacia la sociedad y su electorado. Por ejemplo, el metrobus, que no volvió atrás a pesar de la presión lloramedioambientalista; la desocupación de la Sala Alberdi en el San Martín, tomada por una turba de lúmpenes; o el cambio de vagones de la línea A, que hizo aflorar el conservadurismo progre de muchos porteños.

Se puede mencionar también a las bicisendas, la creación de la policía metropolitana, el cambio en las juntas de educación, el pedido de paciencia para las obras hidráulicas o la boleta única electrónica. Sin querer hacer un panegírico de aquella gestión de Macri, lo que queda muy en evidencia es el contraste.

En los últimos días desafié a numerosos militantes políticos a que enumeraran los ministros del gabinete porteño con cargo, nombre y apellido. Aun incluyendo a los que tuvieron que asumir posiciones públicas por la pandemia, la mayoría no podía identificar a más de 4.

Todo lo contrario, ocurría con el nivel de conocimiento e intervención pública que mantenían los ministros de Macri en el GCBA, incluyendo la aceptación del desafío que le plantearon su propia vicejefa y parte del gabinete en las PASO 2015.

Larreta, en cambio, no admite competencia y lleva al límite la estrategia de sobresalir impidiendo el juego de los demás. Esto se vio, sobre todo, al apartar a Bullrich de la candidatura a diputada y organizar el polémico traslado de dirigentes entre distritos.

Final abierto

No hacer olas. No pelearse con nadie. No tocar nada, mucho menos los intereses del statu quo kirchnerista. Esto se ve en la adopción de puntos clave del relato y también en la contratación de sus iconos artísticos/culturales en todo evento y espacio de la ciudad. La inclusión de Fito Páez y Mercedes Moran en el Teatro Colón y las renuncias de Darío Lopérfido y Paloma Herrera ¿son un aviso de lo que vendrá? Por ahora, difícil pensar otra cosa. 

Para HRL el problema es la grieta, pero no en el debate social, sino por sus efectos en el entramado corporativo y los problemas de gobernabilidad que trae aparejado.

Excepto en algunos temas de educación durante la pandemia (y más que nada en términos dialécticos), la gestión de HRL no ha dado ninguna señal reformista, no ha proyectado ideas, ni ha asumido riesgos que entusiasmen a un amplio sector de JxC. Por el contrario, ha mostrado un liderazgo aséptico que busca el apoyo de todos y que ha facilitado cuanto ha podido, las peores medidas del gobierno peronista.

Para HRL el problema es la grieta, pero no en el debate social, sino por sus efectos en el entramado corporativo y los problemas de gobernabilidad que trae aparejado. Por eso, sus laderos repiten como mantra la idea de reunir el apoyo del 70% del sistema político para gobernar. Esta necesidad de consenso masivo (absurda y anti política) refuerza la idea que HRL no parece muy seguro de sus propias condiciones como líder.

Posiblemente después de Alberto, cualquiera pueda ser presidente en Argentina. Pero, aun así, hay que llegar. Para el círculo rojo, sobre todo el mediático, HRL es numero puesto. Pero como también sabemos, los partidos hay que jugarlos y al final, hacerlo bien o mal, no es lo mismo.

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