Sociedad

Crónica semanal de un país pobre y aislado

Trámites que llevan unas pocas horas en cualquier otro país, en la Argentina se convierten en una aspiradora brutal de tiempo, dinero, ingenio, esfuerzo y mala sangre.

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Usualmente, quienes nos manejamos con el calendario académico aprovechamos las semanas de vacaciones para realizar tareas pendientes del año anterior, o que sirven de preparación para el que se inicia: ordenamos papeles, hacemos trámites administrativos, aprovechamos para leer libros y artículos o escribir textos pendientes, preparamos clases, hacemos pequeños arreglos en casa. Este año, no obstante, la actividad viene más complicada que lo habitual. 

DÍA 1

En la concesionaria oficial para comprar repuestos para arreglar el auto: fabricado en el Mercosur, bastante común, modelo 2011. El local vacío: raro, por ser temporada de vacaciones, que es cuando los talleres trabajan más. Un empleado del depósito oficia de recepcionista. Me dice que a causa de las vacaciones y el COVID están trabajando con personal mínimo. Me pide que espere al que sabe, que está en la caja. Se demora, voy a buscarlo. Me atiende muy amablemente. Han tardado 5 meses en emitir el cheque del seguro. El listado de repuestos que le paso -con su correspondiente presupuesto- es de noviembre. Me advierte que los componentes han aumentado un 20% desde entonces. No tienen las piezas en stock: ninguna. Hay que pedirlas a fábrica. Me comunica el plazo de entrega, en caso de que las tengan: de quince días a un mes. El sistema, no obstante, no le permite hacer el pedido: quiere decir que en fábrica tampoco las tienen. El empleado me aconseja acudir directamente a comercios no oficiales.

DÍA 2

Voy a una distribuidora de repuestos originales. Vacía. No tienen ningún repuesto de los que necesito. El empleado me informa que hay que hacer el pedido a fábrica. Después de mirar un rato largo la compu me sugiere que le mande un correo con el pedido, “así no me hacen perder más tiempo”. Empiezo a buscar datos de desarmaderos. “Te van a matar con el precio” me dice un amigo. Mejor ni pienso en el presupuesto del chapista, que se ha desactualizado igual que los repuestos.

DÍA 3

Un amigo al que le urge viajar a los EEUU (vive allí) pregunta por lugares o laboratorios para realizarse el hisopado junto con su familia: no consigue quien se lo haga. Proviene de una familia de médicos. Me cuenta que están faltando antígenos en prestadores privados.

DÍA 4

Recién en la tercera farmacia encontramos un medicamento antiepiléptico bastante común (importado de Brasil) para un familiar. Nos aconsejan hacer acopio, por las dudas. El jardinero de casa me cuenta que no puede usar el tractor para cortar el césped porque no consigue repuesto para sustituir el cable del acelerador.

DÍA 5

El chico que conversa con la del medio realiza preparativos para una intervención quirúrgica programada en el hombro por una lesión deportiva. Se la postergan de una a dos semanas por falta de insumos.

DÍA 6

El médico decide cambiarme la dosis del tratamiento preventivo para la migraña porque el laboratorio que la produce/importa (multinacional) ha discontinuado en el país la provisión en la dosis que venía usando. Agrega que lo mismo está pasando con medicamentos que sirven para tratar el Alzheimer y la esclerosis lateral amiotrófica. Me explica que las multinacionales farmacéuticas ven cada vez menos oportunidades de desarrollo en Argentina, no solamente por la continua contracción del mercado, sino también por las dificultades que tienen para disponer libremente de los beneficios. Discutimos alternativas en caso de que den de baja el que queda. Es uno de los poquísimos tratamientos que me ha hecho realmente efecto. Hubo otro, hace muchos años, que anduvo más o menos bien. El laboratorio alemán que la producía se fue del país en la época de Moreno.

DIA 7

Día de descanso. Vivir en este país cansa. Trámites que llevan unas pocas horas en cualquier otro país, en la Argentina se convierten en una aspiradora brutal de tiempo, dinero, ingenio, esfuerzo y mala sangre. Los inconvenientes aquí descritos tienen una importancia relativa. Esa importancia aumenta sustancialmente tanto para quienes tienen menos recursos materiales, sociales, emotivos o intelectuales para resolverlos, como para quienes tienen que lidiar con una complejidad mayor, afrontando cuellos de botella burocráticos, tecnológicos o productivos. Es el precio de la vida cotidiana en un país pauperizado y aislado.

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