Política

Consideraciones tácticas para la derecha radical

Mirando el curso que ha tomado Occidente desde el final de la II Guerra Mundial, sería difícil decir que la paciente estrategia de los fabianos ha sido infructuosa.

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Teoría de las Elites: Parte 0.

En diciembre del año 218 A.C., el general cartaginés Aníbal y su ejército obtuvieron una contundente victoria sobre los romanos en la Batalla de Trebbia. En junio del año siguiente los romanos fueron nuevamente derrotados por este astuto invasor y su horda de guerreros íberos y galos, con un estimado de 25.000 soldados romanos muertos o capturados. Los invasores avanzaron sin oposición hacia el centro de Italia saqueando a su antojo y matando a voluntad.

Quintus Fabius Maximus fue el hombre al que Roma llamó para salvarla. Fue nombrado dictador y se le dio el encargo de derrotar a estos brutales bárbaros. Fabius sabía que había pocas posibilidades de vencer a Aníbal en el campo de batalla abierto, por lo que ideó una estrategia que consistía en aplastar lentamente a los invasores mediante el uso de tácticas de ataque y fuga, constantes escaramuzas a pequeña escala.

La estrategia fue un éxito desde cualquier punto de vista militar, pero impopular. El pueblo clamaba por una rápida y famosa victoria. Fabius incluso fue destituido de su cargo. Su reemplazo rápidamente dirigió un ejército para enfrentarse a los cartagineses en Cannas (la batalla más famosa de la historia) y nuevamente las fuerzas de Aníbal aplastaron a los temerarios romanos. Finalmente, Roma aprendió la lección e implementó, en toda su extensión, lo que hoy conocemos como ‘Estrategia Fabiana’. Los invasores estaban desgastados y desmoralizados y lo que una vez fue una gran amenaza se vio reducido a una ocurrencia tardía.

Fabius sabía que había pocas posibilidades de vencer a Aníbal en el campo de batalla abierto, por lo que ideó una estrategia que consistía en aplastar lentamente a los invasores mediante el uso de tácticas de ataque y fuga, constantes escaramuzas a pequeña escala.

La Sociedad Fabiana, en Gran Bretaña, basó su nombre y su estrategia en este famoso líder romano. Fundada en 1883, sigue siendo una fuerza influyente para el socialismo de izquierda y la tecnocracia, sus miembros comparten el objetivo de dar forma al mundo en una ´sociedad global´ en la que reine la igualdad y la democracia y que se promueva la ´cooperación internacional multilateral´. (https://faroargentino.com/2022/01/la-irreversible-entrega-de-gran-bretana-al-progresismo-radical-parte-2-el-lord-de-la-oscuridad/).

La Sociedad Fabiana cree que la clave para lograr su visión de un Nuevo Orden Mundial radica en reformas graduales en lugar de intentos violentos de toma del poder y cambio de la sociedad. Y mirando el curso que ha tomado Occidente desde el final de la II Guerra Mundial, sería difícil decir que la paciente estrategia de los fabianos ha sido infructuosa.

El 19 de enero de 2022, el Primer Ministro Británico Boris Johnson anunció el levantamiento de las restricciones por Covid, le siguieron los gobernadores demócratas en Estados Unidos y varios otros líderes europeos. Hoy quedan pocos países con estrictos mandatos de la covidcracia y los que se mantienen lo hacen con coacción, como el Primer Ministro Justin Trudeau. La traumática experiencia de la pandemia, la cuarentena y los mandatos por dos años provocaron el cansancio social suficiente como para “relajar” la vida. Si, “relajar” porque nada indica que el fin de los mandatos sea el regreso a una situación pre 2019.

¿Qué implicaciones deja el Covid en la sociedad? Acá van algunas:

  1. Se ha establecido un nuevo estándar para lo que puede/debe desencadenar cierres y campañas de vacunación masiva en el futuro. Han establecido que una tasa de mortalidad del 0,4% es suficiente para justificar el cierre total de la sociedad.
  2. La salud es ahora una preocupación/obsesión mucho mayor de lo que era antes: la gente ha sido entrenada para pensar en sí misma como frágil, vulnerable y necesitada de autoridades (gubernamentales preferentemente) que la protejan.
  3. El público se ha dividido en dos bandos, uno de los cuales (el de los vacunados) ha sido fuertemente alentado a despreciar, resentir y aborrecer al otro. Los no vacunados probablemente seguirán siendo demonizados y utilizados como chivos expiatorios de cualquier bache en el camino de la covacunación.
  4. Las personas fueron entrenadas para «confiar en la ciencia», en realidad una forma de fomentar la obediencia a la autoridad (corrupta). En este proceso, la propia ciencia se convirtió en la fuente de sabiduría y conocimiento, alejando aún más a las personas de otras fuentes y tipos de sabiduría.
  5. En términos más prácticos, el daño económico y social masivo se va a desarrollar en los próximos años y décadas.
  6. Se ha dado la transferencia masiva de riqueza hacia las corporaciones globales y los oligarcas.
  7. Aumentó del estilo de vida “encapsulado” – de estar en casa todo el tiempo-, viendo los medios de comunicación en Internet (y condicionando al público).
  8. Se ha alentado al público a obsesionarse con el corto plazo y a olvidarse del largo plazo, ha sido imposible para la mayoría de la gente planificar más de un par de días por adelantado durante los últimos dos años.
  9. Se ha naturalizado la implantación global de tecnologías de vigilancia, escaneo y seguimiento.
  10. Se ha incrementado enormemente la dependencia al teléfono inteligente, sólo para llevar la vida cotidiana ordinaria.
  11. Ha quedado obscenamente en evidencia para toda la sociedad que prácticamente todas las instituciones están corrompidas. En cualquier caso, la presión ejercida durante este tiempo, y las medidas de aplicación establecidas, habrán reducido en gran medida cualquier tendencia persistente hacia el libre pensamiento en esas instituciones: medios de comunicación, gobierno, grupos de presión, finanzas, ciencia, medicina, educación a todos los niveles, organismos de derechos civiles, etc.
  12. Los gobiernos de todo Occidente saben ahora quién es obediente y quién no, a un nivel de granularidad que habría sido imposible antes de la campaña de vacunación.
  13. Se inculcó el valor de la mera supervivencia, nos han enseñado a querer vivir (y a esperar vivir) mucho más allá de los 80 años – incluso si requiere el cierre de la sociedad. Destruyendo la noción de valores superiores a la mera existencia.
  14. Las interconexiones entre los gobiernos nacionales y locales, las corporaciones globales, las organizaciones transnacionales y los organismos supranacionales como la Unión Europea y la OMS se reforzaron y multiplicaron durante los dos últimos años. Esto tiene la implicación obvia de que ahora es posible una corrupción mucho más armoniosa entre estos organismos de élite. También tiene la implicación más sutil de que la elite actual se sentirá ahora mucho más distante del hoi polloi.
  15. La promoción de la puntuación de crédito social.
  16. Millones de niños pequeños han vivido una experiencia extraña durante sus años de formación, que sin duda afectará a su socialización, a su relación con otras personas, a su futura capacidad de comprender las expresiones faciales, de comunicarse con normalidad. Al parecer, también ha tenido efectos en su habla. También se podría añadir el supuesto impacto en su coeficiente intelectual, pero eso está lejos de confirmarse todavía.
  17. El público ha sido persuadido de confiar en las corporaciones globales en temas en los que esas corporaciones pueden obtener enormes ganancias financieras (ejemplo: Pfizer y las vacunas).
  18. El impulso de un deber cívico centrado en la salud, un colectivismo artificial, que ha suplantado aún más el colectivismo natural.
  19. La elevación de la figura del oligarca (los ejemplos serían obviamente Bill Gates y Klaus Schwab) y el súper burócrata (Anthony Fauci), hombres que pueden «liderar más allá de la autoridad«.
  20. Antecedentes legales para legislar en contra de la sociedad.

Una sociedad dividida, polarizada, agotada, quebrada económica, física y psíquicamente; una elite enriquecida, poderosa y distante. Un mundo incierto y totalitario.

En este mundo pos-Covid resulta claro que la sociedad abierta es una ficción (y nunca existió) y la normalidad histórica es un Estado totalizador y de partido único que restringe nuestra capacidad de pensar fuera de ciertos parámetros. Imaginemos no ser totalitario hoy, imposible. Totalitario es una palabra fea, pero es la única que tenemos para describir lo que es el orden social por defecto. Este es un estado de cosas normal; lo que hoy no es sano son los parámetros del partido único. Es insano y anormal los parámetros impuestos por las elites actuales.

Los fabianos ganan porque creen en las reformas a pequeña escala, en la acción imperceptible, al igual que Quintus Fabius Maximus creía en las escaramuzas a pequeña escala, en la estrategia poco gloriosa e ‘imperceptible’ de aislar a un ejército de su línea de suministro.

Los disidentes, los conservadores, los blancos, cualquier grupo que se oponga a los parámetros del régimen, deben aprender a ser mucho más astutos, más despiadados, más maquiavélicos. Debemos aprender de las estrategias y victorias de nuestros enemigos. Los fabianos ganan porque creen en las reformas a pequeña escala, en la acción imperceptible, al igual que Quintus Fabius Maximus creía en las escaramuzas a pequeña escala, en la estrategia poco gloriosa e ‘imperceptible’ de aislar a un ejército de su línea de suministro.

Necesitamos darnos cuenta de que esta gran máquina no será derrotada en una batalla pírrica. Será derrotada en pequeñas batallas. Ojalá no fuera así, pero la consideración táctica para nuestra rebelión debe ser de naturaleza Fabiana. Lenta, constante, fría y calculada. Debemos formar nuestra propia elite y desarrollar una ideología que reemplace a la actual.

PD: Este artículo es un pre-calentamiento para la próxima serie de artículos sobre las elites.

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