Política

Kasajstán. Una crisis para armar

Hay rumores no fundados de intervención inglesa y/o norteamericana en la agitación de la población. Sin embargo la suma de intereses económicos no abona esa tesis

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Los problemas de esta nación asiática, la mayor del continente, que han hecho eclosión en los primeros días del 2022 reconocen raíces profundas. La tipología de esos problemas y su morfología nos hacen preguntar si se trata de problemas de una dictadura o de una democracia o, más simplemente, son problemas del uso del poder a favor o en contra de los ciudadanos.

El gas licuado se utiliza como combustible automotor principal y es llamativo, aún para los locales, que un país tan poderoso en petróleo haya sufrido semejante alza. El gas encendió problemas mayores y anteriores.

El hecho iniciador de la revuelta fue el aumento del precio por litro de gas licuado de petróleo que saltó de 50 a 60 tenge (12 a 14 centavos de dólar) en 2021, y posteriormente a principios de este año a 120 tenge (28 centavos de dólar estadounidense) en las estaciones de servicio de Mangystau. El gas licuado se utiliza como combustible automotor principal y es llamativo, aún para los locales, que un país tan poderoso en petróleo haya sufrido semejante alza. El gas encendió problemas mayores y anteriores.

El país fue gobernado durante 30 años por Nursultan Nazarbaev – el último jefe del Partido Comunista de la era soviética que aún gobernaba un Estado ex soviético- hasta 2019 en que renuncia y es reemplazado por Qasym-Zhomart Toqaev, quien lo mantiene a su lado con el cargo de Jefe del Consejo de Seguridad Nacional, cambia el nombre de la capital de Astana a Nur-Sultan como homenaje, y designa a su hija Darigha como Presidente del Senado. Uno de los reclamos tiene que ver con el rechazo al viejo dictador y los nombramientos corruptos a espaldas de la población. La estatua de Nazarbaev fue derribada en Almaty hace pocos días.

En la larga lista de reclamos uno de los más prominentes es el alivio de la deuda para quienes habían obtenido préstamos en moneda fuerte justo antes de que el gobierno permitiera que la moneda nacional, el tenge, se depreciara y perdiera la mitad de su valor, cuando cayó de 182 tenge por dólar a 340 tenge por dólar a fines de 2015, lo que afectó a casi todos los kazajos, generando inflación, protestas populares y huelgas en 2016. Las que también se vincularon en la primavera de 2016 al rechazo de las reformas gubernamentales de privatización de tierras que provocaron rumores de que serían comprada por extranjeros, específicamente chinos.

Uno de los reclamos tiene que ver con el rechazo al viejo dictador y los nombramientos corruptos a espaldas de la población. La estatua de Nazarbaev fue derribada en Almaty hace pocos días.

El gobierno retiró la propuesta de reforma agraria, trabajó con los bancos para aliviar la carga sobre los tenedores de deudas y aumentó los salarios y los beneficios sociales. Pero esos cambios sólo se abordaron parcialmente sin efecto alguno sobre la mala economía, el desempleo y la corrupción, por lo que ahora renacen con más fuerza con manifestaciones que crecieron en ímpetu y volumen durante todo 2021. El brote de la pandemia de coronavirus proporcionó a las autoridades una razón para evitar que la gente se reuniera para las manifestaciones, pero no las acalló completamente.

Las protestas, encendidas por el gas, han cobrado violencia y se extienden por Shymkent, Almaty, Nur-Sultan, Aqtau, Oral y Zhanaozen. Aunque los números varían, se estima que la policía local ha matado a decenas de personas y encarcelado a más de 2.000, al precio de 12 policías muertos y 353 heridos. A esto hay que sumarle no menos de 10 arrestos preventivos antes de una protesta contra el Partido de Elección Democrática de Kasajstán (DVK) liderado por el empresario fugitivo y ex ministro de Energía Mukhtar Ablyazov.

La reacción del gobierno de Toqaev ha sido de represión inmediata, acusar a los movimientos de terroristas –sin pruebas hasta ahora-, remover a los miembros gobierno, entre ellos a Nazarbaev, cortar o limitar el empleo de Internet y otros medios de comunicación y por supuesto invocar la intervención de la Fuerza Colectiva de Mantenimiento de la Paz creada por Moscú con participación de fuerzas armadas de las naciones de la Federación Rusa. Estas fuerzas que ya operan en Kazajstán están integradas por soldados rusos, armenios, kirgises y tayikjs.

Esta intervención de fuerzas militares de la que ya se conocen hechos de suma violencia fue justificada bajo la consideración de que no se trata de revueltas de baja intensidad, sino que se las acusa de poner en peligro la integridad política y la soberanía nacional. Toqaev ha dicho “…Es un socavamiento de la integridad del Estado y lo más importante es un ataque a nuestros ciudadanos que me piden … que los ayude urgentemente”. Y sin ruborizarse.

Hasta aquí todo parece un desorden fuerte pero contenible en el patio trasero ruso. Sin embargo debemos hacer algunas consideraciones.

Como fuerte productor de petróleo, pero país mediterráneo, Kazajstán necesita de oleoductos para vender su producto. El principal de ellos se orienta al sur cruzando Kiguistán, Tayikistán –intervinientes en la Fuerza Colectiva de Mantenimiento de la Paz- luego Afganistán para alcanzar, finalmente en Pakistán, un puerto de aguas profundas en el Océano Índico. Este oleoducto de inversión europeo-norteamericana, que fue objetivo de la guerra en Afganistán, vincula los intereses rusos en el petróleo kazajo y la comercialización a través del puerto final financiado por China. Esta situación transforma la agitación local en un problema económico de primer orden mundial. Se sabe que la explotación petrolera de Chevron en Tengiz redujo su actividad porque contratistas se han unido a las protestas. Por si esto no alcanzara, Turquía ha invertido mucho en sus relaciones con Kazajstán y no está dispuesta a abandonarlas.

Estos intereses mezclados han movido a la preocupación de Londres y Estados Unidos, los que recomiendan que las partes se serenen y entablen un diálogo que los lleve a un acuerdo. En igual sentido se ha manifestado la ONU.

Hay rumores no fundados de intervención inglesa y/o norteamericana en la agitación de la población. Sin embargo la suma de intereses económicos no abona esa tesis. Lo único que podría darle credibilidad es que se consiguiera establecer una relación directa entre el desorden kazajo y una debilitación de Rusia en la cuestión ucraniana, y de momento no se la ha podido fundar.

Más localmente la irritación de Putin proviene de su odio por las revoluciones, ya que éstas le hacen temer que los rusos puedan a su vez levantarse para derrocarlo, y del mismo modo que con Ucrania la perspectiva de que un Kazajstán más liberal se vuelva hacia Occidente lo descentra. Más si consideramos que el problema ucraniano de 2014 empezó de manera similar. Para el Kremlin es prioritario “pacificar” el país, y la violencia de las acciones militares confirman la urgencia.

De momento nada más se conoce que las manifestaciones, las acciones del gobierno y las víctimas de todo ello. Hay todavía demasiada especulación y pocos hechos que la sustenten.

Una variación de un precio desata una violencia inesperada (Chile) en un país rico que empobrece a sus ciudadanos (Venezuela) y donde la corrupción y la falta de representatividad política aviva las llamas (cualquier lugar del planeta). Es un típico escenario de lucha de poder moderna.

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