Sociedad

CELAC: La Liga de la Injusticia

Los argentinos hemos logrado transformar la comedia en tragedia, a contrapelo de la sentencia marxista sobre la repetición de la historia, y lo que antaño era un chiste lo convertimos en realidad.

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En los años 80 Argentina se reía de una parodia creada por Alberto Olmedo: El Yeneral González. Se trataba del dictador de Costa Pobre, un país imaginario regido por un ser patético y chabacano enfundado en un uniforme fucsia al que sumaba una gorra de portero de hotel. Remataba el outfit una cinta de corona mortuoria que hacía las veces de banda presidencial y que rezaba: “Tus amigos”. El Yeneral González era la caricatura del tiranuelo bananero, asesino, corrupto, ignorante, lascivo y desalmado que ante las demandas de su sometido pueblo contestaba: “¡De acáaaaaaaaaaaaaaaaaa!” señalando al tiempo sus genitales en señal de negativa. El Yeneral, no obstante, se quejaba de que el pueblo no agradecía sus sacrificios y se proclamaba “el protector de los humildes”.

Alberto Fernández viene necesitando este regalito de Reyes para cobrar relevancia. Se florea en reuniones intrascendentes y discursos vacíos y sale de la triste rutina que representan la interna kirchnerista conurbanera y los frustrados intentos de acuerdo con el FMI.

Los argentinos hemos logrado transformar la comedia en tragedia, a contrapelo de la sentencia marxista sobre la repetición de la historia, y lo que antaño era un chiste lo convertimos en realidad. Tenemos desde esta semana la presidencia pro-tempore de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC) una pijamada de mandatarios y cancilleres creada con el único fin de celebrar a los Yeneral González de la región, que cada vez son más fuertes.

La CELAC es un ramplón intento de OEA paralela, diseñado en Cuba (cuando no?) en 2010 e inaugurado en diciembre de 2011. Sus objetivos son generar una unidad política, económica, social y cultural de la región; sin tener que ponerse particularmente estrictos con respecto a la calidad institucional de los Estados miembros. O sea, considerando a los gobiernos cubano, venezolano y nicaragüense como regímenes legales y no dictaduras bananeras. Palabras más, palabras menos.

Entre los objetivos fundacionales del organismo está la construcción de una «zona de paz» en la que «las diferencias entre las naciones se resuelvan a través del diálogo y la negociación u otras formas de solución pacífica establecidas en el Derecho Internacional«. Una auténtica contradicción si miramos la forma en la que Maduro, Canel u Ortega se vienen pasando el Derecho Internacional por las suelas. También se pide fortalecer «nuestras democracias y todos los derechos humanos para todos«, y construir «sociedades más inclusivas donde todas y todos sientan que la democracia les da sentido a sus vidas«. Es posible que los miles de presos torturados en Cuba por las protestas recientes o los opositores nicaragüenses encarcelados por el delito de ser candidatos no estén sintiendo que la esa «democracia» le da sentido a sus vidas. Detalles.

La CELAC es la esencia pura del chavismo. El finado tirano venezolano tuvo entre sus obsesiones más febriles el combate contra todo acuerdo internacional que contuviera a EEUU. Pero además en abierto homenaje a Chávez, ya en 2013 la declaración anual rezaba «expresamos nuestro más profundo pesar por el fallecimiento del Comandante Presidente de la República Bolivariana de Venezuela, Hugo Rafael Chávez Frías, ocurrida el 5 de marzo de 2013, uno de los principales fundadores e impulsores de la CELAC, humanista incansable e impulsor de la unión latinoamericana y caribeña, que luchó contra la exclusión social, la pobreza e impulsó el desarrollo integral de la región«. Lo llamativo es que aún con este tipo de contenidos, los mandatarios miembros que no respondían al fenotipo del Yeneral González, siguieron formando parte del organismo.

La CELAC como brazo institucional tiene el objetivo de legitimar y prestigiar al regreso al poder del castrochavismo, lavando dictaduras disimuladas en el rejunte con los otros países miembros.

Otra curiosidad contenida en los objetivos de CELAC es la búsqueda del “desarme nuclear, como objetivo prioritario, y contribuyendo con el desarme general, para propiciar el fortalecimiento de la confianza entre las naciones«, y es curioso porque se trata de países con mandatarios fervientes defensores del programa nuclear en Irán. Al mismo tiempo la CELAC y China, prevén la cooperación de varios años y ya se plantea una eventual cumbre del Foro China-CELAC para 2024. La agenda es un manojo de cinismo: desarme, no proliferación de armas de destrucción masiva, lucha contra el terrorismo y la delincuencia transnacional, intercambio de inversiones, de recursos, de protección ambiental y de políticas de salud pública…hemos de reconocerles el humor negro.

El primer presidente pro-tempore que tuvo CELAC fue el presidente de Chile, Sebastián Piñera que organizó una cumbre junto con la Unión Europea, la que mostró su interés de establecer relaciones cercanas con la CELAC, a cuyos países les reconocía un crecimiento económico sostenido y estabilidad en democracia. Un paso de comedia procaz si consideramos que al día siguiente de esta cumbre Piñera entregó la presidencia de CELAC a Raúl Castro diciendo : «Bienvenido, don Raúl Castro, lo felicito y le entrego el mando (…) estamos seguros de que va a entregar lo mejor de sí mismo» (el pasado reciente explica a Boric mucho más que las encuestas).

Para esa época era un misterio si Hugo Chávez estaba en este mundo o en el Hades, pero su entonces vicepresidente Nicolás Maduro mostró una carta supuestamente firmada por él que decía: «es un acto de justicia luego de más de 50 años de resistencia al criminal bloqueo imperial. América Latina y el Caribe le están diciendo a Estados Unidos con una sola voz que todos los intentos por aislar a Cuba han fracasado y fracasarán«.

Ya en tiempos de su fundación el sueño de Chávez era que «a medida que pasen los años, va a dejar atrás a la vieja y desgastada OEA«, declarando esto en la víspera del nacimiento de la CELAC. En esa ocasión y flanqueado por Dilma Rouseff y Cristina Kirchner, Chávez hizo un homenaje al difunto expresidente argentino Néstor Kirchner, insuflando a la tropa con estas palabras «¿Hasta cuándo, hasta cuándo vamos a ser nosotros la periferia atrasada, explotada y mancillada? Ya basta, estamos poniendo aquí la piedra fundamental de la unidad, la independencia y el desarrollo suramericano«. No es necesario aclarar lo que la última década del programa chavista hizo con el “desarrollo sudamericano”, pero lo importante es ver cómo, mayoritariamente, el continente y el mundo bailaban al ritmo del comunismo bolivariano. 

Alberto buscará ser el mediador oficial de los múltiples conflictos internos y externos de Venezuela, Cuba y Nicaragua e incorporar a estos países a la comunidad internacional, sin que tengan que cambiar sus prácticas dictatoriales, un servicio de valor incalculable para la cofradía bananera.

La cosa es que Alberto Fernández viene necesitando mimos para su magullada gestión, así que este regalito de Reyes le viene de perillas para cobrar relevancia. Se florea en reuniones intrascendentes y discursos vacíos y sale de la triste rutina que representan la interna kirchnerista conurbanera y los frustrados intentos de acuerdo con el FMI. Alberto busca desesperadamente una posición de liderazgo en la región con la que apalancar su recientemente lanzada reelección. El socialismo está sacando pecho en Hispanoamérica gracias a las últimas elecciones que están tiñendo al continente de castrochavismo herpético. Luego del aplastante triunfo de Gabriel Boric en Chile, se vislumbra un posible retorno de Lula a la presidencia de Brasil y un triunfo del guerrillero Gustavo Petro en Colombia. Liderar esta marcha triunfal del Socialismo del Siglo XXI, para Alberto, es un bálsamo.

Si bien los multiprocesados presidentes fundadores de CELAC siempre mostraron animadversión a los límites republicanos, el conjuro intitulado Foro de San Pablo tiene especialmente la sangre en el ojo por varias acciones de la OEA encabezada por Luis Almagro. Sus posiciones respecto de la tiranía venezolana y su apoyo a la oposición exiliada son una afrenta imperdonable. A esto se suma la publicación de la documentación de la denuncia del fraude electoral perpetrado por el expresidente boliviano Evo Morales que le valió al cocalero un tiempito fuera del poder. Por eso, fortalecer la CELAC como brazo institucional tiene el objetivo de legitimar y prestigiar al regreso al poder del castrochavismo, lavando dictaduras disimuladas en el rejunte con los otros países miembros. De la CELAC no participan ni Estados Unidos ni Canadá pero sí lo hacen Cuba y Venezuela expulsadas oportunamente de la OEA. 

Es increíble que los mandatarios democráticos se sienten a la mesa de los genocidas sin que se les corte el apetito, sabiendo el rol legitimador de su presencia.

La vidriera de CELAC es fundamental para las aspiraciones de Alberto, y tanto él como su entonces canciller Felipe Solá trabajaron denodadamente para la sucesión. Pero durante las elecciones presidenciales de Nicaragua, cuando el dictador nicaragüense Daniel Ortega empezó a meter presos a sus opositores (un novedoso método de campaña política aplicado con total impunidad), Argentina y México resolvieron llamar a sus embajadores en consulta por las detenciones a dirigentes opositores. Entonces Daniel Ortega se enojó y quitó a Argentina el voto necesario para la presidencia. Luego el kirchnerismo perdió las elecciones y Alberto vio esto como una oportunidad de oro para echar a Solá matando varios pájaros de un tiro. El nuevo canciller, Santiago Cafiero, utilizó su puesto para limar estas asperezas tratando a Nicaragua amistosamente. Gracias a esta claudicación y a que el embajador David Capitanich volvió a ocupar la sede en Managua, Nicaragua no presentó objeciones esta vez. 

Alberto buscará ser el mediador oficial de los múltiples conflictos internos y externos de Venezuela, Cuba y Nicaragua. Incorporar a estos países a la actividad de la comunidad internacional, sin que estos tengan que cambiar sus prácticas dictatoriales, es un servicio de valor incalculable para la cofradía bananera. Manuel López Obrador, anterior Secretario General, trató de hacer algo así pero entre las medidas restrictivas por la pandemia y su proverbial inutilidad no brilló mucho. Aunque es destacable su papel en el diálogo entre Maduro y la “oposición” por las elecciones legislativas de 2021, que sirvió para legitimar al mandatario venezolano prolongando su poder y tirándole un salvavidas luego de la saga de declaraciones de arrepentidos que lo tuvo varios meses contra las cuerdas. En ese sentido el rol de CELAC a cargo de México fue legitimar las elecciones chavistas con una participación menor al 20%, a pesar de las amenazas a los ciudadanos, y de un fraude escandaloso. 

CELAC ha tenido en su seno chisporroteos, como unas chicanas disparadas por el presidente uruguayo Lacalle Pou, unos reclamos de forma del Canciller ecuatoriano o la diatriba lanzada por la representante de Colombia diciendo «el compromiso con la promoción de la democracia en todos los estados miembros de este organismo determina que se debe suspender al Estado en donde haya ruptura del orden democrático, violación de los derechos humanos, desconocimiento de los derechos y libertades fundamentales, sometimiento a torturas, negación a la libertad de opinión o detenciones arbitrarias. Todo lo cual sucede en al menos tres de los países que acá se encuentran representados«, aludiendo a Cuba, Nicaragua y Venezuela. Pero a excepción de Bolsonaro, nadie pega portazos en este tugurio. Es increíble que los mandatarios democráticos se sienten a la mesa de los genocidas sin que se les corte el apetito, sabiendo el rol legitimador de su presencia.

Desde ya que el presidente argentino no dijo ni pío sobre las aberraciones cometidas contra los derechos humanos en Cuba, Nicaragua o Venezuela, cosa que le valió un par de tuits críticos de la oposición que no opacaron sus jornadas estelares. Alberto sabe que otros vientos soplan en estos pagos y ya muchos descuentan la victoria de Lula en octubre de 2022. El regreso de Lula al poder implicaría un nuevo impulso a la CELAC, con el gigante sudamericano jugando nuevamente en las ligas chavistas. Y es que esa es la apuesta de Alberto Fernández, encabezar esa patética comunidad de variados Yeneral González, haciendo realidad el sueño de Hugo Chávez. Nuestro Alberto, el peor mandatario de la historia, se convertiría en mediador del bloque socialista hispanoamericano ante Estados Unidos y la Unión Europea, un anabólico inesperado para el presidente vicario, que se acaba de convertir en el líder de la Liga de la Injusticia.

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