Política

Ómicron: el perro globalista

Este es un virus con un fin en sí mismo. Es un virus político.

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Si hubiese escrito esta nota hace unos pocos meses, habría empezado diciendo que estamos viviendo tiempos de incertidumbre global. Hoy puedo afirmar que no es así. El panorama está mucho más claro luego del vigésimo rebranding científico del mismo virus con distinto collar. Hoy puedo decir sin temor a equivocarme que éste es un virus con un fin en sí mismo; va mucho más allá de la replicación, mutación o la infección de organismos huéspedes. Es un virus político.

Cuando vemos la difusión de medidas en torno a una pandemia en la que no ha habido lugar para el debate y el intercambio de ideas, la criminalización de las voces discordantes a la permanente justificación de medidas ilógicas para paliar otras más absurdas mediante otras nuevas con menos sentido que las anteriores, podemos concluir en que el virus es político y claramente ideológico.

El cúmulo de información que venimos recibiendo a diario –generado por agendas informativas desprovistas de interés periodístico y permeadas por intereses económicos- generan una visión absolutamente sesgada de la acción de este virus en la vida humana. Cuando vemos la difusión de medidas y acciones de salud pública en torno a una pandemia en la que no ha habido lugar para el debate y el intercambio de ideas, sólo la imposición de medidas absurdas que van del tapabocas al PCR, de la restricción de libertades a la vacunación obligatoria; de la criminalización de las voces discordantes a la permanente justificación de medidas ilógicas para paliar otras más absurdas mediante otras nuevas con menos sentido que las anteriores, podemos concluir en que el virus es político y claramente ideológico.

Desde esta perspectiva, la definición que el poder hegemónico progresista propone como Nuevo Orden adquiere una oscura dimensión que hace referencia a un arreglo pactado explícita o tácitamente entre elites dominantes. La Organización Mundial de la Salud y el Fondo Monetario Internacional -cuya condicionalidad para los préstamos ha cambiado desde la restricción fiscal hasta el grado en que un país sigue las reglas establecidas por la OMS- junto a un complejo entramado de agencias internacionales, fundaciones supuestamente filantrópicas y ONGs se han convertido en el tándem supremo para la imposición de un reseteo global. Aquí aparece el Foro Económico Mundial, para el que la pandemia “supone una oportunidad para dar forma a una recuperación económica y a la futura dirección de las relaciones globales, de las economías y las prioridades”. Si comparamos esta propuesta con los Objetivos de Desarrollo Sostenible (2015-2030) de la Organización de Naciones Unidas, encontraremos muchas similitudes: cambio climático, desigualdad económica, consumo sostenible e igualdad de género. La denominada agenda de la ONU, que se viene aplicando con todo rigor.

Los nuevos gobernantes reclaman el derecho a tutelar al pueblo en nombre de la salud y la seguridad universales, basándose en presuntas pruebas científicas. También reclaman su derecho a censurar.

Los nuevos gobernantes reclaman el derecho a tutelar al pueblo en nombre de la salud y la seguridad universales, basándose en presuntas pruebas científicas. También reclaman su derecho a censurar. La privacidad es uno de los derechos civiles que condicionan la capacidad de los ciudadanos de participar en la vida pública de sus países. Sin embargo, está siendo polarizada e intoxicada por la determinación de los gobiernos de imponer restricciones y condiciones a sus ciudadanos. El sistema que tiene unos incentivos muy concretos: todo en el Estado, nada contra el Estado, nada fuera del Estado.

La televisión y las redes sociales permiten a los gobernantes manejar a su antojo a la opinión pública y en un abrir y cerrar de ojos los individuos dejan de ser dueños de sus libertades, pasando a procesar los mismos resultados y las mismas directivas de un modo simple y comprensible, ejecutándolas pronta y fielmente, con tapabocas o con aforos limitados, pero hasta ahora, preservando la sagrada libertad del cuerpo.

La vacuna es el parteaguas; la culminación de la primera fase de este plan – agenda – dictadura.

La vacuna es el parteaguas; la culminación de la primera fase de este plan – agenda – dictadura. La dualidad entre vacunados y no vacunados con un producto experimental ineficaz, sospechosamente dañino en casos comprobados, una imposición que los gobiernos compran por cantidades millonarias en contratos misteriosos, es el nuevo paradigma de conformidad; el must del histeriquismo covidiano. También un nuevo pretexto para el cercenamiento de libertades, la censura de agentes díscolos y la aprobación de leyes segregacionistas. “De la piel para adentro, mando yo. Ahí empieza mi exclusiva jurisdicción, y elijo si debo o no cruzar esa frontera. Soy un estado soberano”, escribió Antonio Escohotado. Lo que se pretende imponer trastoca los pilares más sagrados del pensamiento liberal. Es necesario que esto quede claro ahora, para poder anticiparse a las guerras que vendrán.

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