Política

¿Logrará China ser potencia militar global?

China la que pretende para el 2049, solamente veintiocho años adelante, alcanzar ese estatus.

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China es, desde hace décadas, un actor de primer orden en la economía global y lo seguirá siendo a pesar de las políticas intervencionistas de Xi Jiping, al menos por un lapso de tiempo largo, muy largo. Pero como todo país medianamente serio, acompaña su desarrollo económico con un poder militar moderno; el cual, a diferencia de las capacidades económicas globales, alcanza el carácter de potencia militar pero exclusivamente circunscrito a su ubicación geográfica. Beijing en este campo, el del poder militar, ha iniciado hace años un camino que lleva al país a alcanzar la condición de potencia militar global. Este artículo busca analizar esa intención tanto desde el punto de vista geopolítico como del propio instrumento militar que desean desarrollar.

Una potencia tiene capacidades militares globales cuando ha desarrollado la aptitud de desplegar fuerzas militares fuera de su región de influencia primaria, y que las mismas puedan operar con posibilidades de influir en una situación donde estén en riesgo intereses vitales para la misma.

Cabe que antes de avanzar demos nuestra perspectiva de lo que significa ser una potencia militar global.  A mi juicio una potencia tiene capacidades militares globales cuando ha desarrollado la aptitud de desplegar fuerzas militares fuera de su región de influencia primaria, y que las mismas puedan operar con posibilidades de influir en una situación donde estén en riesgo intereses vitales para la misma. Esta es una definición amplia, y en esa condición existe una sola nación con esa aptitud, muy lejos del resto: Estados Unidos. Otras naciones como Francia o el Reino Unido cuentan con facilidades militares en distintos continentes, pero son incapaces por sí mismas de desarrollar las capacidades letales que EEUU si está en condiciones de llevar adelante; con excepción de la opción nuclear que tanto París como Londres disponen pero que daría para otro artículo.

En el pasado, la Unión Soviética trató de ser una potencia militar global pero nunca alcanzó a desafiar a EEUU en ese plano, contentándose con concentrar sus capacidades principales en Europa, en menor medida el Extremo Oriente y poco, muy poco más. Hoy es China la que pretende para el 2049, solamente veintiocho años adelante, alcanzar ese estatus.

China es claramente la potencia más importante en la región de Asia, si la colocamos vis a vis con Japón, Corea del Sur, Vietnam, Filipinas, Taiwán, Australia o Nueva Zelandia y aún con todas ellas formando una coalición. Esa situación claramente cambia si en la ecuación colocamos a EEUU y a UK o Francia. Expresado esto, sabemos que China viene desarrollando capacidades militares de proyección de poder que van más allá de la «región», léase Taiwán, y apuntan al Indico, destacando en ese aspecto el desarrollo de sus primeros portaaviones y el acento en las capacidades de sus fuerzas de infantería de marina. En esa cuenca gigantesca que es el Océano Índico, Beijing es un actor importante, pero tiene un rival de fuste, en condiciones per se de generar disuasión nuclear: India. Este último país mantiene una fuerza de disuasión nuclear submarina operando en el Índico 24×24 los 365 días del año, y en condiciones de desatar un golpe nuclear devastador en el corazón de China.

Desde mi perspectiva, el Índico es la primera barrera relevante hacia el Oeste en las intenciones de constituirse en una potencia global de carácter militar. En esa situación Rusia tiene un valor estratégico para China, pues le permitiría, en teoría al menos, generar una manera de «saltear» el Índico para adquirir en el futuro facilidades para proyectar poder fuera de su región, en el estilo de lo que viene construyendo en Djibouti, en África Oriental.

Pero más allá del deseo de China de ser potencia militar global, aspiración que no niego tengan y a pesar de mí deseos personales es lógico que lo deseen; pienso que más allá del «Salto adelante» que en materia militar vienen desarrollando en todo el espectro de las operaciones militares, lo que de por si es sorprendente, tengo dudas, fuertes dudas, sobre la capacidad del Ejército Popular de Liberación, nombre con que se conoce en China a sus FFAA (en adelante EPL), para asimilar en relativamente tan poco tiempo tantos cambios sin que ese instrumento haya evidenciado, desde que en 1979 invadiera a Vietnam y sufriera una severa derrota; experiencias de combate que permitan medir su nivel de integración de tecnologías, tácticas de combate y por sobre todo sistemas de liderazgos que promuevan la iniciativa y la libertad de acción.

Cuidado, no estamos discutiendo sobre las capacidades de una fuerza militar para operar en contrainsurgencia, ambiente difícil sin dudas, pero donde otros factores como la política tienen mayor peso; sino en el choque de fuerzas militares complejas, de enormes proporciones inmersas en ambientes geográficos con largas líneas de comunicaciones para su sostenimiento. Ese nivel de capacidades operativas, no se construyen solamente con medios. Se generan con la transmisión de diferentes experiencias, exitosas o no, a lo largo del tiempo y diseminadas en distintas generaciones de profesionales militares a través de complejos sistemas para que esas enseñanzas se asimilen de acuerdo a los distintos niveles de conducción militar.

Si el EPL, inmerso el mismo en un ambiente de férreo control político, a pesar de ello promueve la libertad de acción en todos los niveles para la conducción de sus operaciones; estaríamos en presencia de una fuerza militar que dispondría de la cultura organizacional que le permitiría asimilar los cambios que está desarrollando con la incorporación de tecnologías diversas y sofisticadas.

Esta es mi enorme duda respecto a China. Quizás muy influida por mi apego más al fomento del adiestramiento que a los medios, y este en un error. Quizás China ha encontrado la manera que el EPL, inmerso el mismo en un ambiente de férreo control político, esa fuerza a pesar de ello promueva la libertad de acción en todos los niveles para la conducción de sus operaciones. Si ello fuese así, no lo tengo claro; estaríamos en presencia de una fuerza militar que dispondría de la cultura organizacional que le permitiría asimilar los cambios que está desarrollando con la incorporación de tecnologías diversas y sofisticadas. Eso, sin embargo, no hará que el horizonte de un EPL apto para operar globalmente sea alcanzado en solamente 28 años, ya que no está solo en esa competencia.  EEUU está abocado a una profunda reconfiguración de sus fuerzas militares convencionales, luego de décadas donde el foco en la innovación estuvo centrado en las demandas de la lucha contra insurgente en Irak o Afganistán. Y al mismo tiempo, el Reino Unido y Francia están poniendo a su ritmo, atención al área que va de la Cuenca del Índico al Pacífico.

Deseo finalizar este artículo con una reflexión que suele ser olvidada por quienes como yo aspiramos a vivir en un país abierto al comercio global y apegado al libre mercado: No hay naciones relevantes sin FFAA a la par. Un tema que no pocas veces los liberales olvidan, a mi juicio equivocadamente. El mundo no es solamente un lugar donde se hacen negocios. Suele ser uno donde los peligros acechan y se necesita hacerles frente.

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