Cultura

La Diversidad llega a Marvel (y el por qué de su fracaso)

Cuando los personajes funcionaban, las películas funcionaban. No sucede esto con Eternals

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La clave del éxito de Marvel Cinematic Universe (MCU) ha sido el carisma. Iron Man de Robert Downey Jr. lo tenía. El Capitán América de Chris Evans finalmente lo encontró. Thor, de Chris Hemsworth tenía los bíceps y la autoconciencia para simularlo. Black Widow de Scarlett Johansson comenzó con mucho, pero de alguna manera lo perdió. El Loki de Tom Hiddleston tiene tanto que nadie, incluido Hiddleston, sabe qué hacer. Sí, las películas de superhéroes de Marvel ofrecieron espectáculos y apuestas intergalácticas pero, ante todo, se construyeron sobre la base de personajes vivos y profundamente encantadores. Cuando los personajes funcionaban, las películas funcionaban, incluso si todo lo demás era un desastre.

El guión no le da nada que hacer a estos artistas devenidos en burócratas espaciales excepto participar en desabridas bromas, hasta que tarde aparecen los malos e, inevitablemente, tienen que comenzar a disparar rayos láser desde sus palmas

No sucede esto con Eternals, recientemente estrenada en nuestro país. Es mala desde el minuto uno. Comienza con un derrame de texto basura de tradición cósmica sobre Celestials y Deviants y las “seis singularidades” (que nunca se vuelven a mencionar) y un gran dios espacial con apariencia de robot llamado Arishem que…lo que sea, porque nada de esto realmente importa. El material deriva del trabajo del genio olvidado de Jack Kirby, el aporte cósmico del universo del comic de Marvel. En su momento funcionó en papel porque se entregó en el contexto de la obra de arte de Kirby, esa rareza alucinante de los comics de Marvel de alrededor de 1970 reinventada a escala interestelar con los Cuatro Fantásticos, el Increíble Hulk, Spider-Man, Thor y los X-Men. Y aunque Kirby contaba historias, no importaba si tenían sentido o no, porque el Primer Firmamento o los Aspirantes eran tan asombrosamente extraños y grandiosos que eran aceptados por su ridiculez imaginativa. No es el caso de Eternals

Mucho se habla del hecho de que el equipo de diez personajes es Diverso en mayúsculas (Y completamente Insípidos, también en mayúscula). La plana mejor paga está conformada como siguiendo una lista de chequeo de criterios corporativos: hay actores de ascendencia paquistaní, mexicana, surcoreana e india, un personaje sordo interpretado por una actriz sorda. Hay gente de color. Hay gente gay. También hay una escena de sexo casto y un beso gay: ambos momentos siguen empujando los límites de Marvel, lo que resulta deprimente. El elenco habla de esto en entrevistas, y el jefe de Marvel, Kevin Feige, promociona la diversidad como parte de lo que hace que la película sea buena. 

Debieran recordar que hay muchas formas de conectarse con personas además del color de piel y la raza. Que una película sea muy diversa no significa que será buena.

Pero no resulta. El guión no le da nada que hacer a estos artistas devenidos en burócratas espaciales excepto participar en desabridas bromas, hasta que tarde aparecen los malos e, inevitablemente, tienen que comenzar a disparar rayos láser desde sus palmas. Y cuando comienza el espectáculo de luces, nada mejora. Las secuencias largas están embarradas y mal iluminadas; los tipos malos generados por computadora parecen haber sido renderizados en una PlayStation 2. Se presenta como una lección sobre la bondad de la humanidad basada en su capacidad para crear cosas de belleza impresionante. La directora Chloé Zhao ciertamente ha demostrado que es capaz de crear tales imágenes: su película anterior, Nomadland, ganadora de tres premios Oscar este año, capturó la desoladora belleza del oeste americano moderno con grandeza. Pero no hay nada asombroso aquí salvo un débil gesto a su trabajo anterior con un puñado de secuencias deprimentemente feas de una solitaria granja en alguna de las Dakotas. 

Las críticas son coincidentemente malas, pero indefectiblemente encuentran cosas para alabarla, haciendo hincapié en mencionar la diversidad de la película. Debieran recordar que hay muchas formas de conectarse con personas además del color de piel y la raza. Que una película sea muy diversa no significa que será buena. Las películas, a veces, pueden ser simplemente malas. 

Los Superhéroes contra las políticas identitarias

Los cómics de superhéroes siempre han sido políticos hasta cierto punto. Aunque en general son patriotas, han abordado cuestiones sociales espinosas y han promovido un espíritu de empatía y tolerancia. Tratan temas reales pero también permiten a los lectores escapismo y fantasías de poder; operan aprovechando la irrealidad para abordar la realidad. Para los lectores, los superhéroes han sido modelos moderados por la credibilidad, no necesariamente por el realismo, y resultan a menudo aspiracionales o fantasías románticas. 

El deseo de ser políticamente correctos ha resultado en la decisión de manipular algunos de los personajes más queridos de Marvel

Pero el deseo de ser políticamente correctos ha resultado en la decisión de manipular algunos de los personajes más queridos de Marvel. A partir de 2011, sus creadores alteraron a superhéroes probados y verdaderos para representar una América más multicultural. Ese año, el escritor de Marvel Brian Michael Bendis anunció que escribiría un «Spider-Man mitad negro, mitad hispano». En 2012, Marvel publicó la primera boda gay en cómics en Astonishing X-Men, lo que resultó en una gran cobertura mediática pero con ventas que se hundieron, lo que llevó a la cancelación del título. Más recientemente, Thor, el dios nórdico del trueno, se convirtió en un personaje femenino, al igual que Iron Man, que ahora es Iron Heart, una adolescente afroamericana llamada Riri Williams.

Increíblemente, Marvel, el hogar de algunas de las personas más creativas del mundo, está ignorando una idea básica: que los fanáticos aceptan personajes nuevos y diversos, pero que son reacios a ver manipulados a sus viejos favoritos. Una buena analogía sería el sistema educativo. Nadie se opondría a que los militantes de izquierda inicien sus propias escuelas, contraten a sus profesores y establezcan sus políticas. Pero prefieren infiltrarse en las instituciones existentes. El trabajo arduo de partir de cero no es para ellos.

El error del que parten es creer que se trata de llegar y cambiar una cultura por otra. Descreen de las tendencias naturales y apuntan a hacer los cambios a la fuerza. Sucede que las sociedades tienen tendencias que van cambiando a su ritmo, porque las actitudes humanas no son solo culturales. Hay una raíz de tendencia más allá del entorno cultural. Por caso, hoy la mayoría de la gente en Occidente (y muchos que viven en el Medio Oriente) cree que está mal criminalizar el amor entre personas del mismo sexo. Pero ver a dos hombres besarse en la pantalla todavía no es una norma social y, con razón o sin ella, probablemente pasará tiempo antes de que la mayoría de la población no metropolitana deje de alejarse de la televisión cuando esto ocurra.

Por otra parte, hay una gran diferencia entre “vivir y dejar vivir” y apoyar activamente las diferencias culturales y sexuales que para muchos todavía oscilan y es posible que nunca lleguen a ser realmente aceptadas, por muy protectores que seamos de los derechos de todos a existir y a vivir una vida plena y abierta. Nadie fue boicoteado o censurado cuando los indicadores de la sexualidad de los personajes estaban codificados y gran parte de ellos interpretados por actores y actrices cuyas vidas privadas eran exactamente eso, independientemente de su sexualidad. Pero lo que sucede hoy en día es algo distinto. Se trata de imponer un mandato cultural que significa “apuntemos a menos hombres blancos en posiciones de autoridad”, lo que sería una buena idea si la raza y el sexo fueran criterios razonables para juzgar a las personas, y si no estuviera motivado por un amplio conjunto de “creencias progresistas”, que incluyen la idea de que vivimos en un patriarcado opresivo y que se debería exigir a los hombres que den un paso atrás para que se corrija una letanía de injusticias históricas hipotéticas, indefinibles y perjudiciales. 

Contra la impostura de la Diversidad

“Diversidad” es una palabra que, a primera vista, se disfraza de algo positivo, porque es positiva, en algunas de sus manifestaciones. No es útil establecer una organización en la que todos piensen igual o únicamente de la manera aprobada. Pero ¿dónde se encuentra la diversidad? Para los ideólogos que impulsan la doctrina progresista, que incluye la “inclusividad, la equidad y la interseccionalidad”, se encuentra en un conjunto de características inmutables que tipifican a diferentes grupos, incluyendo raza, sexo, género (que ellos mismos distinguen) y la proclividad sexual en particular.

Resultan asombrosos los milagros que la ideología es capaz de obrar. Antaño se consideraba racista evaluar a alguien por el color de su piel, sexista evaluar a alguien por lo que le colgaba entre las piernas, homófobo evaluar a alguien por el sexo de las personas con las que se acostaba. Pero impulsar que haya más negros e hispanos – no asiáticos, claro, porque están más sobrerrepresentados que los bancos – más mujeres y más homosexuales es hoy algo obligado hasta en las películas. Aunque por arte de birlibirloque ideológico nada de esto es racismo o sexismo. Es “inclusión y diversidad”.

¿Dónde se encuentra la diversidad? Para los ideólogos que impulsan la doctrina progresista, que incluye la “inclusividad, la equidad y la interseccionalidad”, se encuentra en un conjunto de características inmutables que tipifican a diferentes grupos, incluyendo raza, sexo, género (que ellos mismos distinguen) y la proclividad sexual en particular.

Malas noticias: existen problemas con esta agenda. Es peligrosa, exactamente de la manera en que hipotéticamente está diseñada para combatir. El argumento de quienes tienen verdaderos prejuicios siempre ha sido que las diferencias entre los grupos son tan grandes que la discriminación, el aislamiento, la segregación y el conflicto – incluida la guerra y el genocidio –  son sus consecuencias inseparables. ¿Por qué sería entonces menos arriesgado que el argumento se haga al revés? La afirmación de que las diferencias basadas en el grupo son tan importantes que deben tener una prioridad sustancial corre el riesgo de validar la afirmación opuesta.

En segundo lugar, considerar la raza, el sexo y el género al tomar decisiones sobre diversidad no es suficiente. La diversidad que se centra en las mujeres es insuficiente, porque las negras, asiáticas o hispanas, por ejemplo, enfrentan prejuicios más atroces que las blancas. Esto conduce a la última palabra del conjunto progresista: “interseccionalidad”. Para los ideólogos de la interseccionalidad, la verdadera diversidad no puede limitarse a la raza y similares porque muchas personas están alienadas o, en la jerga, “marginadas”. En consecuencia, la “intersección” entre los grupos debe ser considerada para que cualquier justicia real haga su aparición como consecuencia de la política. Esto es problemático porque no parece haber límites, prácticos o filosóficos, al número de membresías de grupo que deben tomarse en cuenta para que la verdadera diversidad se establezca. No hace falta pensar mucho, sólo un poco de aritmética para determinar la naturaleza del problema: hay demasiadas categorías interseccionales potenciales.

No hace falta pensar mucho, sólo un poco de aritmética para determinar la naturaleza del problema: hay demasiadas categorías interseccionales potenciales.

Spoiler alert. El hecho de la multiplicación interminable de categorías de victimización o al menos de diferencias fue realmente resuelto hace mucho tiempo por el énfasis que Occidente puso en el individuo. Esencialmente asumimos que cada persona se caracterizaba por tantas diferencias (lo último en “interseccionalidad”), que era preferible concentrarse en la selección meritocrática, donde la única diferencia que se debía considerar era la idoneidad. Eso funciona, no perfectamente, pero de manera menos imperfecta que cualquier otra cosa que haya sido contemplada o, peor aún, implementada. Marvel debería a estas alturas saberlo.

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