Sociedad

La dignidad del hombre, el propósito del ideario liberal

Para que cada uno de nosotros pueda desarrollar sus potencialidades al máximo; desarrollar nuestras aspiraciones culturales, sociales, religiosas, artísticas, morales y económicas mediante la integración voluntaria en transacciones y acuerdos pacíficos.

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El liberalismo es una cosmovisión con sustento esencial en principios morales en el contexto de las relaciones sociales. Las ideas de la libertad exceden por completo un simple sistema político. La definición más ajustada que encontramos del liberalismo, acuñada por mi padre, Alberto Benegas Lynch (h), y popularizada por Javier Milei, apunta que es “el respeto irrestricto al proyecto de vida del prójimo”. Este principio está basado en que cada individuo tiene derecho a la vida, a la libertad y a la propiedad. A su vez, esta definición advierte implícitamente que nadie tiene derecho a la vida, la libertad y la propiedad de otros. La convivencia civilizada implica principalmente respetar proyectos de vida de terceros, en especial aquellos que incluyen valores que no compartimos o que jamás adoptaríamos para nuestras vidas.

Los principios liberales se centran en el individuo; un enfoque que escandaliza a la cultura de lo colectivo. Pero esto último se debe a un pobre entendimiento de la naturaleza de la acción humana. El interés personal es el espíritu que motiva cada acción u omisión del ser humano. Es importante aquí subrayar la diferencia entre el interés personal y el egoísmo: El interés personal implicado en el obrar del egoísta, no encuentra incentivos suficientes para enfocarlos en la ayuda al prójimo y la solidaridad. Por su parte, la filantropía y la generosidad son acciones estimuladas siempre por la búsqueda individual de una mayor satisfacción.

Es importante aquí subrayar la diferencia entre el interés personal y el egoísmo: El interés personal implicado en el obrar del egoísta, no encuentra incentivos suficientes para enfocarlos en la ayuda al prójimo y la solidaridad. Por su parte, la filantropía y la generosidad son acciones estimuladas siempre por la búsqueda individual de una mayor satisfacción

Las masacres del comunismo han dejado -y continúan dejando- suficientes antecedentes de la catástrofe colectivista y, en menor escala, también han dado cuenta de ello otros ensayos como el del Proyecto Agrícola del Templo del Pueblo, una secta socialista con ribetes ridículos que terminaron con la muerte de inocentes y suicidios colectivos. La comunidad, más popularmente llamada Jonestown (por Jim Jones, su trasnochado adalid), atrajo adeptos bajo las consignas del supuesto paraíso de la propiedad común.

A los niños de Jonestown los educaban para decirle a Jones “papá”, sin embargo, los incentivos iniciales de los más entusiasmados se fueron quebrando a medida que proliferaban los free riders del esfuerzo ajeno. No pasó mucho tiempo hasta que la dedicación y el trabajo implicados para obtener rendimientos comunitarios empezaron a ser un sentimiento poco popular. En cuatro años el proyecto agrícola comunista solo obtuvo miseria, suciedad, enfermedades y hambre.

La comunidad de Jonestown empezó a desconfiar de los ideales de su caudillo cuando veían que, a él y a sus comandos cercanos, les reservaban las mejores comidas mientras que el resto debía conformarse con el arroz de mala calidad que producía la comunidad. En algún punto las sospechas de deserción de algunos y los delirios persecutorios de Jones, devino en las torturas y las macabras pruebas de lealtad en las llamadas “noches blancas”. Salvo por la magnitud de los daños, hasta aquí, es imposible no conectar los giros de este experimento socialista con cualquiera de las tiranías latinoamericanas pasadas o presentes.

El último mensaje de Jones dirigido a sus seguidores fue la reivindicación de su ensayo social y movilizarlos para que tomaran cianuro porque “el suicidio es un acto revolucionario”. Como también suele ocurrir en las tiranías, su titular no tenía planes de llevar sus actos revolucionarios a tal extremo. Sin embargo, en circunstancias poco claras que dejó la escena de la inmolación generalizada, Jones fue encontrado con un escopetazo en la cabeza. Hay posibilidades que el disparo lo haya efectuado un adepto que finalmente hizo un balance de toda la situación.

En los comienzos de la historia de Estados Unidos, los colonos que arribaron en el Mayflower para radicarse en América también ensayaron un sistema de propiedad común que resultó en un desastre. Por suerte para ellos, y para la fructífera historia de ese país, cambiaron a tiempo por los incentivos asociados a la propiedad privada.

William Bradford fue parte de los 102 colonos y 30 tripulantes del barco que llegaron para instalarse en la costa este de lo que hoy es Estados Unidos. Bradford fue durante 30 años gobernador de Plymouth -nombre con el que bautizaron los colonos al lugar- y llevó registros (llamados Of Plymouth Plantation) de los sucesos más trascendentes entre los migrantes.

En los comienzos de la historia de Estados Unidos, los colonos que arribaron en el Mayflower para radicarse en América también ensayaron un sistema de propiedad común que resultó en un desastre. Por suerte para ellos, y para la fructífera historia de ese país, cambiaron a tiempo por los incentivos asociados a la propiedad privada.

Michael Franc, en su publicación Pilgrims beat communism with free markets, cita extractos de Bradford donde menciona la ausencia de estímulos para producir que tenían los colonos y la “injusticia” que aducían algunos respecto de la retribución que obtenían quienes “no hacían ni la cuarta parte de lo que otros hacían”. Describe Bradford “confusión y descontento” para referirse al ánimo que reinaba cuando de producción se trataba.

En su documento, Bradford destacaba que la idea de asignar derechos de propiedad y promover el rédito al esfuerzo individual “fue un gran éxito” ya que “hizo que todas las manos fueran laboriosas” y “se plantó más maíz que lo que se hubiera logrado haciéndolo de otra manera”. Frank Chodorov, con gran claridad, ha puesto de relieve que “es en el mercado libre donde el interés personal encuentra su mejor expresión; un aspecto cardinal del individualismo. Si el mercado es regularmente saqueado, por ladrones o por el gobierno, y la seguridad jurídica de la propiedad no está garantizada, el individuo pierde interés en la producción…” y concluye que “…es por el bien de la sociedad que, en la esfera económica, el interés personal debe operar sin ningún impedimento.”

El sistema liberal no nos santifica ni debe hacerlo, simplemente propone el respeto recíproco para que cada uno de nosotros pueda desarrollar sus potencialidades al máximo; desarrollar nuestras aspiraciones culturales, sociales, religiosas, artísticas, morales y económicas mediante la integración voluntaria en transacciones y acuerdos pacíficos. Pero la puja entre la tiranía y la libertad está en permanente tensión y requiere del involucramiento de todas las personas de bien que aspiren a los beneficios que aportan los valores de la libertad.

La tarea es mucha y constante, pero por todo esto es que vale la pena pelear por las ideas de la libertad.

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